|
El 19 de junio de 1964 al conmemorarse los 200 años del
nacimiento de Artigas, la población fronteriza revivió
como una grandiosa representación teatral el Éxodo de
1811.
 |
|
Los personajes de esa gran movilización popular fueron
los propios vecinos que aglutinados en una asamblea
representativa de todas las entidades chuienses
buscaron en esta forma de celebración, sacar al pueblo
de su pasiva actitud de espectador que aplaudía
siempre sin participar, para convertirlo en actor
principal de esas conmemoraciones. Pese a los 40 años
transcurridos desde aquella patriada el profesor Jesús
Perdomo rememora todos los detalles: “Corrían los
primeros meses del año 1964 y un buen día nos
encontrábamos reunidos en la casa del maestro “Pancho”
Leiza, con la presencia de Melita y Orlando Toche
disfrutando de un exquisito churrasco a la “llama”,
cuando en determinado momento alguien hizo notar que
se aproximaba el 19 de junio, fecha del bicentenario
del nacimiento de Artigas.
Se manejó de inmediato la posibilidad de eliminar los
extensos discursos y hacer algo distinto, diferente,
alguna cosa “loca” hasta que alguien propuso
escenificar algún hecho sobre la historia de Artigas.
|
Se manejó un poco en broma la Batalla de las Piedras o
quizás un movimiento de masas La Redota. La idea nos
entusiasmó a todos y quizás los mas veteranos recuerden
aquel acontecimiento tan lindo que movilizó a toda la
Villa. “El 19 todo Chuy se va con Artigas” fue el slogan
de la propaganda. Rondan Martínez escribió el guión
conductor de la marcha que se gravó y luego se iba pasando
por el único parlante del pueblo y que pertenecía al cura
Ottonelli. El proyecto inicial fue presentado a la
Asociación de Entidades Chuienses que presidía don Romeo
Casas Garibaldi. Era la época de oro del Liceo Piloto
entre los años 1963-1967, hasta que la cosa se puso
embarullada. Dirigía el liceo el profesor Rafael Cordano y
en ese plano educativo de secundaria estaban aquellos
llamados Talleres Optativos. El coche-parlante pasaba
lentamente por las calles, ante la mirada atenta de los
vecinos y poco a poco la idea fue siendo comprendida.
El periódico zonal Rumbos comentaba de esta manera los
preparativos de aquella memorable experiencia: “El pueblo
concentrado en forma heterogénea, disperso, frente a la
escuela, conjuntamente con las carretas, la caballería y
marchas triunfales atronando el espacio como
predisponiendo el ánimo popular. Entonces claro y agudo el
sonido vibrante de un clarín, continuando en un redoblante
de tambores, mientras la gente se agrupaba en formación de
marcha, mientras el coro entonaba los versos de Bartolomé
Hidalgo; “Orientales la Patria peligra…” El pueblo marcha
hacia la aurora de los hombres libres, la frente bajo el
chambergo dañada de sol y de ideales mientras Artigas Jefe
va cabalgando altivo, conduciendo a un pueblo de héroes
hacia el destino de la Patria. El indio cerril, taciturno,
intuyendo la libertad esperada, levanta su lanza agresiva.
El gaucho cargando su tradición de matrero, es baqueano
del pueblo. El pampero agita las cabelleras de las mujeres
patriotas que siguen a sus hombres por los caminos de la
Patria. El negro fiel, sin cadenas ignominiosas, aspira la
brisa mañanera y entona sus cantos ancestrales. Los
clarines del alba agudizan sus voces de bronce y el pueblo
oriental, palpitando un futuro glorioso, avanza hacia el
Exilio.
Atrás quedaron sus casas, como antorchas ardientes,
iluminando la renuncia de un pueblo, que prefirió ecilarse
antes que aceptar prebendas de los españoles o los
vejámenes de los portugueses. Era el pueblo oriental en
marcha, tras las huellas del caudillo, haciendo eco, con
su presencia al grito del patriarca: “Yo llegaré muy
pronto a mi destino con este pueblo de héroes.” Al toque
de clarín se inicia La Redota:
“El General cabalga hacia la aurora
baqueano de luz de patria y libertades ;
ansias de cielo libre picaneaban
este afán de los bravos orientales.
