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Los
recientes procedimientos realizados por efectivos de la
Prefectura de La Paloma en aguas del atlántico uruguayo,
siguen evidenciando un tema ya cíclico para nuestro país.
Hace muchos años que flotas extranjeras vienen pescando en
aguas jurisdiccionales uruguayas sin que los medios que
disponen las autoridades uruguayas permitan ejercer un
efectivo control.
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De todas maneras y dentro de sus posibilidades,
esporádicamente se logra detener alguna embarcación
y cumplir con los procedimientos correspondientes.
En forma reiterada nos hemos ocupado de la presencia
de embarcaciones brasileñas en la costa atlántica de
nuestro departamento y sabemos de la preocupación de
las autoridades y de los habitantes de los balnearios
La Barra, La Coronilla, Punta del Diablo y La Paloma. |
Sin
conocer la magnitud del daño causado por las flotas
pesqueras del país hermano, es evidente que no se cumplen
los tratados Internacionales, sobre el uso del atlántico,
ni se respetan los acuerdos que fijaron los límites entre
ambos países.
Desde los años escolares aprendimos de memoria que los
limites que nos separan del país vecino, culminan con “la
Laguna Merín, arroyo San Miguel, una línea divisoria y el
arroyo Chuy hasta su desembocadura en el atlántico.” La
pesca brasileña que se ha realizado históricamente en la
Laguna Merin, y los arroyos San Miguel, San Luís y Chuy no
merece mayor atención y puede catalogarse como artesanal.
Sin embargo la que afecta realmente los intereses de
nuestro país es la que realizan las flotas norteñas en la
plataforma del atlántico uruguayo.
Tenemos una extensa frontera de mil kilómetros de los
cuales solamente 288 representan límites terrestres
impidiendo que nuestro país sea realmente una isla, lo que
facilita la pesca y el contrabando desde y hacia los
países limítrofes. Pese al esfuerzo que realizan las
autoridades uruguayas resulta imposible controlar con
éxito nuestras costas, sabiendo que a pocos kilómetros nos
están llevando una riqueza pesquera de incalculable valor.
Hace muchos años que nuestra soberanía es agredida por
estas embarcaciones que en muchas oportunidades
pertenecen a flotas de lejanos países.
Es
justo señalar además que al margen de la riqueza pesquera
se deben tener en cuenta los recursos inexplorados de
nuestra plataforma marítima. Hace algunos años el escritor
Julio Rossiello señalaba a la prensa que “bajo las aguas
del océano cercanas a las costas de Rocha se encuentran
millones de ejemplares de las más variadas especies.
Cuando una parte razonable de esos peces se conviertan
en pescados y cuando esos pescados se procesen
industrialmente y se exporten a un mundo cada vez más
necesitado de vitaminas, solo entonces podremos decir que
el Uruguay posee la primera riqueza pesquera del universo
y sus aledaños. Por ahora la dilatada pradera azul no es
más que un espacio donde nacen, retozan, se reproducen y
mueren variadas criaturas escamadas. Solo de vez en cuando
son molestadas por la presencia furtiva y codiciosa de
barcos que no suelen enarbolar la bandera uruguaya.”
Cuanta razón en el juicio del escritor Rosiello si tenemos
en cuenta el recorrido que realizan las embarcaciones
extranjeras entre las que podemos destacar las flotas
rusas que viajaban más de 20.000 kilómetros para
apostarse en las proximidades del atlántico uruguayo,
violando en muchas oportunidades nuestra soberanía.
También debemos señalar que cientos de barcos argentinos,
brasileños, alemanes, chinos, japoneses y coreanos han
reiterado su presencia frente a las costas rochenses.
Estudios realizados en las ultimas décadas del siglo
pasado señalaban que el área de captura más importante se
encuentra entre los 33 y 36 grados de latitud sur y 54, 56
de longitud Oeste. Para mencionar solamente algunas
especies citamos langostinos, atunes y anchoita lo que
significa una riqueza estimada en varios millones de
toneladas. Por lo expuesto es evidente que el mar puede
brindarnos un estimable recurso que puede transformar
nuestra economía.
Chuy,
noviembre de 2005. |