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Uno
de los temas fundamentales que se debaten en esta frontera
desde el momento que entró en vigencia el MERCOSUR está
relacionado con la integración económica, pensando en los
200 millones de habitantes que integran el área de
influencia.
Sin
embargo es muy poco lo que se ha hecho para beneficiar a
los 10.000 habitantes de esta frontera, dirigiendo
proyectos concretos hacia el campo social y cultural, que
son en realidad los que han sufrido una permanente
postergación en las últimas décadas. Deberíamos dejar de
lado por algunos años, las metas grandiosas y procurar la
integración “vecinal” con proyectos pequeños y accesibles
que puedan beneficiar a toda la población. Considerando
que esta frontera no tiene en la practica acuerdos
bilaterales que faciliten la realización de obras
comunes, será necesario ir creando una nueva mentalidad
que deje de lado la retórica de los grandes proyectos que
nunca se concretan.
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Hace muchos años (20) que surgieron en esta ciudad
diversas comisiones que fundamentaban sus buenas
intenciones en la necesidad de implantar políticas de
integración mediante proyectos que en la teoría
otorgaban importantes beneficios para la población. De
esta manera nacieron y desaparecieron sin dejar
huellas la Comisión Binacional de Integración
Fronteriza, la Cámara de Comercio, el Centro Comercial
e Industrial y otros organismos que lejos de facilitar
la integración fueron complicando el intercambio y
aumentando la burocracia. |
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Comisión Binacional de Integración año
1989 |
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Estas
instituciones nacieron con la sana intención de alcanzar
objetivos muy altos que terminaron finalmente en el
fracaso sin haber generado los beneficios deseados.
Cuándo se puso en practica el Mercado Común del Sur las
fuerzas vivas de esta frontera promovieron diversas
reuniones con la presencia de técnicos y autoridades
nacionales, para conocer detalles sobre el verdadero
alcance de esta integración. El presidente de la Comisión
Binacional Ángel María Arrieche señalaba en aquella
oportunidad que “al margen de acelerar los acuerdos
comerciales se debería analizar la posibilidad de instalar
pequeñas industrias con estímulos oficiales que al margen
de representar un incentivo económico signifique un nuevo
mercado laboral en un área típicamente comercial.”
Sin
embargo las pequeñas industrias nunca se instalaron y la
verdadera integración sigue siendo un ideal no alcanzado
por los habitantes de esta frontera. Por supuesto que se
trataba de una gran oportunidad para ingresar al mercado
de los 200 millones de consumidores, incentivando nuestra
producción y haciéndonos más eficientes como País y
terminar con el largo período de estancamiento, pero era
necesario implementar proyectos “vecinales” con Santa
Vitoria, Pelotas y Río Grande, que beneficiara
directamente a la frontera. Poco se hizo y en la
actualidad somos meros espectadores del intercambio
comercial que cruza diariamente por nuestras aduanas sin
dejar los beneficios anunciados en aquella oportunidad y
dependiendo de la interpretación que se le pueda dar a
leyes y decretos del MERCOSUR Vivimos con el temor
generalizado de que todos los días puedan surgir medidas
unilaterales que puedan perjudicar también el intercambio
comercial de algunos productos que como el arroz, trigo,
soja o lácteos se vean perjudicados como consecuencia del
proteccionismo y los subsidios que en forma reiterada
vienen creando conflictos y dificultades entre ambos
países.
Es
evidente además que en estos acuerdos de integración ha
faltado “sinceridad” para encarar algunos temas,
generando posteriormente problemas regionales donde cada
uno por su lado intentó sacar ventajas, sin tener en
cuenta el verdadero espíritu de integración. En la
actualidad están faltando proyectos de fácil realización
que contemplen finalmente los pequeños emprendimientos
zonales o regionales, dejando de lado los mega-proyectos
que por su magnitud conducen al fracaso.
Chuy,
setiembre de 2005. |