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Con motivo de haberse conmemorado un nuevo aniversario de la
muerte del poeta Rondan Martínez, hemos creído oportuno
transcribir la opinión de alumnos, profesores y periodistas que
al margen del trato diario, compartieron su poesía y las clases
de creación poética del liceo Piloto de esta ciudad en la década
del 60. Alcides Romero (alumno): “ cuando terminaban las clases
del Taller nos íbamos con él sin rumbo fijo, acompañándolo y
conversando de poesía. Que hermosos que fueron los años de la
década del 60, con el liceo generando cultura, con profesores
que al margen de su asignatura tenían tiempo para hacernos
“consumir” fuera de horario esa otra cultura que el tiempo nos
negaba en el aula.” Por su parte Julio “Pico” Decuadra
(cantautor) destacaba su primer contacto con el poeta de esta
manera: “Sin lentes y de lejos no pude precisar la figura de un
hombre que en esos momentos se bajaba de un pequeños Morris. Nos
separaban muchos encuentros. Por eso la sorpresa y la distancia
llegaron juntas en pareja.
Lo conocí como docente en el liceo regional de Chuy en la
década del 60 donde se desempeñaba como profesor de letras en un
taller que compartía con otros excelentes profesores como Jesús
Perdomo y Jorge Calvette. Allí se dieron cita la literatura, la
música y la poesía por su orden. Pero ese día no podía imaginar
que tan distinguida personalidad se pudiera arrimar hasta mi
casa. San Miguel me brinda estas cosas y me las trae en las
maletas viajeras de la vida, a pesar de ser una Villa
inexistente para el pequeño diccionario ilustrado. Sesentón,
estatura mediana, rostro aindiado y moreno, conservando aún su
abundante cabellera oscura y ondulada. Dijo haber venido a
traerme unos elogios y a interesarse por mi obra. Conversamos
largo rato y acordamos mantener un contacto más fluido.
Recorrió la casa, nos dimos un abrazo y se marchó. En la quietud
de mis libros y cuadros quedaron suspendidas sus palabras.
Estuve cara a cara con un escritor y poeta de excelencia y por
ese motivo el gran maestro Zitarrosa se digno incluirlo en su
riguroso repertorio. Estuve frente a frente con el autor de un
clásico del cancionero uruguayo contemporáneo como lo es el
TAIPERO……”
“ Plazas del recuerdo
son las noches del Taipero
peón del arrozal
doblado en surcos y luceros,
cuñas de esperanzas
clavada en Cebollatí ...
Dura es la canción en la cosecha de febrero
Cuando el horizonte,
Se hace amargo canto obrero
silva el agitar del arrozal tan infeliz…
vida triste es esta, la del arrozal
unos pocos pesos para malgastar...”
DESDE EL HOSPITAL VILARDEBÓ:
VOCES DE LA CAMA 9…
Hace algún tiempo recibimos la visita del periodista olimareño
Sergio Sánchez y le regalamos el libro Hospital Vilardebó 7 Bis,
donde se habían reunido los poemas escritos por Rondan Martínez,
durante su internación en este centro asistencial. Cuando se
produjo su partida nos dejó un extenso manuscrito señalando en
parte medular: ¿ que pasa cuando un poeta es internado en el
Hospital Vilardebó? Pocas cosas tan tristes como la soledad en
medio de la sala de un hospital psiquiátrico. El que la vive,
rara vez tiene elementos para contarla. Hay que verlos para
conocer el cielo de tanta angustia:
“afuera crece el día y el follaje del árbol
me quita el cielo, hay olor a remedios
soledad de zapatos alcohólicos
ruidos de jeringas hipodérmicas…”
“Cama numero 10
Vilardebó, tristeza
La tibia beatitud de las frazadas
Abriga mi esqueleto.”
Nadie vino a verlo…
Quiso morirse un poco
Y luego de mirar el cielorraso
Intentó descifrar en las paredes
El porque de la ausencia.”
Leo el libro que el profundo y conmovedor poeta rochense
escribió mientras estaba en el Vilardebó y una a una sus gotas
de soledad me mojan hasta empaparme. Se trata de la soledad en
su dimensión mayor, no porque sea la de un poeta sino porque
puede reflejar tantas angustias y a la vez comunicarlas desde
las tripas. Como cuando encuentra un epiléptico:
“Salí una tarde y me encontré de pronto
con un temblor maduro en carne joven…
Epilepsia del grito
Tendido sobre el estiércol de palomas….
