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Los
promisorios comienzos de este balneario estuvieron a punto de
naufragar en la primera mitad del siglo pasado cuando el
espectacular desarrollo de La Paloma y La Coronilla volcaron
hacia sus playas el incipiente turismo que llegaba al
departamento. Sin embargo la promesa de tranquilas vacaciones
junto al atlántico y en las proximidades de la frontera fue
determinando un silencioso crecimiento del balneario. Fue de
alguna manea el “barrio” de Chuy, donde la clase media encontró
lo necesario para convertirla en un símbolo del “status
veraniego”.
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De esta manea La Barra se ha convertido en un privilegio
para una corriente turística que ha ido generando un
crecimiento con iniciativas individuales y sin contar con
el apoyo de los organismos oficiales.
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Cuando transcurren los primeros días de la temporada
estival se pueden arriesgar algunas opiniones sobre el
verdadero alcance de lo que puede ser la “la zafra
turística” del 2003.
La opinión
de comerciantes, hoteleros y operadores vinculados al tema han
señalado que la temporada será aceptable si tenemos en cuenta
las dificultades económicas que vive la región.
En otro
plano cabe señalar que los turistas que visitan la zona han
coincidido en destacar la importancia de este balneario, las
condiciones naturales del mismo y el poco apoyo que ofrece la
Intendencia y el Ministerio de Turismo para su mejor
explotación.
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