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Durante los primeros años de la década del 40 la pequeña
ciudad de Rocha estuvo pendiente de las noticias que
procedentes de lejanos países iban informando con algún
atraso sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
Al margen del interés natural por la marcha del conflicto,
existía un motivo extra para que la población rochense
acompañara su desarrollo. Un joven de la sociedad
rochense, Domingo López Delgado de tan solo 24 años estaba
participando de la guerra. Desde setiembre de 1939 las
informaciones señalaban que las fuerzas alemanas habían
invadido Polonia y que Gran Bretaña y Francia a los pocos
días le declararon la guerra a los alemanes.
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Era el comienzo de la Segunda Guerra Mundial con
luchas interminables y torrentes de sangre cubriendo
los cuerpos de millares de soldados y civiles. A
partir de 1941 Rocha acompañó a la distancia el
sacrificio del joven López Delgado que no quiso
permanecer indiferente y se metió de lleno durante 5
años en el horror de la guerra.
Hace algunos años tuvimos la oportunidad de recibir su
visita y conocer de primera mano los hechos más
significativos que signaron la vida de este rochense a
partir del momento en que se alistó en la Legión
Extranjera. |
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Domingo López Delgado |
La
historia de esta institución se remonta al 10 de marzo de
1831 cuando fue creada por el Rey Luis Felipe. Hasta el
momento este ejército se ha mantenido con su enorme carga
de leyenda y misterio, borrando la identidad de los
legionarios entre los que se encuentran políticos,
príncipes, poetas y algún prófugo de la ley. Algo de eso
nos contó López Delgado quien todavía no sabía si había
sido una idea o un estado espiritual lo que lo había
llevado a la Legión.
Al comenzar la nota señaló que “siempre admiré a Francia,
pero no fui a la guerra solo por una ideología, sino por
creer en una causa y tener espíritu aventurero, pues aún
hoy disfruto con el riesgo. Desde que estalló la guerra
quise ir a luchar con los aliados pero no tuve suerte. Un
día leyendo un diario me entero que hay jóvenes uruguayos
que se embarcan con la Francia Libre. Me presenté de
inmediato, me hicieron una ficha y luego tuve que esperar
cierto tiempo, que hoy después de lo vivido, me doy cuenta
que era el tiempo que necesitaban para conocer los
antecedentes de los que ingresábamos.”
E L M E J O R S O L D A D O ES E L D E L A
LEGIÓN
“En la navidad del 41, llegamos a un gran edificio
londinense por donde pasaban todos los legionarios.
Algunos de los que fuimos juntos fueron repatriados y
nunca se supo el motivo. La Legión tenía en esos momentos
52 nacionalidades, solamente no habían japoneses. Hacíamos
un contrato por cinco años en la Legión y aunque fuera la
policía no se le proporcionaban datos de ningún
integrante. Luego de firmar el contrato nos mandaban al
África y ya nadie podía identificarnos. Fueron 5 años muy
difíciles -comentada emocionado el ex legionario- pero era
un grupo muy unido, por algo los infantes de la Marina
Americana dicen que después de ellos, “el mejor soldado
del mundo es el de la Legión, lo demás es basura.” Se dice
que cuando un legionario va al hospital, no va a curarse
sino a morir y a pesar de todo fue un lugar donde aprendí
el verdadero significado de la palabra “compañero”. Un
legionario nunca está solo, es pendenciero pero en Paris
lo adoran. Había momentos de mucha nostalgia, pero después
de estar en el baile hay que bailar. La guerra da un miedo
tremendo, pues en ella se lucha contra dos enemigos: el de
afuera y el que viene de adentro. Si se va para adelante,
te matan; si lo hace para atrás te fusilan y si te quedas
quieto talvez te maten. Es la lucha del hombre con su
propio miedo. Se podía pedir la desmovilización y entonces
eras repatriado, pero uno tiene su amor propio, su
dignidad, no podía volverme antes de terminar el
contrato.”
DEBUT EN “EL POZO DEL DIABLO.”
“Hubieron muchos momentos difíciles, a mi me tocó debutar
en un lugar denominado El Pozo del Diablo, en pleno
desierto. Era un Fuerte con 5000 hombres y fue realmente
un bautismo de fuego. Me afectaron al sector de los
cañones antitanques y cuando comenzó el bombardeo
oficiaba de primer proveedor. Era un cañón antiguo, que se
movía por la cola y la instrucción que teníamos era
mínima. Los proveedores estábamos en una trinchera y desde
allí alcanzábamos los obuses al que cargaba el cañón. De
pronto me llaman a cargar el cañón; habían matado al que
lo estaba haciendo y me tocaba sustituirlo. Fui pero no
acertaba la recámara del cañón, lo hizo mi jefe y cuando
disparó me dio un culatazo y empecé a gritar que estaba
herido. No tenía nada... Era simplemente el miedo y ese
ridículo fue el primer paso para dominar durante el resto
de la guerra, el miedo que siempre nos acompaña.” Al
analizar finalmente la Legión, López Delgado manifestó con
un dejo de nostalgia, que la Legión sigue siendo igual que
antes “y si fuera por mi nunca desaparecería. Es una
leyenda es un mito que se ha recogido hasta en las
historietas infantiles. Si pudiera volver a tener 24 años
regresaría a la Legión. Si tuviera que dejar un mensaje a
los jóvenes que cuando van al cine creen ver la guerra;
les diría que la guerra es la peor estupidez que puede
cometer el ser humano.”
Chuy, diciembre de 2004 |