|
Los
primeros fríos están empujando a los pocos turistas que quedaban
en la zona, mientras la Frontera de la Paz retorna a su
tranquilidad lugareña, apenas desmentida por los carteles
luminosos que todavía no entraron en la economía de “guerra”
impuesta por las circunstancias.
Mientras el vértigo de la
temporada va quedando de lado y la ciudad vuelve a la
normalidad, el fatídico almanaque nos ubica en el otoño
fronterizo. Un pueblo prestado regresa de La Barra para aumentar
el índice demográfico y prepararse para la dura batalla invernal
que se aproxima.
En las proximidades de la terminal
el “Turco” Salomón pedalea firme en su bicicleta para cumplir
con las recomendaciones del médico, mientras el “Coruja” abre
la marcha para que algunos gordos cumplan con el rito sagrado
de la caminata diaria. La ciudad despierta y las calles
comienzan a llenarse de posibles compradores. En la zona
céntrica, sobre las veredas los ambulantes continúan recogiendo
“la esperanza prometida”. Un desfile
de imágenes se van sucediendo desde
los establecimientos comerciales. Las veredas se van llenado de
sueños y esperanzas, mientras la gente le otorga un ritmo
explosivo a la principal avenida.
Las luces del Casino permanecen
encendidas como queriendo iluminar la esperanza de los
apostadores. Las vitrinas de los Free
Shops regalan ofertas y promociones, mientras un turista
va registrando con su cámara algunas secuencias de la principal
avenida. Más allá un local con entretenimientos electrónicos
para que el hombre continúe compitiendo con la máquina. En una
vitrina junto a los championes de marca, el último grito en
materia de televisores, para que las vendedoras nos hablen de
pulgadas, marcas, definiciones y colores. También podemos
observar otros importados, que pasan por radios, grabadores y
equipos de audio que terminarán inevitablemente en las tarjetas
o el crédito naranja.
Ha pasado el verano, los
carnavales, la semana de turismo y en un circuito reiterado la
gente camina, pregunta, compara y a veces compra. Es el momento
ideal para que los habitantes en su gran mayoría se dediquen a
los problemas “domésticos” y conflictos olvidados durante la
temporada veraniega. Por un lado la intervención de la Junta
Local, mientras se buscan los votos para remover al Intendente y
tratar de renovar los cuadros para dinamizar la gestión
municipal. Para algunos hay dolo, para otros hay mala fe y para
otros negligencia administrativa, que
no roza la capacidad ni la conducta del Intendente.
Todo ha terminado, pero queda una
ciudad sumergida que no sabe cuál será su destino. Quizás no
baste la perseverancia ante factores adversos que generan
inestabilidad y algunos comerciantes tengan que bajar la
cortina, generando de esta manera más desocupación. En la
actualidad son muchos los riesgos que deben asumir quienes estén
dispuestos a iniciar una actividad comercial a la cuál deberán
dedicarle tiempo y mucho sacrificio personal y familiar.
|