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"En
el pasado el valor era el anciano, la presencia de la
tradición. La revolución de nuestro siglo colocó al niño
en el centro de la nueva historia. Ya no es lo viejo lo
que vale, sino lo nuevo, no es la conservación de las
tradiciones lo que merece aplausos, sino el cambio, lo
joven , que por el solo hecho de ser joven ya significa
renovación y apertura hacia un futuro de progreso". Jaime
Barylko (Los Hijos y los Limites)
Bastaría que la crónica de hoy se limitara a reproducir
publicaciones anteriores y no correríamos el riesgo de
que la misma perdiera actualidad y sobre todo la
gravedad que pretendemos darle sin caer en el
sensacionalismo. Sin embargo y aún cambiando la redacción
es evidente que el "espíritu se mantiene" y sentimos la
extraña sensación de que los problemas planteados hace
algunas décadas mantienen su vigencia y en algunos casos
se han agravado, pese al interés demostrado por la
sociedad para solucionarlos. Al revisar archivos nos
encontramos con la opinión de las autoridades del INAME,
analizando la situación que enfrentan los menores que
deambulan por las calles de nuestra ciudad y también hemos
dialogado con ellos para conocer de primera mano un
panorama más aproximado de la realidad.
Falta de recursos para las demandas más elementales,
desajustes familiares, alcoholismo y drogas fueron los
indicadores que de alguna manera están empujando a los
niños fuera de sus hogares para dar comienzo a una vida
callejera de la cuál les resultará muy difícil salir. En
esta frontera existe además un tema polémico y sobre el
cuál ni siquiera las autoridades han podido definir y
mucho menos solucionar y que está relacionado con los
cuidadores de autos en la avenida Internacional y calles
secundarias. No se trata de un problema exclusivo de los
adolescentes aunque debemos incluirlo en un contexto
general.
En
primer término debemos señalar que tanto los habitantes de
esta ciudad como los turistas que nos visitan tienen todo
el derecho del mundo a estacionar sus automóviles sin
tener que pagar para ello. Es un derecho natural que
tienen los ciudadanos a correr todos los riesgos que se
puedan presentar en una zona de libre estacionamiento como
lo son las calles y avenidas de una ciudad. Aún
comprendiendo las razones sociales que se argumentan y
que pueden ser valederas en determinados casos (no en
todos) es evidente que la cobranza "compulsiva" y en
algunos casos adelantada representa una agresión al
automovilista. Pero lo más lamentable radica en algunas
amenazas donde se deja muy claro que si no se "paga el
impuesto al estacionamiento" sobreviene la represalia
material con un costo sensiblemente superior.
Si
realizamos una encuesta entre los automovilistas
llegaríamos a la constatación de que nadie quiere que le
cuiden el coche y los que lo hacen es solamente por temor
a las represalias. Otro tema que se debe tener en cuenta
está relacionado con las dificultades que tienen las
autoridades para poder actuar de ambos lados de la avenida
Internacional. Ante casos reiterados de rapiñas callejeras
o desvalijamiento de automóviles, es evidente que el
desplazamiento de los autores y el ocultamiento en
comercios y domicilios privados determina una situación
que no siempre puede ser resuelta por la policía sin una
orden judicial. En los últimos años es evidente que la
situación se estaría agravando teniendo en cuenta que un
alto porcentaje de estos niños estarían usando distintas
sustancias químicas.
Es
evidente que las dificultades y las necesidades que
enfrenta la población van destruyendo el núcleo familiar.
La carencia de afecto y la conducta antisocial van creando
un comportamiento irregular que lentamente va empujando
los niños hacia la calle, lo que termina
irremediablemente en el abandono y la delincuencia. Por
supuesto que el tema de la droga no se limita solamente a
los niños en situación de calle sino que el mayor
porcentaje estaría entre los alumnos de algunos centros de
enseñanza. Se aguarda que nuevas leyes puedan modificar
en parte esta situación y que los mayores que suelen estar
detrás de los menores en forma organizada, tengan algún
tipo de responsabilidad en estos casos. Nadie duda en esta
frontera que algunos menores son utilizados por los
mayores lo que estaría generando un dramático problema
social. Se trata de un vieja modalidad que debe ser
sancionada con una norma penal más severa.
También se debe considerar como figura delictiva la
participación de los reducidores , vale decir los que
compran efectos robados y los cambian luego por la droga
generando también una grave figura delictiva. Como podemos
ver se trata de un viejo problema al que resulta muy
difícil encontrarle una solución sin lesionar derechos o
perjudicar modestos hogares que encuentran en la calle el
sustento diario. El tema ha sido analizado en los últimos
años por el Rotary Club local y las autoridades del INAME
a los efectos de conocer la magnitud del problema y buscar
el asesoramiento legal que permita encararlo. También en
los medios locales se han manifestado muchos organismos
considerando la gravedad del tema al tener en cuenta que
más que menores son niños que se encuentran en un área
difícil de determinar si es trabajo o mendicidad. No
podemos finalizar la nota sin mencionar los casos de
violencia registrados en los últimos años y en distintas
circunstancias, amenazando a la población y preocupando a
las autoridades uruguayas y brasileñas.
La
frontera en su conjunto viene observando como surgen
nuevas modalidades para cometer robos y asaltos donde en
su gran mayoría de los delincuentes actúan bajo los
efectos de la droga, lo que aumenta considerablemente su
peligrosidad. Es justo señalar además que esta violencia y
algunos casos de agresividad registrados en la vía pública
no se deben atribuir solamente a razones o factores
económicos ni sociales, ni son el fruto de la miseria de
sus actores. La preocupación demostrada por las
autoridades policiales y judiciales está señalando un
marcado interés en detectar las verdaderas causas y
posibilitar un diagnóstico que pueda contener esta
creciente ola de violencia. Por ahora los niños se
olvidaron de festejar...
Chuy,
agosto 18 de 2004. |