Chuy, ayer y hoy...

 
Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

Volver a seleccionar otra nota Volver a Chuynet

"Campeonato Sudamericano Clase Optimist"

Un niño de 8 años y una historia de amor

En esta pequeña historia protagonizada por un “hombre de mar” de tan solo 8 años de edad, encontramos una enseñanza maravillosa del comportamiento humano en situaciones extremas.

En primer término debemos señalar que los “optimist” son pequeños barquitos que miden aproximadamente 1 metro con 50 centímetros, para un solo tripulante, cuadrados, de fondo plano y a modo de quilla llevan lo que se denomina la “orza” que es una pequeña tabla que se pone y se saca por una abertura especial en el piso del bote, lleva una pequeña vela y un timón con el que se gobierna la embarcación. En su interior lleva dos pequeñas cámaras de aire para evitar que se hunda en caso de llenarse de agua, cosa que es muy común ya que son muy “llanitos” y dan la sensación de ser una cáscara de nuez flotando en el agua. Estos pequeños botes son el primer paso en la carrera de quienes pretender aprender a navegar a vela y están previstos para niños de entre 8 y 10 años de edad.

El 17 de diciembre de 1997 en oportunidad de disputarse el Sudamericano de Optimist en aguas del Río de la Plata, frente al puerto del Buceo y a menos de una milla de la costa, sucedió esta historia que nos cuenta Luis Tappa, tripulante de una de las embarcaciones de rescate perteneciente a ADES, afectada a la custodia de la Regata. “Siendo las 11 y 30 del día de la fecha se procede, durante operación de custodia de regata, a rescatar de las aguas a dos tripulantes de embarcación “optimist”, uno es devuelto a su barco para que continúe navegando por sus propios medios mientras que al tripulante del “Optimist” Nº 26, un niño de 8 años de edad, de origen paraguayo se lo trae a puerto y se remolca la embarcación semisumergida, arribando sin novedad a las 12 y 30.”  

LA HISTORIA REAL

“Ya estaba terminando la regata y alguno de los barquitos se dirigía a tierra, nos veníamos manteniendo a cierta distancia detrás de todos para evitar que alguno se quedara rezagado y poder controlar la entrada al puerto. En determinado momento los tripulantes de otra lancha más lenta que la nuestra nos avisaron que había tumbado un "Optimist". Lo divisamos a un cuarto de milla aproximadamente y salimos en su dirección a toda máquina. La ADES 11 es una embarcación chica pero muy rápida y especial para este tipo de operaciones. 

LA SITUACIÓN

Cuando arribamos al lugar la sorpresa no pudo ser mayor, y por varios motivos. La situación era bastante comprometida ya que el barquito, que por lo general, aunque tumbe se mantiene flotando, se hundía. Pero había algo más, eran dos niños en el agua. Nos encontramos con un “Optimist” que se hundía y otro al garete. Con Varela, todavía no entendíamos bien lo que había pasado. Pero no tardamos en darnos cuenta. El chico que había naufragado se encontraba llorando aferrado al bote que inevitablemente se hundía, junto a él estaba el otro chico, el del barquito que vimos al garete. ¿Qué había sucedido? Este último, que en esos momentos pasaba cerca, al ver a su compañerito en apuros, no lo dudó un solo instante, abandonó la seguridad de su propio barco y sin dudarlo se arrojo al agua para acudir en ayuda de quien estaba en problemas. El resultado fue, que en vez de uno, teníamos dos náufragos. Se pueden imaginar la emoción que sentimos ante tamaña acción entre niños de apenas 8 años. Rescatamos a los chicos del agua y los subimos a nuestra lancha, a uno de ellos lo llevamos y devolvimos a su embarcación para que pudiera continuar navegando por sus propios medios. Ya  con  el chico que había naufragado, a bordo, logramos tomar el barquito y darlo vuelta, intentamos achicar,  pero era prácticamente imposible  porque que se llenaba de agua nuevamente, tenía los flotadores “pinchados”  y era imposible adrizarlo, se tumbaba de nuevo y se hundía. Decidimos remolcarlo como estaba, en el camino se nos tumbó y hundió varias veces. Pero en fin, luego de bastante trabajo logramos llegar al puerto con el chico y el pequeño barco a salvo, lo demás es historia. 

LO QUE ME DEJO 

El hecho en sí, a pesar, aparentemente, de no ser gran cosa, ya que todos nosotros estamos acostumbrados a vivir situaciones extremas en la mar, marcó en mi un profundo sentimiento de emoción y convicción en lo nuestro, también una sensación de alegría y de agradecimiento a todos aquellos que estuvieron, están y estarán en ADES, a los que aportamos y los que aportarán su pequeño granito de arena. Y principalmente a esta Gloriosa Institución por haberme dado la oportunidad de servir, de vivir un sin fin de emociones, de riesgos, camaradería y compañerismo junto a quienes desinteresadamente han salido infinidad de veces a jugarse en la mar para ayudar a salvar una vida.  

EL PEQUEÑO HÉROE 

Estuve en muchas emergencias, algunas muy difíciles, pero este pequeño y casi insignificante salvamento, me marco a fuego, por el arrojo, la valentía y el amor por el prójimo demostrado por un pequeño niño de apenas 8 años de edad, pero con verdadera pasta de “hombre de mar”. Este simple hecho quedó guardado en mi memoria para siempre... COMO UNA DE LAS COSAS MAS LINDAS QUE HE VISTO DESDE QUE ESTOY EN ADES. Con el cariño de siempre para ADES y mis viejos compañeros Luis D. Tappa Muñiz Tripulante Nº 75.” 

 
Luis Tappa Tripulante Nº 75 de ADES y protagonista  de esta historia.

Chuy, noviembre 28 de 2004.

IMPRIMIR

Clic

contacto

Contacto

                                Chuynet.com ©  2004   info@chuynet.com