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Debemos señalar
en primer término que mucho antes de que llegaran a esta zona
los medicamentos, los habitantes recurrían permanentemente a las
plantas para curar diversas enfermedades.
Es fácil imaginar que por aquellos
años los pocos vecinos del núcleo poblado vivían sin
posibilidades de acceder a los medicamentos. Por ese motivo
algunas personas se dedicaban al suministro de yuyos, recibiendo
en algunas oportunidades el título de boticario que con el paso
de los años se fue transformando en farmacéutico. De acuerdo
a los informes recabados en las primeras décadas del siglo
pasado no existían en el norte rochense ni médicos ni
farmacéuticos, lo que fue facilitando el surgimiento de los
curanderos.
No llamaba
la atención que estas personas ejercieran sus “poderes” y
hasta diagnosticaran algunas
enfermedades, sin que se pudiera establecer mala fe
en sus actuaciones.
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Tampoco
eran extrañas algunas enfermedades “sobrenaturales” enviadas
directamente por los dioses, las que eran tratadas con
algunas yerbas medicinales, raíces y huesos de animales.
En algunos casos se cortaba parte de la piel del paciente y
se aplicaban ungüentos para “extraer” los dolores. En forma
simultanea se fueron incorporando al recetario una cantidad
infinita de plantas que eran recomendadas por curanderos,
parteras y personas mayores cuya “experiencia” les daba el
derecho a indicar un recetario y aconsejar la forma más
conveniente para el tratamiento. |
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El
mburucuyá es una de las plantas
recomendadas para casos de epilepsia, histerismo y crisis
nerviosas en general. |
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El método tradicional
consistía en hacer hervir las hojas de las plantas o yuyos y
luego dosificar a gusto para ingerirla varias veces al día y de
acuerdo a las enfermedades. Las plantas más utilizadas en
aquellos años ( y ahora) eran la
ruda, el tilo, malva, menta, carqueja, cedrón,
marcela, orégano, boldo, salvia,
carnicera, llantén y muchas otras que gracias a sus propiedades
curativas integran una lista interminable y difícil de analizar.
Pese a no tener muchas fuentes de
información, se dice que el 80 % de estas plantas son realmente
medicinales y que en la mayoría de los casos se llega a la
curación de algunas enfermedades. Entre las propiedades del
boldo por ejemplo se destaca que es un gran estimulante de la
digestión y la secreción biliar, aplicándose en tisanas para la
fatiga y la digestión. La yerba
carnicera por su parte es un diurético, descongestionante del
hígado y antirreumático. La salvia se utiliza en infusión para
trastornos nerviosos, vértigo, temblores y estados depresivos.
La menta está considerada como un gran estimulante estomacal,
actuando además contra el insomnio, vértigos y vómitos
nerviosos. La malva por su parte se aplica en infusiones para
afecciones digestivas y urinarias.
Estas y otras plantas de notoria
influencia entre algunos médicos son aprovechadas por sus
propiedades curativas, al haberse comprobado su extraordinaria
eficacia en la curación de algunas enfermedades.
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