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La proximidad del acto
electoral nos lleva a incursionar sobre el tema, a los
efectos de ofrecer a nuestros lectores un panorama
comparativo con las elecciones realizadas en 1984. Por
supuesto que las disputas electorales con graves
altercados y algunas tragedias que solían enlutar algunas
familias, han pasado a la mejor historia de la política
fronteriza como resabio de otros tiempos de intolerancia y
fanatismo.
En la actualidad y salvo los
ataques verbales disparados desde algún programa
periodístico el panorama va transcurriendo dentro de la
normalidad. De todas maneras se notan algunos cambios que
nos hacen pensar que la tradición política y hasta
familiar que ejercía notoria influencia en el pasado local
no se da en esta oportunidad. La desaparición de viejos
caudillos que fueron a su tiempo fieles representantes de
los partidos tradiciones, han ido cambiando lentamente el
apego a esas divisas.
En esta oportunidad son
pocos los candidatos y los electores que continúan por el
camino que transitaron sus mayores, postulándose por el
mismo partido o defendiendo las mismas ideas. De todas
maneras es fácil comprobar que hombres y mujeres están
transitando por el único camino que podrá conducirnos al
entendimiento nacional que el país está reclamando por
encima de los partidos políticos. Desde el primer texto
constitucional de 1830, las elecciones nacionales procuran
llevar al Gobierno a los mejores hombres para que el
Estado esté realmente al servicio de la sociedad y no la
sociedad al servicio del Estado. Nuestra ciudad debe tener
en cuenta sin embargo que no debemos esperar mucho de los
organismos oficiales para alcanzar las metas y las obras
que viene reclamando desde hace muchos años. Tampoco
podemos atribuir al Gobierno de turno todas las
dificultades.
Es posible que se hayan
cometido muchos errores en nombre de una democracia
ejemplar que ha tenido que soportar cambios sustanciales
con motivo de una globalización que está cambiando
diariamente las responsabilidades. No dudamos que este
departamento tiene todo para lograr su desarrollo;
riquezas naturales y capital humano que sigue creyendo en
un destino mejor por encima del resultado electoral. Sin
embargo es justo reconocer que existe una población
confusa, cansada y desilusionada. El Dr. Gregorio Rivero
señalaba que “lo que la experiencia más de una vez ha
permitido comprobar, parecería justificar de alguna
manera, la actitud escéptica, cuando no abiertamente
condenatoria o al menos descalificatoria, por parte de
muchas personas frente a la actitud política.”
Más que los especialistas el
hombre de la calle que atribuye dentro de la picaresca
ciudadana, una casi “inmoralidad” connatural a la
actividad política. Esta opinión se ve fortalecida porque
las elecciones tienen para sus protagonistas (candidatos)
algunas tentaciones, ventajas y privilegios que pasan por
los honores, prestigio, beneficios y placeres que suelen
alimentar el ego de algunos humanos. Para ello deberán
luchar con la oposición de otros candidatos que también
pretenden una representación parlamentaria, municipal,
local o algún nombramiento secundario.
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