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Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Punta del Diablo"

Entre la pesca y el turismo

Desde tiempos pretéritos el hombre ha buscado la proximidad de los ríos, arroyos, lagunas y mares para establecer sus viviendas con la seguridad de que encontraría en la pesca el principal renglón para su alimentación. De esta manera en las primeras décadas del siglo pasado se fueron estableciendo en esta zona del atlántico rochense los primeros pescadores artesanales dispuestos a desafiar en pequeñas embarcaciones los peligros que significaba internarse en aguas embravecidas.

Punta del Diablo fue por aquellos años el único pueblo de pescadores que junto a su característica tan especial fue creando una fisonomía propia que se ganó en pocos años las preferencias del turismo que visitaba el departamento.

 

 Catalogado como caserío, la población inicial estaba constituida totalmente por pescadores que fueron construyendo los primeros ranchos y casillas entre las dunas de la Fortaleza y el atlántico, otorgándole a la zona un encanto especial que iba generando un desarrollo turístico que superaba el ámbito local.

Varias generaciones nacieron y crecieron con el arrullo del mar, aprendiendo desde muy temprano todos los secretos de la pesca, lo que les permitía ir modelando su personalidad para un oficio tan duro como ingrato y peligroso. Ante esta situación y la necesidad de centralizar todos los esfuerzos que se encontraban dispersos, un elevando numero de pescadores se abocó a la formación de una cooperativa. De esta manera unas 43 familias iniciaron una nueva experiencia de convivencia social mediante la aplicación del sistema cooperativo. Las reuniones iniciales de aquella comisión se cumplieron en la escuela pública, que al igual que otras obras encaradas por la población, fue construida por los propios pescadores.

Por aquellos años la cooperativa disponía de de 20 embarcaciones y  una cámara frigorífica  destinada a la conservación de sus productos.

 

 Allí estaban integrando las primeras comisiones  Santiago Acosta, Walter Dinegri, Oscar Olivera, Lirio Rocha, Ruben Olivera, Blanco Veiga, Dosmar Acosta y otros vecinos cuyos nombres no recordamos. Es evidente que la actividad de este núcleo de pescadores estaba centralizada en la colocación de sus productos lo que facilitaba el crecimiento de la aldea, otorgándole una fisonomía única en la costa rochense.

 Fue en 1970 que la cooperativa vivió momentos de esplendor  realizando importantes exportaciones hacia Brasil y cubriendo buena parte del consumo interno. Al margen del bacalao la pesca blanca exportada a Brasil  estaba centralizada en la pescadilla, gatuzo y corvina. Fue el sentido comunitario de los pescadores  el factor fundamental para la formación de esta cooperativa que con el paso de los años y por distintas circunstancias fue desapareciendo lentamente.  El esfuerzo de los pescadores no fue suficiente y la falta de rentabilidad decretó el cierre de la cooperativa.

Ante esta situación los habitantes permanentes, lejos de desmoralizarse  buscaron una solución en los atractivos turísticos de la zona, para que los visitantes pudieran disfrutar en forma ordena del mar, las piedras y los médanos. También ha sido de fundamental importancia para la zona los trabajos artesanales realizados por las mujeres y los jóvenes donde se destaca la utilización de vértebras de tiburón y huesos de algunos peces. El mar ha permanecido siempre a disposición del hombre, como una fuente inagotable de riquezas. Sin embargo en la actualidad la pequeña aldea de pescadores  va cambiando lentamente su fisonomía para transformarse en uno de los polos mas importantes del turismo rochense. 

El ruido permanente de las olas que rompen junto a las pequeñas embarcaciones que descansan en la costa, esperando el turno para internarse nuevamente el las aguas embravecidas del atlántico. 

Don Conrado Eugenio Camaño fue uno de los primeros pescadores que se afincaron en la zona, utilizando pequeñas embarcaciones sin instrumental adecuado en un desafío permanente y abandonados a su propio esfuerzo, al internarse varias millas mar adentro. Su hijo Baltasar Camaño que compartió desde niño la aventura familiar, recuerda con nostalgia los pequeños ranchos construidos con paja del bañado y horcones del monte por donde se filtraba el pampero glacial. “Nos afincamos en Punta del Diablo en el año 1943, siendo mi padre el primer pescador en desafiar el atlántico en una pequeña embarcación a remo. No podíamos internarnos mucho porque la misma tenía 6 metros de eslora y uno de proa, lo que la hacía muy peligrosa para los días de temporal.

Queremos recordar algunos vecinos que se fueron radicando con el paso de los años; Isidro Acosta, Teodoro Martínez, Igidio Da Fonseca, Gabriel Martínez, Aparicio Silvera, Antonio Méndez, Agustín Agustín Martínez y Humberto Dinegri   La sal que utilizábamos la comprábamos en casa Fernández de La Coronilla, mientras que los compradores del bacalao venían desde Montevideo. En 1945 el hígado de cazón valía más que el bacalao por lo cual debíamos tener cuidados especiales guardándolos en tarros lecheros que nos proporcionaban los compradores. Cuándo mi padre vino para la Punta lo hizo para pescar con aparejo y hacía bacalao con la corvina negra. Cuando se encontró con una cantidad industrial de cazones resolvió cambiar la materia prima aumentando la producción. Los conocimientos primarios sobre la pesca los había adquirido  en una empresa radicada en la Barra de Valizas.

En el año 1947 nuestro bacalao obtuvo el primer premio en la Exposición Anual que organizaba la Cooperativa Agropecuaria de la ciudad de Castillos.  Luego vino Dinegri trayendo una lancha mayor teniendo como marinero a Ignacio Fernández.  La trajo por tierra desde el puerto del Buceo en Montevideo en un camión a gasógeno (carbón) pues "por culpa de la guerra no había nafta, y luego la transportó en un carro tirado por caballos propiedad del vecino Julián González.” 

Para finalizar esta nota sobre Punta del Diablo nada mejor que hacerlo con unos versos del  poeta castillense Antonio Rivera Massiotti:

 
“Cuándo me pongo a pensar,
el motivo no lo hallo
siendo un cerro tan bonito
el nombre es Punta del Diablo.
“La primer lancha pesquera
que en el cerro se instaló
fue de Conrado Camaño
él fue el primer pescador.

Chuy, Julio 19 de 2003

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