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En el baúl
de los recuerdos nos encontramos con algunas páginas que
marcaron a fuego la época dorada de los abuelos, donde
terminaban todas las reprimendas de los padres y cuya
protección determinaba el termino
de “malcriados”.
Cuantos
rezongos paternales finalizaban entre los brazos
de los abuelos cuando no se hacían los deberes o volvíamos
de la calle con la ropa sucia después del “picado”.
Abuelos que siempre estuvieron para cuidarnos, para
protegernos y también para enseñarnos, mientras
comenzábamos a formar nuestra adolescencia y construir los
primeros sueños.
La imagen de los abuelos nos
remite al pasado cuando fueron protagonistas y se pasaban
la noche esperando el regreso de algún nieto trasnochado
para que los padres no se enteraran. Hoy a la
distancia y con el paso de los
años, los vemos más frágiles y sensibles, con los
recuerdos de un pasado lejano salpicado de charlas,
anécdotas y travesuras. Fueron los
abuelos quienes construyeron los primeros juguetes o la
cuna de madera que luego pintaban de cualquier color sin
tener en cuenta, porque no lo sabían que el plomo era
perjudicial para la salud. Ni soñábamos con el
Nintendo,
Play Station o juegos de
video. Allí estaban los caballos de madera y los autos
artesanales que fabricaba el abuelo sin tener en cuenta
el cinturón de seguridad, pero con la seguridad de que
eran portadores de la máxima felicidad a que se podía
aspirar en aquellos años y que bastaba para espantar el
aburrimiento.
Como olvidarnos de la vieja
y querida Singer donde la abuela remendaba y confeccionaba
toda la ropa familiar para las cuatro estaciones. Por lo
general eran los abuelos quienes nos acercaban los
primeros libros de cuentos infantiles que recreaban
nuestra imaginación. Por allí andaban “Caperucita Roja”,
la “Cenicienta” o “Blanca Nieves” que conjuntamente con
otros relatos iban alimentando nuestra
imaginación. Mientras los recuerdos fluyen van desfilando
situaciones y costumbres que integraron el mundo mágico
del siglo que se fue. Es posible que muchos recuerden con
un dejo de nostalgia el auge que habían experimentado las
tarjetas en las primeras décadas del siglo XX.
¿Recuerda
abuelo? Era realmente un placer recibir aquellas tarjetas
de navidad, año nuevo, felicitaciones o alguna invitación
con sabor familiar. El principal detalle de estas tarjetas
y que determinaba las preferencias del público estaba
relacionado con las combinaciones multicolores que
adornaban su entorno y donde se estampaban las
invitaciones y buenos deseos de sus remitentes. El
“ boom”
de las tarjetas se mantuvo hasta la década del 80, cuando
las circunstancias económicas fueron mellando los afectos
y los buenos deseos de los remitentes.
Entre muchos recuerdos
surgen nítidamente los famosos abanicos multicolores cuya
utilidad y calidad estaba vinculada a la situación social
y a las circunstancias en que debían usarse. Existían
abanicos para la casa, para llevar al circo, a los
velorios y para ir a los bailes. Algunos tenían un mango
largo o de mano, cuadrados, ovalados o redondos. Para la
fabricación se utilizaban cañas, juncos, cartón, seda o
simples trozos de bambú. Eran plegables y de mucha
utilidad durante el verano haciendo las veces de
ventilador manual. El progreso con sus equipos de
refrigeración y ventiladores eléctricos fue decretando la
muerte de estas prendas que en nuestra niñez estuvieron
siempre en manos de las abuelas. Como olvidar al abuelo
campesino casi analfabeto que venía desde Cebollatí para
llevarnos a las vacaciones rurales. Durante la mañana
recorría el campo en un caballo sin elegancia que había
domesticado lentamente y sin apuro durante 5 años. En esa
recorrida con una ternura de chiquilín iba recogiendo
huevos de terutero que escondía cerca del galpón para que
pudiéramos encontrarlos sin mayores dificultades al caer
la tarde.
¿Recuerda abuelo? Que era
fácil encontrar en los baúles, viejas cartas de amor que
atestiguaban alguna relación sentimental no siempre
cristalizada con el matrimonio. El sobre forrado con un
costo superior, tenía otra presentación y como se dice
ahora otorgaba mas “status” al
remitente. En la actualidad resulta muy difícil recibir
correspondencia, salvo alguna factura de las tarjetas de
crédito. Lo primero que mirábamos al recibir el sobre era
el nombre del remitente y luego el sello del correo con
destacadas figuras de la historia, que comenzábamos a
coleccionar por poco tiempo. Era fácil encontrar viejas
revistas entre las que podemos destacar ejemplares de
Caras y Caretas, Patoruzú, el
Gráfico, Billiken, la revista
El Hogar con notables colaboraciones de Horacio
Quiroga, tarjetas postales,
fotografías de Gardel y jugadores de fútbol del cuadro
preferido.
¿Se
acuerda abuelo? Cómo no mencionar a las calesitas que por
lo general se establecían en los baldíos existentes frente
a la plaza o en las proximidades de la sede del Club San
Vicente. Eran la máxima diversión para los niños de la
época que jineteando los caballos de las calesitas hacían
girar también el mundo de sus fantasías infantiles.
Destreza y habilidad para ir desafiando los
límites
y las dificultades que la propia vida les iba imponiendo.
¿Se
acuerda abuelo? del
Reporter
Esso, cuando el 8 de mayo de 1945 anunciaba por los
micrófonos de Radio Farroupilha
la rendición incondicional de Alemania, poniendo fin a la
guerra mundial. Recuerda que los pocos habitantes de esta
frontera salieron a la calle para festejar la caída del
nazismo y años más tarde se tuvo conocimiento que el
Gobierno de los Estados Unidos tenía un plan para invadir
algunos estados brasileños en caso de que el presidente
Getulio Vargas adoptara una
posición a favor de Hitler.
Según estos documentos se debía controlar los Estados de
Río Grande del Sur y Santa Catalina donde residía más de
1.000.000 de alemanes y sus descendientes. La rendición
evitó finalmente males mayores, aunque durante los
festejos en algunas ciudades brasileñas se produjeron
invasiones y saqueos en domicilios y comercios de
ciudadanos alemanes.
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¿Se
acuerda abuelo? Por aquellos años se nacía se moría y
lo velaban en su propia casa.
Hoy
todo ha cambiado. Los que pueden nacen y mueren en el
sanatorio, los otros nacen en los hospitales y mueren
en algún hogar de ancianos, solos y olvidados...
aunque el almanaque nos diga que el 19 de junio
es el DIA DEL ABUELO. |
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Eugenio Torres y familia, Año 1916 |
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ABUELOS
Se durmieron con el siglo en
agonía
en la siesta del milenio sin
edad
se escaparon para siempre de
la vida
con su carga de ternura y
soledad
Vida larga de abuelos
olvidados
en oscuro rincón de la
existencia
en la esquina de la vida se
han quedado
sufriendo en silencio, olvido
y ausencia
(Recitado)
Estatuas vivientes
mirando la vida
sonrisa perdida
de abuelos humanos
encuentro permanente y
despedida
cordiales y amables extienden
la mano
Se cansaron de vivir en el
olvido
agonía del abuelo en un portal
territorio de la infancia que
se ha ido
con su carga de ternura y
soledad.
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