|
“NO
QUEREMOS SER MEJORES QUE NADIE, PERO QUEREMOS TENER DERECHO A
SER LO QUE SOMOS.”
 |
|
No
podemos negar que los “gaúchos” brasileños y los
gauchos orientales fueron negados en muchas oportunidades,
existiendo viejos documentos donde son tratados en forma
peyorativa.
No
faltaron tampoco los escritores que trataron a los gauchos
de vagabundos, haraganes y pendencieros.
Las
modalidades propias del trabajo rural, permitía por aquellos
años que un elevado número de gauchos estuviera dispuesta a
colocarse en el sombrero alguna divisa que lo identificara
con los caudillos durante las guerras.
|
En las
grandes estancias se podía observar siempre un elevado número de
“agregados” que no ganaba salario, pero que estaban vinculados
al patrón por lealtad partidaria. Como siempre estaban a la
orden participaban en las yerras, domas, esquilas y otras
actividades rurales, donde en algunas oportunidades eran
remunerados. Por lo general no trabajaban la tierra, salvo
en circunstancias extremas y obligados por la necesidad. Como la
carne era abundante y gratuita estando al alcance de todos era
fácil mantener la condición de “agregado” durante todo el año.
En algunas
oportunidades los gauchos se transformaban en cazadores de reses
salvajes, alternando el beneficio material con la inclinación
natural que sentían por los ejercicios violentos, poniendo en
evidencia su destreza física. Por esos años surgen las
boleadoras, un utensilio heredado de los indios y que al margen
de ser una herramienta de trabajo era utilizada como arma de
combate. El boleador era un personaje especial, rodeado de
cierto misterio por su habilidad y coraje, lo que le daba cierto
prestigio en el medio rural. Este personaje debía estar
actualizado y conocer el pago de sus acciones con sus intrigas y
resentimientos para manejarlos en su provecho.
Siempre
estaba listo para participar en toda convocatoria del caudillo
o simplemente para viajar varias leguas en persecución de alguna
hacienda cimarrona. Solían internarse en regiones desconocidas
y peligrosas que ponían a prueba su valor, lo que servía para
acrecentar su prestigio. Todos ellos ofrecían una destreza
extraordinaria en el manejo de las armas y el caballo, como así
también una gran resistencia para cabalgar durante muchas horas.
Con el paso de los años estos hombres rudos se transformaron en
el material deseado para las guerras civiles que ellos tomaban
como una vaquería gigante donde el peligro no contaba. Estaban
tan endurecidos por el medio que la guerra se convertía en una
fiesta donde tenían que poner de manifiesto el valor y el amor a
la divisa del caudillo. Sin embargo aquellos gauchos no estaban
sujetos a la disciplina militar, aunque marchaban a la guerra
con el mismo entusiasmo que iban a una festividad campera.
Sin
embargo en la actualidad no podemos negar que el desarrollo
alcanzado por los medios de comunicación esta determinando un
proceso natural de mutación que pasa por sus usos y costumbres,
hasta su manera de ser y de expresarse. Los nuevos tiempos han
ido cambiando la vestimenta y hasta la comida del gaucho, donde
el tradicional churrasco diario a pasado a ser semanal o
mensual. Junto al asado a las brazas también ha ido
desapareciendo el lenguaje de los gauchos y salvo en algún
desfile, vemos pocos gauchos en la vía pública con sus
bombachas, botas, espuelas, pañuelo al cuello y el tradicional
“chambergo ladeao”.
A todo
esto deberíamos agregarle el chiripá y las boleadoras para tener
un personaje casi en extinción. Hace algunos días pudimos
comprobar en una yerra, algunos gauchos en motonetas, utilizando
celular y con una vestimenta que pasaba por el gorro
característico de una conocida figura del básquetbol americano,
camisa con propaganda de una multinacional y tenis usados por
los famosos del deporte mundial. No decimos que esto está mal,
señalamos simplemente que también los cambios están llegando a
nuestra campaña, aunque algunos digan que “ya no da más criollos
el tiempo”. Resulta muy difícil que en la actualidad podamos
observar por las calles fronterizas la presencia de los gauchos
como sucedía antiguamente.
