|
Las
organizaciones no gubernamentales de esta frontera
procuran determinar la situación real de la floresta
nativa del norte rochense, para establecer mediante
estudios concretos cual es el verdadero proceso del
desmantelamiento actual.
 |
|
La idea primaria de estos ambientalistas está
relacionada con la implantación de una política de
protección que abarque en términos generales a toda la
floresta rochense.
Sin embargo para explicar el fenómeno rochense, es
necesario analizar varios temas que han tenido notoria
influencia en el desarrollo forestal del departamento
y donde no todas las zonas presentan áreas importantes
de montes nativos. |
En
primer término debemos señalar que hace algunos años
existían zonas de sierras sobre la ruta 109 donde los
productores eran familias afincadas durante toda la vida
en ese lugar y disponían de pequeñas superficies de campo,
encontrándose en situación de pobreza, desarrollando
algunas plantaciones a nivel familiar para el consumo y
criando algunos ovinos. En esa oportunidad comenzaron a
llegar algunos inversores ofreciendo hasta 200 dólares más
por hectárea sobre los precios normales del mercado
rochense. Por supuesto que la gran mayoría vendió sus
pequeñas parcelas y los que no lo hicieron en esa
oportunidad, los vendieron posteriormente obligados por
las circunstancias al encontrarse cercados por las
plantaciones de eucaliptos que comenzaban a surgir en los
campos linderos. Sin embargo para las zonas de las rutas
15, 19 y 9 la situación era totalmente diferente y si bien
existían tierras improductivas según los testimonios de
los vecinos, eran tierras aptas para la cría y otras
plantaciones como la papa, el arroz y praderas para el
engorde de ganado.
De
esta manera nos encontramos con las zonas de Cebollatí,
Estero de Pelotas, Laguna Merím, San Luis, Barrancas, San
Miguel y el arroyo Chuy como las mayores áreas de montes
nativos, que con el paso de los años vienen sufriendo un
acentuado exterminio. Cada vez que se reúnen las
autoridades del MERCOSUR con sus respectivos presidentes
surgen históricas declaraciones pretendiendo señalar
rumbos a nuestra empobrecida América Latina y
fundamentalmente a los temas relacionados con el medio
ambiente. Desde la Cumbre de Río (1992) podemos decir que
el texto de las declaraciones finales tienen poca
variación: “La crisis ambiental amenaza la sobre vivencia
en la tierra. Vivimos en un ecosistema cuyo equilibrio es
esencial para toda la humanidad.
La
protección del medio ambiente y la conservación racional
de los recursos naturales exigen el firme compromiso de
todos los Estados del Mundo para la realización de un
esfuerzo coordinado que asegure a las generaciones
futuras, las condiciones que hagan posible la vida en
nuestro planeta. Asumimos integralmente esa
responsabilidad común. Estos proyectos deben estar en el
centro de las decisiones destinadas a revertir el proceso
de degradación del medio ambiente. Estas acciones deben
enfrentar no solamente los síntomas, sino las causas de
los problemas.
Es
imprescindible buscar formulas solidarias que impidan la
reiteración de conductas que atenten contra el medio
ambiente y la conservación de los recursos naturales.
Podríamos seguir con el discurso y estamos seguros de
diferir muy poco con las históricas declaraciones emitidas
al final de las Convenciones Internacionales sobre Medio
Ambiente. Nada adelantaríamos con ello, salvo poner en
duda la voluntad política de algunos gobiernos, cuando se
trata de atender las reivindicaciones regionales en
defensa del medio ambiente. Se deben tener en cuenta los
beneficios ambientales que proporcionan los montes
nativos, donde se destacan la conservación de la
diversidad biológica, hábitat de fauna nativa, erosión,
abrigo y refugio para los animales. En el norte rochense
los montes están siendo utilizados con fines económicos
mediante la venta de leña sin que se puedan evaluar
realmente los daños causados.
Chuy,
agosto de 2005. |