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En
toda población existe una línea de identidad que no cambia
con los años y que por lo general las distintas
generaciones se van nutriendo de la esencia que brindan
diariamente algunos personajes que por varias razones
representan una referencia ciudadana.
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Tal lo sucedido con Ramón Silva, cuya reciente
desaparición física ha permitido aquilatar un hondo
sentimiento de pesar y dolor entre los habitantes de
ambas poblaciones fronterizas. Cuando la vida es
tocada por la varita misteriosa de la muerte, sentimos
la necesidad de manifestar nuestra rebeldía ante la
impotencia de tener que refugiarnos en la resignación.
Quienes acompañaron su enfermedad fueron testigos del
deterioro físico que anunciaba el final, pero nunca
las angustias del alma que debe haber ocultado en
muchas oportunidades. |
Se
trataba de un raro ejemplo para hacer amistades y
mantenerlas durante toda la vida. Por ese motivo se notaba
entre quienes acompañaron el cortejo hasta la ciudad de
Castillos un cierto orgullo de haber sido sus amigos. La
demostración de pesar por esta perdida irreparable se pudo
apreciar también durante su velatorio con la presencia del
pueblo que asumió la representación de todas las
instituciones sociales, culturales y deportivas del norte
rochense. Podemos destacar en Ramón su dedicación al
trabajo, su puntualidad, su disciplina, su organización,
su afán de servicio y sobre todo su hombría de bien.
Llegó a Chuy cuando la frontera estaba todavía en pañales.
Luchó desde el primer momento por las causas nobles que
reclamaba la población contra las adversidades propias de
aquellos años del despegue. El impacto emocional de su
partida y el extraño silencio del último viaje hasta la
ciudad de Castillos, nos permitieron repasar el balance de
su vida y estamos seguros que ha salido de ella
fortalecido por una trayectoria terrenal que puede
catalogarse de ejemplar.
Chuy,
agosto de 2005. |