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Tras algunos fracasos en la
reconstrucción del fuerte de San Miguel don Horacio
Arredondo y los arquitectos encargados de la obra
resolvieron utilizar la habilidad artesanal de don "Coco"
un hombre de la zona de hosca apariencia pero de blanda
sensibilidad.
Un autodidacta de poderosa
inteligencia, que todo lo aprendió por si mismo; humano,
de insobornable honradez en lo espiritual, moral y
material; plenamente solidarizado con su medio, animado
por un auténtico patriotismo y por un empecinamiento in
dominable en convertir en útiles a sus jóvenes
coterráneos, que él advertía perder su tiempo abandonados
a la indolencia, recostados contra las paredes en la
pulpería o entretenidos en asistir durante horas a
partidas de billar o de barajas, sin ninguna ambición o
posibilidades de trabajo.
Así definía el periodista
José Pereyra González la personalidad de don Gregorio
"Coco" García en una nota publicada en el diario El Día en
1972. Sin embargo de nada valieron los argumentos de los
profesionales de la Comisión Honoraria y don "Coco"aceptó
el cargo siempre que utilizara a los paisanos de su pago.
En vano trataron de convencerlo para que utilizara
personal especializado traído desde la capital del país.
Poniendo punto final a las conversaciones don "Coco"
manifestó que si no "puedo utilizar a mi gente, no cuenten
conmigo, yo confío en los míos, en esos que por no tener
ocupación, los llamo de apuntaladotes de boliche y no en
los que ustedes me proponen.
Si quieren mis servicios no
hay otra alternativa que yo y los muchachos de "18 de
Julio". Por supuesto que ganó la pulseada, abocándose de
inmediato a instruir a sus artesanos en la difícil tarea
de cortar y moldear la piedra para comenzar de inmediato
la histórica reconstrucción del Fuerte de San Miguel.
Observando hoy la obra realizada por don "Coco" y sus
muchachos es fácil valorar la jerarquía de la misma que
había tenido sus comienzos en un viaje que realizara en
1920 el presidente de la República Dr. Baltasar Brun.
Acompañaba al presidente don Horacio Arredondo quien sería
finalmente el ejecutor de estas construcciones y creador
de los parques nacionales que las circundan.
El presidente y su comitiva
bajaron de los caballos y subieron caminando la empinada
cuesta que los llevaba al Fuerte, para conocer mejor la
zona circundante tras sortear los inconvenientes del monte
indígena. El cuadro que se presentaba era realmente
desolador, los yuyos y los animales se habían adueñado del
Fuerte por lo que el presidente en un gesto espontáneo
pero que contagió a los presentes y fundamentalmente a don
"Coco" manifestó: "El fuerte será recompuesto tal cual lo
edificaron los audaces soldados que centurias atrás lo
levantaron." También don Horacio aprovechó la oportunidad
para acotar que "acá formaremos un parque donde únicamente
tendrían cabida la flora y la fauna nativas, incluso con
vacunos y ovinos primitivos de manera que sean testigos de
nuestra evolución ganadera. Si bien es cierto que estas
obras obedecieron a la iniciativa del entonces presidente
Dr. Baltasar Brun y sus colaboradores, entre los que
podemos destacar al General Balndomir, los arquitectos
Capurro, Mainero, el general arquitecto Alfredo campos y
Horacio Arredondo, fue la voluntad inquebrantable de don
"Coco" que venciendo todos los obstáculos imaginables en
aquellos años, pudo vencer las sierras de San Miguel
domesticando sus piedras. Fue un trabajo de equipo y de
muchos años donde alternaron entre muchos Basilicio
Rodríguez, Angel María Milar, Juan Correa, Casto Pérez,
Ariosi Techera, Pedro Lima y muchos otros que sin ser
picapedreros trabajaban en carpintería, herrería,
albañilería y también de alambradores.
La piedra era transportada
en una carreta con ruedas especiales tirada por tres
yuntas de bueyes a cargo de Luis Milano, carrero
profesional de Santa Teresa. Fue con esa gente y muchos
otros que don "Coco" pudo vencer las dificultades de un
medio agreste donde abundaban los zorros, gatos monteses,
comadrejas, lagartos, arañas y reptiles venenosos. Con el
paso de los años y realizada la paciente restauración del
Fuerte, don "Coco" pudo comprobar que la juventud de su
pueblo tenía realmente la habilidad artesanal que otros le
habían negado sin conocerlos.
Todo
fue reconstruido
Levantado por los españoles y portugueses en los primeros
años del siglo XVIII el Fuerte de San Miguel ha quedado
como el testimonio más elocuente de la disputa que ambos
países sostuvieron durante largo tiempo por el derecho a
dominar para siempre nuestro territorio. Fue fundado por
los españoles en el año 1734, pero le correspondió a los
portugueses la terminación del mismo tres años más tarde.
El 16 de octubre de 1737, bajo la defensa de seis fuerzas
de artillería al mando del militar portugués José da Silva
comienza la reconstrucción del mismo. Sin embargo pasaron
exactamente dos siglos, antes de que la mano del hombre
iniciara su obra reparadora. Por Ley del 29 de octubre de
1937, el Fuerte es declarado Monumento Nacional. A partir
de la fecha fueron desapareciendo lentamente los signos
inconfundibles de dos siglos de abandono. Se repararon
pacientemente sus muros destruidos y se transformó la
maleza de su interior en amplias escalinatas de granito.
En la actualidad este Fuerte reconstruido por gente de la
zona representa junto a la Fortaleza de Santa Teresa uno
de los mayores atractivos del departamento de Rocha y del
país.
Chuy, 25 de setiembre de
2004 |