Chuy, ayer y hoy...

 
Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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"El Indio tenía razón"

"El hombre blanco deberá tratar los animales de esta tierra como hermanos"  Jefe Indio

Decía Galeano, en reciente reportaje a la prensa extranjera que “el juicio final no será el que la Biblia describe. Será un Juicio final en que seremos acusados por los bichos y las plantas,  con sus patas y sus ramas para preguntarnos con qué derecho los hemos maltratado y con qué derecho hemos convertido este mundo en un basurero”.

Nadie puede negar que en los últimos años se hayan elaborado y ratificado cientos de tratados internacionales denunciando la contaminación del medio ambiente como la mayor amenaza para el planeta. Hasta hace pocos años el mar representaba el principal basurero de la humanidad, con la comprobación lamentable de que se estaba exterminando la fauna en los litorales industrializados de varios países. En la actualidad esta comprobación ha llegado a los ríos, arroyos y lagunas, sin que surjan las medidas que podrían evitar esta contaminación preservando los recursos naturales y la sobre vivencia de las especies amenazadas. Existe un documento muy revelador de esta situación que lamentablemente no ha tenido la difusión que se merece, pero que representa una de las declaraciones más hermosas que se hayan hecho a favor de la naturaleza. Hace aproximadamente 150 años que el Jefe Indio SEATTLE que comandaba los territorios del noroeste americano y que ahora forman el Estado de Washington , se dirigía al presidente Franklin Pierse que había pretendido comprarle las tierras de su tribu en los siguientes términos:

El Gran Jefe de Washington  manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esa gentileza, que poca falta le hace, en cambio nuestra amistad. ¿Cómo podréis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra. Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire, ni del centelleo del agua. Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles, lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco  se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar entre las estrellas.

Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre piel roja. Las flores, el venado, el caballo y el águila majestuosa, son nuestros hermanos, todos pertenecen a la misma familia. Por eso cuándo el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Ello no será fácil, porque estas tierras son sagradas para nosotros. Los ríos son nuestros hermanos, llevan nuestras canoas  y alimentan a nuestros hijos. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita.

La tierra no es su hermana sino su enemiga. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo, como si fueran cosas que se pueden comprar, saquear y vender como corderos. No los comprendo. Nuestra manera de ser es distinta. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual, porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Incúlqueles a sus hijos que esta tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes, a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos, que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra.

Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco cuyo Dios pasea y habla con él como si fuera su amigo queda exento  del destino común. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día; nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que él les pertenece así como desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. También el hombre blanco se extinguirá contaminando sus ríos y una noche  perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán a su destrucción cargados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella. Este destino es un misterio para nosotros, que no entendemos porque se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques. 

¿Donde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció.

Termina la vida y empieza la supervivencia.

De poco sirvió este documento. Los pieles rojas continuaron siendo una bestia sanguinaria y cruel a la que debían combatir y matar. El único indio bueno era el indio muerto. Por lo tanto el título de este valioso documento enviado al presidente norteamericano en 1854, nos hace pensar que el Indio Tenía Razón….

…los ríos del indio

 …los ríos del hombre

 

Chuy, setiembre de 2005

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