En la década del 50 tras sortear las
dificultades del camino que serpenteaba entre los medanos se
podía llegar hasta los bailes de carnaval que organizaba don
Nicomedes Gómez y Pedro Vero en el rancherío de un balneario
en formación denominado La Barra.
Como el
repertorio musical no era muy variado se podía amanecer con
algunos temas que deleitaban a la concurrencia y que eran por
supuesto el último grito de los carnavales brasileños. Desde
la ciudad de Santa Vitoria o alguna radio a batería nos
llegaban con mucha dificultad los temas de protesta inocente,
haciéndonos saber que “de día falta agua y de noche falta luz”
lo que actualmente no puede sorprender a ningún vecino o
veraneante del Puimayen.
También
recordamos otros temas que pese a los años transcurridos
mantuvieron su vigencia en las fiestas carnavalescas, donde
era muy fácil comprobar que “cachaza no e agua no” o la
“chiquita bacana” que procedente de la Martinico se vestía
solamente con “una cáscara de banana”. Todo iba muy bien hasta
que algún desconforme como siempre existen, se cambiaba la
careta y revolver en mano se paraba en la puerta del baile
para gritar muy fuerte “vocé ahí, me da un diñeiro ahí”
provocando una tremenda confusión entre los parroquianos. Era
el grito que estábamos esperando y como todos tenemos una
clara tendencia a copiar lo que viene de afuera, venga de
donde venga, nos gustó tanto el “yeitiño” que fuimos entrando
lentamente en el “afane” para lo cual era necesario extender
el carnaval durante todo el año, pese a que el almanaque
mantuvo el rojo en unos pocos días.
El ejemplo
cundió por todo el país utilizándose para ello distintos
disfraces y “caretas” permanentes para todos los rostros. Sin
embargo existe un país distinto que ni se entera del carnaval
ni los disfraces, que vive, trabaja y
lucha por sobrevivir. Recordamos una nota
del periodista brasileño Moacyr Scliar sobre los carnavales
de su país y nada mejor en tiempos de integración y MERCOSUR
que ofrecérselo a nuestros lectores con la salvedad de que
cualquier similitud es pura coincidencia:
“Vivimos
realmente en el país del carnaval; pero hay también otro
Brasil. Un Brasil que despierta a las 5 de la mañana y sale
para el trabajo. Un Brasil que va a la fábrica, a la
construcción, un Brasil que soporta las filas para conseguir
asistencia médica, un Brasil que se jubila con un salario
ridículo, un Brasil que se muere temprano. Este Brasil tiene
derecho a sus días de carnaval. Este Brasil tiene derecho a
desfilar en la avenida, olvidándose por un momento de su
miseria.”
Un día más para sufrir:
año bisiesto
Si algo nos
estaba faltando para completar el cartón de las dificultades
fronterizas era precisamente un año bisiesto, que de acuerdo a
la historia de los calendarios suele presentar situaciones
maléficas. El 29 de febrero se ha convertido en una fecha
misteriosa, no solamente para los que nacieron ese día sino
también para quienes observamos con expectativa el transcurso
del bisiesto. Si pensamos detenidamente y tenemos en cuenta
que los años anteriores fueron agitados y de serias
dificultades para los habitantes de esta ciudad en este 2004
tendremos un día más de sufrimientos.
Pero dejemos
las previsiones para los videntes, brujos y religiones
mientras le encontramos una explicación al “día sobrante”.
Dicen que todo nació con el calendario juliano, cuando el
emperador Julio César quiso terminar de una vez por todas las
querellas sacerdotales. El hombre hizo lo que pudo dividiendo
el ciclo en 365 días en función del curso solar, pero se
encontró con qué le sobraban 6 horas al año, lo que
significaba una jornada completa cada cuatro años. Luego los
sacerdotes decidieron establecer la jornada extraordinaria
cada tres años, el emperador Augusto hizo nuevos cambios que
se mantuvieron hasta el Renacimiento y el Papa Gregorio XIII
llegó a la conclusión de que una serie de errores acumulados
habían hecho que se perdieran 10 días. Para corregirlo era
necesario borrar del calendario los días sobrantes, lo que
hizo finalmente en 1582 cuando la gente se acostó el 4 de
octubre y se despertó el 15 del mismo mes en lo que fue la
noche más larga de la historia.
Dice José
Laurino en un trabajo periodístico que en el año 1964 se
trató de eliminar el 29 de febrero en oportunidad de
celebrarse el Concilio Vaticano II pero la intervención de
la UNESCO condenó al fracaso esta iniciativa. Para quienes
sostienen la tradición “maléfica” del año bisiesto les
diremos que fue en esos años que comenzó la guerra sovietica-japonesa,
que fue asesinado el Rey Carlos I de Portugal, que naufragó el
Titanic y que perdieron la vida el torero español Joselito y
Lenin. Tampoco debemos ser muy pesimistas y pensar que este
2004 será tan malo como los anteriores, de todas maneras no
podemos continuar con el miedo a los bisiestos. El próximo 31
de diciembre tendremos la oportunidad de comprobar que hemos
tenido un excelente año bisiesto sin problemas laborales, sin
robos, sin violencia, sin drogas y fundamentalmente con salud,
educación y vivienda.