El indio altivo, el gaucho y el mulato
el estanciero rico,
el respetable cura de la aldea, capellán del pueblo
seguían al patriarca, en las triunfales
jornadas de hambre y frío: la Redota.
Al margen de los actos culturales, deportivos y religiosos
que organizó cada institución, la asamblea representativa
buscó la forma de lograr una gran concentración popular
que fuera capaz de recrear en forma dinámica la gesta
heroica del Éxodo del Pueblo Oriental. La misma se dividió
en dos partes y la primera se denominó “La Redota” y
constituía la marcha del pueblo por las calles de la
Villa, mientras que la segunda era el “Campamento” y
revivía precisamente el ambiente visual y sonoro de
aquellos altos en la marcha que noche a noche jalonaron el
Éxodo hasta el Ayuí. Cuando la columna se puso en marcha
por la calle Internacional, intercalados entre la masa los
grupos caracterizados: gauchos y paisanos, en las
carretas, payadores con sus guitarras terciadas ,
pregoneros coloniales, negros con sus tamboriles, una
nutrida columna de jinetes con los gallardetes artiguistas
y grupos escolares, liceales y publico con sus atados y
avíos de viaje.
Se eligió la MARCHA ORIENTAL de Bartolomé Hidalgo para ser
coreada por el público. Los edificios frente a los cuales
pasaba la columna fueron engalanados convenientemente;
carretas y demás accesorios de época fueron dispuestos a
la vera del camino. La marcha estuvo jalonada por
intervenciones corales del pueblo en cánticos y
aclamaciones hasta llegar a la plaza. El perímetro de la
misma contaba con gran cantidad de palenques para los
caballos, mientras la fuente fue arreglada con sauces y
ramas para representar una laguna y junto a ella un gran
escenario, alto y techado como enrramada criolla. Al
acercarse la columna al campamento un vigía desde lo alto
de un árbol, anunció el arribo de Artigas seguido de su
pueblo y los personajes históricos que lo acompañaban.
Finalmente los coros asistentes y la población en general
entonaron el CIELITO DE LA REDOTA, creado en Chuy para
esta ocasión…
 |
|
Los portugueses se vienen
por el este y por el norte
y Elío en Montevideo
al pueblo no le da corte.
Cielito, cielo que sí,
cielito del pueblo en marcha,
los orientales caminan
sin miedo al sol ni a la escarcha.
Lejos quedaron los ranchos
ardiendo en fuego y recuerdos
abren camino los potros
atrás van los bueyes lerdos.
Cielito, cielo que sí,
cielito de la Redota
en un lugar del sendero
mi guitarra yace rota….
Letra: Rondan Martínez
Música: Perdomo y Méndez
|
|
| |
 |
Como sucediera en 1811 cuando el pueblo oriental se
despojó de sus bienes para seguir al caudillo, en una
movilización que recibió el nombre de Redota por parte de
sus protagonistas, los habitantes de este enclave
fronterizo rememoraron este acontecimiento con el mismo
sentimiento patrio de aquellos hombres. Es posible que con
el paso de los años la perspectiva histórica no le otorgue
visos de “redota”, pero ese debe haber sido el sentimiento
de los componentes de la caravana con el ánimo quebrado
por las adversidades y sintiendo muy distante la esperanza
de victoria. Quienes presenciaron la Redota del Chuy deben
recordar la caravana que se desplazaba lentamente por las
calles de la Villa, ofreciendo la estructura pastoril del
pueblo que se iba junto al caudillo. Nada de matices
urbanos.
Era la protesta silenciosa para decirle a Elío que no
tenía autoridad y al gobierno porteño que no podía
reclamar intereses que no representaba. Y esa REDOTA que
no fue una solución para el pueblo fue en cambio una
manifestación popular donde el caudillo puso a prueba su
carácter y su condición de conductor a nivel nacional. Y
en esa oportunidad, hace 40 años lo vimos cabalgar por las
calles de esta frontera siendo el depositario de la
confianza total del pueblo que lo seguía al margen de la
edad, sexo, religión o condición social.
Chuy, 18 de junio de
2004 |