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Quienes han sido testigo de las
transformaciones que ha experimentado esta frontera en los
últimos 50 años, aseguran que en cada década y a su manera la
población ha mantenido un espíritu emprendedor por encima de
los vaivenes que pueden haber generado las economías de ambos
países.
En esta sucesión de recuerdos
podemos citar algunos comercios que surgieron en la primera
mitad del siglo pasado y se mantuvieron durante muchos años,
constituyéndose en pilares fundamentales del desarrollo zonal.
Entre varios establecimientos comerciales hoy desaparecidos
queremos destacar en esta crónica a Casa Fernández que durante
varias décadas soportó las transformaciones que iba imponiendo
el comercio brasileño con precios competitivos en distintas
áreas. Durante muchos años se mantuvo invulnerable a los
cambios económicos que se registraban en ambos países,
cimentando su reputación y su solidez financiera conjuntamente
con la sucursal de 18 de Julio y la casa central de La
Coronilla. Su permanencia la convirtió en la firma comercial más
importante del norte rochense.
DON LEOPOLDO FERNÁNDEZ
TUÑON
La historia comienza el 31 de
marzo de 1908 con la llegada del joven Leopoldo Fernández
a la localidad de San Miguel para trabajar en el establecimiento
comercial de Manuel Gallego.
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Como lo
señalara la revista Castillos en 1966, el joven Leopoldo
“tenía confianza en si mismo, se sabía dueño de una labor
metódica y constante. No
transcurrió mucho tiempo en que Gallego
lo asociara al giro de sus negocios, a los cuales también
se unieron posteriormente Luis Manuel Gallego, Jesús
Fernández y José Fernández, extendiendo sus actividades a
Paso de San Miguel, Chuy y La Coronilla en 1924.
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Leopoldo
Fernández y sus hijos, Antonio, Leopoldo y Máximo, año 1962. |
Con el paso de los años se fue
convirtiendo en único propietario de algunas sucursales
agregando diversos rubros y convirtiéndose en un ejemplo para la
iniciativa privada en el norte rochense. Viene luego la sucursal
de Chuy con despachante de aduana desde 1939, dedicada
conjuntamente con la de 18 de Julio a la explotación de ramos
generales con almacén, tienda, ferretería, barraca, artículos de
construcción y acopio de frutos del país, incluyendo panadería,
estación de servicio, Agencia Texaco
y representación de Funsa.
Posteriormente quedaron al frente
de la firma sus hijos Antonio, Máximo y Leopoldo y sus yernos
Liborio Fernández y Aldo Martínez conjuntamente con su sobrino
Vicente Fernández Gallego.
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Por suerte
para estas evocaciones existen en el balneario y en esta
ciudad algunos investigadores que con mucha seriedad se han
dedicado a rescatar detalles ignorados de algunos sucesos de
la vida cotidiana de estas poblaciones durante el siglo
pasado y donde Casa Fernández fue testigo y protagonista
del desarrollo comercial del norte rochense.
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Casa Fernández Sucursal Chuy.
Desde la derecha: Rolando Rodríguez, Tomás
Corbo, Aldo Martínez, Norberto
Casal, Verilda
Viojo, Nena Moreno, el niño
Daniel Martínez y Selva Rodríguez. Entre los primeros
carroceros de esta sucursal se encontraban
Belarmino Lima, Rafael Núñez y
Cándido Cedrés. |
Entre esta
documentación y como capítulos de una larga historia donde
se entrecruzan situaciones y experiencias personales, que
nos hablan de un puñado de hombres que también con sus
actividades comerciales se fueron complementando con Don
Leopoldo para ir cimentando el desarrollo de La Coronilla.
Podemos citar al panadero
Santos Bermúdez, la hotelería de Agustín Pereyra, al
telegrafista Vázquez, al camionero Oroniel
Martínez, al carpintero Ledesma, al panadero Noguera, al
carnicero Juan José Núñez, al peluquero Prieto, a Diego con el
cine, a Cazuriaga con los
ladrillos, doña Coca con las comunicaciones telefónicas, a
Pitinga con sus alumnos y al Hugo
Amaral en el mostrador de la
O.N.D.A.
Señalaba el periodista Romeo Casas
Garibaldi en Nuestro Horizonte que
la familia Fernández tenía su lugar veraniego al sur del canal
de Andreoni y la casa del Dr. Valiño
estaba ubicada al norte de esa corriente de agua creada por el
hombre para “aliviar” a los anegadizos campos linderos a
Potrero Grande, bañados de Santa Teresa y Laguna Negra. Como
ello era un obstáculo para que ambas familias se visitaran, don
Leopoldo hizo construir el primer puente colgante que existió en
la región. Cuándo llegaba de Castillos la familia Valiño y
Sueiro pasaba primero por la casa
comercial de don Leopoldo. Luego por las noches, unos u otros
cruzaban el mentado puente, para disfrutar de amables tertulias,
tomar mate y jugar a los naipes. Todavía existen construcciones
que fueron escenario de encuentros entre esos dos amigos.”
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