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En la medida que se aproximan las elecciones, el
panorama político para el ciudadano indeciso se
presenta confuso e incierto.
El Uruguay de HOY y sobre todo el de MAÑANA necesita
de la reflexión serena de todos los actores que
participaran en las elecciones nacionales.
Mientras aguardamos el resultado de las urnas con la
esperanza de que los nuevos gobernantes afronten los
problemas que vive el país, continuamos recogiendo la
opinión de los ciudadanos fronterizos. |
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Periodista Gualberto Cos |
En
esta oportunidad lo hacemos con el periodista Gualberto
Cos, de amplia trayectoria en la capital del país, quién
comenzó diciendo que los “tonos triunfalistas de los
candidatos son cada vez menos convincentes y el sufrido
elector comienza a descreer de ofertas y postulados, por
lo cual los porcentajes emitidos por las encuestadoras
tienen valor relativo y no aseguran, de antemano, la
certeza de un ganador. Estos próximos quince días de
campaña serán decisivos para la toma de decisión que, por
imperio de fatigas y fastidios, tendrá mucho de descarte y
poco de convicción.
Los
paupérrimos resultados de gestión, materializados en el
declive pronunciado en la calidad de vida de los
ciudadanos desde el advenimiento de la democracia, Marzo
del 85 a la fecha, generan el desconcierto y la
indefinición de los sectores menos politizados de la
población, finalmente, los decisivos.
Las
mutaciones estratégicas de algunos sectores carecen de
originalidad y reafirman la percepción de estar en
presencia de variantes demagógicas antes que en proyectos
realizables. A ello se suma la sobrevaloración de la
imagen mediática que surte un efecto indeseado en el
elector, agobiado y saturado, y por añadidura,
subestimado.
En
ese sentido la opinión del ciudadano “de a pie”, el que no
milita, el que no asiste a clubes o comités, y que
alcanza porcentajes cercanos a la mitad del electorado,
es provisoria. Dependerá, en mucho, de la dinámica de los
hechos venideros para transformarla en definitiva.
Sugestivamente, los partidos mayoritarios, arrecian en su
prédica y producen un efecto contraproducente para sus
intereses. Pero, según dicen los expertos en marketing
político, es un “riesgo calculado” y los réditos se
obtienen por descalificación.
Un
breve análisis muestra al elector frente a este espectro,
limitado además, por gravitantes hechos extranacionales,
sobre los que no tiene injerencia pero que sí que le
condicionan su supervivencia: precio del petróleo,
imposiciones de acreedores, medidas proteccionistas, etc.
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Partido
Colorado.
Habiendo llegado a los mínimos guarismos de aceptación
popular por méritos propios, ha mudado su tradicional
posicionamiento fundado en la presencia de figuras de
primera línea – Batlle, Sanguinetti - por una opción
renovadora.
La
presencia, como candidato presidencial, de la figura de
mayor prestigio que puede ofrecer este partido, el
Escribano Guillermo Stirling, ex Ministro del Interior es
un movimiento previsible que amortigua la caída hacia el
desconcepto político.
Esta
figura emerge con singulares expectativas para el
electorado colorado y particularmente batllista (de los
otros Batlle, nó del Presidente) para que consolide su
presencia en el ámbito partidario y se constituya en el
líder anhelado frente al desgaste irreversible de sus
máximas figuras. Su excelente gestión como Ministro así lo
avala.
La
férrea limitación que a otros actores han impuesto las dos
máximas figuras ya nombradas, propiciaron la fosilización
del máximo órgano partidario. Nadie ha crecido
significativamente bajo esas sombras.
El
incipiente protagonismo del ex ministro Atchugarry fue
rápidamente abortado. Nadie sabe los reales motivos.
La
imagen del Presidente, deteriorada hasta extremos
alarmantes, tanto en lo nacional como en lo internacional,
ha coadyuvado sensiblemente a la baja performance
partidaria. Soberbia, verborragia inconducente,
impertinencia, ausencia de urbanidad
y
nulo olfato diplomático han colocado al país en una
posición desconocida en el concierto internacional. Sólo
sensible a los indicadores económicos y a la opinión de
las calificadoras internacionales, pero insensible a los
costos sociales de sus medidas, el Partido poco puede
ofrecer para su reconsolidación, excepto que el elector
vislumbre que la renovación va en serio.
Partido
Nacional
Renovado, luego de su interna partidaria con la asunción
del liderazgo del Dr. Jorge Larrañaga, emerge como el
opositor más calificado al presunto favorito en las
encuestas, Dr. Tabaré Vázquez.
Luego del período en el poder, 1989-1994, el Partido
Nacional puede exhibir credenciales de eficiencia ya que
los guarismos e indicadores de aquel momento se lo
permiten. Su derrota en 1994 estaba relacionada
directamente al deterioro de la imagen gubernamental y a
los sonados escándalos que lo vinculaban a hechos de
corrupción.
No
obstante, al dejar el gobierno, las diferencias
porcentuales no eran tan alarmantes como las presentes
del actual partido de gobierno.
La
candidatura del Dr. Larrañaga para el elector nacionalista
ofrece, a diferencia del anterior gobierno de cuño
Herrerista, la posibilidad de realizarse en un gobierno
Wilsonista. Relativamente joven puede exhibir, entre sus
logros, una atinada conducción municipal en el
Departamento de Paysandú y una imagen sin máculas a ojos
del elector. Como contrapartida debe acarrear, como
lastre, un acompañamiento poco deseable. De su
flexibilidad dependerá, en gran medida, las posibles
adhesiones a un eventual ballotage ya que no cuenta, entre
los sectores que lo apoyan, certezas de credibilidad.
Encuentro Progresista, FA, NE, etc.
Con
la delantera en las encuestas y con un triunfalismo
desmedido esta coalición, definitivamente alejada de sus
orígenes frenteamplistas, ha aglutinado en su entorno a
sectores que, hasta otro momento, era impensable su
adhesión (entre otros, el Sr. Gaggero, por ejemplo). Las
antiguas estructuras ideológicas han cedido paso a
necesidades numéricas. Superados, por el contexto
internacional, los antiguos “partidos de ideas” han
actualizado procedimientos y objetivos y se han tornado,
occidentalmente, más pragmáticos. De los antiguos y
denostadores argumentos respecto de las prácticas
políticas de los partidos tradicionales sólo queda el
recuerdo. Hoy “hay que abrazarse hasta con la culebra”
según dice el Senador Mujica y la prolija prevención de no
transformar lo ideológico en populismo se ha desvanecido.
Su
presidente, Dr. Tabaré Vázquez, ciudadano clase “A” de
acuerdo a la selecta taxonomía democrática de la
dictadura, hoy lidera a quienes aún recuerdan los horrores
de aquella. Las piruetas de la memoria parcializan los
recuerdos de los infames actos institucionales. Con una
interna no muy clara donde las figuras emergen y se
sumergen en consonancia con las circunstancias, cuenta con
el coherente discurso de sectores ajenos al líder pero
disímiles entre sí, MPP y Asamblea Uruguay, por ejemplo.
Si se debiera valorar historia y genealogía de esta
coalición, esta corrección hacia el centro permite
generar dudas que no sosiegan al varias veces citado
elector indeciso. Políticos de probada eficiencia y
trayectoria como el Arq. Arana, Ec. Astori, etc.
prestigian el posible triunfo pero, en cambio, el
liderazgo endeble y vulnerable del Dr. Vázquez lo hace
dudoso.
Al
decir de un conocido escritor: “puede ganar Vázquez pero,
si gana, seguramente perderá la izquierda”.
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