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La
historia fronteriza está llena de acontecimientos que
comprometieron de alguna manera la paz y la seguridad
de los pocos habitantes que poblaban la zona rural
comprendida entre los Campos Neutrales y esta línea
divisoria. Los estancieros y vecinos de pequeños
núcleos poblados estaban permanentemente bajo la
amenaza de matreros y desertores de ambos países.
Sin
embargo cuándo terminaron las revoluciones del 1893 y
1904 parecía que la tranquilidad volvía por sus
carriles quedando como resabio de aquellas contiendas
algunos gauchos que con mucho arrojo y valentía
pretendían prolongar la tradición. En la actualidad a
60 kilómetros de la ciudad de Melo en un paraje
conocido como Rincón de la Aduana se encuentran las
paredes de un rancho de barro y paja brava que
perteneciera al último matrero que asoló la frontera,
hasta que en una resistencia inútil fue muerto por la
policía el 6 de marzo de 1917. Se había escapado de la
cárcel de Minas en 1913 y el Ministerio del Interior
distribuyó en las comisarías de todo el país el
siguiente comunicado con la filiación del matrero: “
Martín Aquino, uruguayo, 25 años más o menos, soltero,
profesión se ignora, estatura regular, complexión
débil, color morocho, cara chica, cabellos castaños,
orejas salientes, frente ancha, cejas al pelo, ojos
negros vivos, nariz aguileña, bigote lampiño afeitado,
boca regular y barba afeitada. Señas particulares;
dientes de mandíbula superior separados o le falta un
diente.”
Antes de
que la policía lo localizara en Cerro Largo el famoso
matrero anduvo por estos pagos como lo asevera el
historiador brasileño Anselmo Amaral en reciente
publicación, donde señala que el “gaucho malo”,
solitario y sin fronteras, aparecía de sorpresa en los
establecimientos riograndenses. “Solamente tenían como
amigo el caballo que montaban. El cuchillo siempre
bien afilado no se le caía de la cintura,
garantiéndole la subsistencia como seguridad de vida.
La admiración que causaba entre la gente de campo
esos valientes de los caminos hacía meter miedo y
envidia a cualquier político. Sus hazañas eran
comentadas permanentemente en los galpones y ranchos
de la campaña.” Se hablaba mucho en aquellas ruedas
camperas -dijo Amaral- de un tal Aquino de
nacionalidad uruguaya, matrereando de un lado para el
otro de la frontera del Chuí y también en San Miguel.
Homicida en el Uruguay en algunas oportunidades, se
empleaba como peón rural en las estancias de Santa
Vitoria. Su ímpetu sanguinario lo traicionó finalmente
al matar un estanciero vitoriense que lo protegía y
que era además muy estimado y perteneciente a una
familia tradicional de la zona. “Una amiga nuestra
casada con el estanciero Rosalino Silveira
propietarios de un campo en “Marmeleiro”, nos contaba
ciertos episodios fronterizos. Se llamaba Corina y
conoció personalmente a Martín Aquino describiéndolo
como una persona tranquila, buen conversador aunque
tenía en sus ojos mucha agresividad.
Por
aquellos años se popularizaron muchas décimas sobre
Aquino en el departamento de Rocha, las que eran
cantadas por gauchos aficionados. En la nota aludida
Anselmo Amaral culmina transcribiendo una de las
décimas que le fueran entregadas por doña Corina sobre
la vida del matrero uruguayo, muerto por la policía de
Cerro Largo el 6 de marzo de 1917. |