Crucificado el hombre en las baldosas,
Inerte, sin destino,
Parecía un insecto traspasado
Por espinas agónicas.
La tarde estaba alta todavía
Pero se derrumbó junto a mi angustia.”
Frente a tu mar océano del Chuy, hermano poeta, al amanecer de
un verano, camino contigo por los pisos sucios de la sala de
hombres del Vilardebó; recibo tus penas y tus lágrimas
expresadas en poesía. Me veo contigo, sentado al costado de tu
cama. Yo no se mucho de la vida, casi nada. No sé porque tantas
veces las musas del poeta precisan del alcohol para animarlas y
porque vienen en bohemias, vidas que se consumen solitarias.
Conozco tantos poetas que han recorrido el duro sendero del
alcohol que destruye lo fraterno. Tal vez la amistad entre el
creador y el vino sea una cuestión personal, como tantas. Que el
follaje del árbol no te quite el cielo. Bienvenidas tus
palabras, las de toda la vida, las de tus versos y canciones y
ojalá venga pronto el día que todo el país se permita cantarlas
y amarlas.
Y también las de este libro, lleno de olor a hospital y pobreza,
con ruido de personas amargas y donde llegan a expresar tanta
angustia que piensan que hasta el suicidio puede llegar. Estas
poesías de lluvia gris y soledad son despertadores del alma.
Para el que toma y le hace mal, porque le muestra un mundo
embromado al que puede llegar, y al que no tiene el problema,
porque le enseña un mundo casi desconocido de verdad, pero
sobre todo, que buenas tus palabras para el que trabaja en el
hospital y para el que está internado. A los dos les parece que
el país no se entera de que los hospitales psiquiátricos
existen. Si te fijaras hay también en las paredes del edificio
señales claras de lagrimas y soledad. Gracias por retratarlas y
tener presente a enfermos y personal de salud que entre estos
altos muros que la sociedad levanta tratan de mejorar o esperan
como tu anciano del poema que su tiempo de apague para siempre
en calma, sin molestar, como si sobraran.
Lamento que poca gente haya leído tus poesías hasta hoy. Tu voz
no se apagará.” Muy poco deberíamos agregar a la evocación del
periodista Sergio Sánchez en este nuevo aniversario de la muerte
del poeta. Sin embargo su ARTIGAS COMPAÑERO, poema de 25 páginas
escrito en el año 1964 nos ofrece al hombre en toda su
dimensión; con sus grandes virtudes pero también con sus
defectos lógicos, cuando “era solamente “un hombre perdido
entre otros hombres”, cuando era solamente José Gervasio.
“Voy a ubicar tu nombre, cuando entonces
todavía no andaban por la Patria
tus frases como soles, tus palabras mayúsculas,
cuando eras José Gervasio Artigas.
Eras entonces nada más que un hombre
Perdido entre otros hombres.
Esas cosas pequeñas, cotidianas
Son las que quiero para ver tu estampa
Como cuña de sol en nuestra Patria.
Por ejemplo te veo cabalgando
En tu caballo zaino legua y legua,
Hasta encontrar cansancio y pulpería,
Hasta encontrar guitarra, naipe y trago,
China, requiebro y una copa arisca,
Ese molde tan macho es el que quiero
Para este criollo que me dio el lucero.”
Hay también un parte que describe cuando ante Artigas
blandengue todavía se rindió un famoso matrero sin abrir fuego,
retratando con maestría sus andanzas por esta frontera:
“Ayudante Mayor de los blandengues
con 100 hombres marchaste a la frontera,
el Chuy te vió alerta y vigilante
acechando los grillos y el lucero.
El infinito mar tuvo una copla
Que te habló de naufragios y veleros
Una gaviota se perdió a lo lejos
Y alguna pena se te fue con ella.
“Con la noche prendida a tus espaldas
Santa Teresa saludó el regreso
Desensillaste el cuerpo y el caballo
Y resumiste en el papel del parte
Tus peripecias de hombre en la frontera...”
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El poeta José María Rondan Martínez. |
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