Aún
reconociendo que el hombre de la campaña visita en forma
reiterada la ciudad, será muy difícil que podamos identificarlo
por su vestimenta y objetos de uso personal que lo acompañaban
permanentemente en el pasado. Resulta muy raro encontrar un
gaucho haciendo gala de algunas prendas que fueron símbolos
tradicionales y que pasaban por las bombachas, botas de cuero,
el poncho, cuchillo a la cintura y hasta el inseparable
cimarrón. Todos estos utensilios estuvieron siempre muy ligados
a la historia del gaucho que las consideraba como piezas de
estimación.
El
cuchillo fue siempre una de sus herramientas inseparables,
tanto en la guerra como en la paz, y tenían además un gran valor
artesanal puesto que sus empuñaduras eran talladas en guampa,
madera o de plata y oro con las iniciales de sus dueños, y hojas
de acero utilizando para ello alguna bayoneta. Por otro lado y
cruzando la línea divisoria, señalan los historiadores
brasileños que le ha correspondido a los gauchos riograndenses
una destacada participación en la conquista de la independencia
norteña, pero que también los cambios que vive el mundo en la
actualidad, ha llegado al hombre de campo. Fueron los “gauchos”
riograndenses los que un día le dijeron basta al centralismo y
proclamaron a los 4 vientos que no querían seguir sometidos y
que estaban dispuestos a jugarse la vida para conquistar su
autonomía. Fueron estos gauchos de Río Grande los depositarios
de muchas ilusiones de un pueblo dolorido y explotado. Hace
muchos años, allá por 1985 el presidente de la Asamblea Renan
Kurt, preguntaba durante un memorable discurso como se
comportarían los gauchos farroupilhas al pedir “con el sombrero
en la mano que les devolvieran lo que les habían usurpado,
pidiendo limosna al poder central, permitiendo y aceptando que
los gauchos continuaran siendo explotados por el sistema
financiero. “No queremos ser mejores que nadie, pero queremos
tener derecho a ser lo que somos” expreso finalmente el
presidente de la Asamblea. Los gauchos que poblaron estas
tierras fueron los que ayudaron a construir la historia de Río
Grande do Sur. Es posible que estemos galopando demasiado fuerte
y por eso vamos perdiendo la perspectiva de nuestros gauchos a
favor de nuevas costumbres.
Mientras
van desapareciendo lentamente los gauchos con su tradición,
también el caballo que fuera principal protagonista y compañero
inseparable en memorables jornadas tiende a desaparecer. Esta
imagen viene del fondo de la historia si tenemos en cuenta que
fue Don Pedro I en las márgenes de Ipiranga que pronuncio el
grito histórico desde su caballo. Ese amigo inseparable del
gaucho tenia que haber estado junto a Marechal Deodoro, cuando
aquel 15 de noviembre le grito al Brasil entero “VIVA LA
REPUBLICA”.
La
grandeza de los gauchos estuvo siempre permanente entre quienes
integraron la Revolución Farroupilha, con sus dramas y sus
amores suspendidos durante 10 años de cruentas batallas. El
siglo pasado fue marcado a fuego por los gauchos de Río Grande
que escribieron con su sangre una de las páginas más hermosas
de la prolongada lucha contra el Imperio. Para entender mejor el
espíritu de los gauchos de la Revolución Farroupilha debemos
decir que también ellos tenían una visión distinta de la
civilización que se les querían imponer, lo que le otorgaba un
carácter casi romántico a la patriada. Entre muchas voluntades
en discordia se destacaba la presencia de Bento Gonçalves,
Canabarro, Fontoura y muchos otros revolucionarios que han
generado grandes discusiones históricas.
Sin
embargo no se puede discutir la personalidad humana y gauchesca
que afirmaba su lealtad a los principios revolucionarios, aunque
tuvieron una visión distinta sobre la Republica de Piratini.
Fueron gauchos riograndenses los que escribieron las páginas de
la “Sorpresa de Porongos”, el Tratado de Poncho Verde, de Río
Pardo o de Seival. Sin embargo no todo ha desaparecido, quedan
todavía algunos gauchos apegados a las tradiciones y con
capacidad para continuar con las tareas camperas y demostrar que
“sigue dando criollos el tiempo.”
|