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Las
palabras de Marta Arredondo, la hija de don Horacio durante
el homenaje realizado en el corazón mismo de Santa Teresa,
estaban comprometiendo esta nota largamente postergada para
reunir elementos que pudieran destacar la obra realizada
durante muchos años para poner la histórica Fortaleza al
servicio del turismo nacional e internacional.
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Señalaba Marta en una parte de la
nota, que su padre solo pudo ver algo de lo realizado,
“ y si bien no pasamos momentos muy
difíciles fue porque en aquellos año era muy natural enfrentar
aquellas dificultades que hoy a la distancia pueden llamarnos la
atención.
No habían transportes y
para venir desde Montevideo, demorábamos tres días. |
En algunas oportunidades
viajábamos en ferrocarril hasta Rocha y luego en autos hasta la
Fortaleza, superando los inconvenientes del camino y algunos
“peludos” espantosos, por culpa de los cuales en algunas
oportunidades tuvimos que regresar en diligencia hasta
Castillos, porque las lluvias o los extensos arenales no
permitían que los automóviles pudieran proseguir. Cuándo se
iniciaron las plantaciones lo primero que hizo mi padre fue
alambrar el predio para evitar que los animales comieran los
pequeños arbolitos. De esta manera tanto los pinos como el pasto
que iba creciendo fue fijando las arenas y facilitando la
construcción del parque en una zona muy despoblada en una
extensa campaña y estancias vecinas que lentamente fueron
colaborando con mi padre, ofreciendo personal y aportando lo
poco que tenían.
Nos manejábamos fundamentalmente
con las diligencias, que eran unos carromatos de color negro
con hule en los costados y ventanas de mica, asientos de madera
con un almohadón. Para nosotros no era un sacrificio realizar
estos viajes interminables, sino que era todo muy natural y
hasta lo disfrutábamos de alguna manera. Han pasado tantos años
que hoy cuando deposité las flores donde descansa mi padre se
me cayeron las lágrimas y evocamos a la distancia al personal
que lo acompaño en esta empresa. Mi padre logró algo que resultó
fundamental para llevar adelante esta empresa: conseguir que los
trabajadores amaran el parque en formación como si fuera suyo.
Hoy al recordar tantos nombres siento una gran emoción por lo
que ellos representaron para mi padre y el parque y porque
también me protegían permanentemente, puesto que yo era una
niña.”
“TU Y ESTA
TIERRA HURAÑA DE SANTA TERESA”
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Para
culminar esta nota evocativa y conocer la personalidad de
don Horacio Arredondo nada mejor que ofrecer el prologo del
libro Santa Teresa de Rocha, del escritor Miguel Víctor
Martínez publicado en el año 1936 y donde hace referencia al
trabajo realizado en esta fortificación. “Este libro es
para ti, Horacio Arredondo.
El destino
que he querido darle no importa, es una ofrenda de gratitud
a cambio de tanto beneficio recibido. |
La gratitud que yo guardo para ti
escapa a los límites de estas páginas, porque proviene de un
fervor cuyo más alto mérito radica en haber nutrido mi espíritu
frente a la naturaleza salvaje, con sensaciones insospechadas y
profundas a la vez. Tú y esta tierra huraña de Santa Teresa,
están definitivamente consustanciadas. No es posible mirar estos
paisajes, sin que lo más acendrado de tu alma se trasluzca en
las piedras del fuerte, en los bañados y en las dunas que lo
circundan. Hace 20 años que cruzaste por primera vez la
Angostura, en una jornada penosa, desde San Carlos a la
Fortaleza.
Fue tu primer viaje y fue también
tu primer angustia. Las depredaciones
habían dejado su huella brutal en la severa reliquia histórica,
olvidada por los hombres civilizados. Del grave portal de
entrada solo quedaban los fuertes goznes herrumbrosos, los
sólidos bastiones y los sillares labrados se abrían en anchas y
profundas grietas por donde se estiraban los fuertes brazos de
los árboles silvestres. Dentro del Fuerte, entre la espina de la
cruz se recogía de noche el ganado chúcaro y las dunas en
continuado avance envolvente, subían ya por los flancos del
cerrezuelo en cuya mayor elevación se asienta el gran pentágono
de piedra.
Era una cosa perdida y olvidada
esta fortaleza cuando tendiste el arco de tu voluntad sobre sus
muros para arrebatarla de la mutilación. Y han pasado cuatro
lustros. La reliquia perfila ahora en el aire, sus cinco ángulos
salientes con sus baluartes poderosos y sus garitas. Destaca
sobre la colina sus amplios muros guarnecidos de
almenas, sobre los cuales la luz de
las horas aplica tonos broncíneos, acres, azules y dorados.
Tu
detuviste esa fuerza de rocas, traídas por la fuerza del mar y
ahora el viajero que por primera vez cruza por esta zona logra
divisar a la distancia, desde la vuelta de aquel cerro que se
levanta frente a la estancia de Rivero, la línea adusta del
Fuerte. Sin embargo no limitaste tu esfuerzo a la restauración
de la Fortaleza. Sentiste otra inquietud. Quisiste que sobre
esta tierra áspera , encerrada entre
el mar y los bañados, se levantase también cerca de la
monumental obra de piedra, el verde fresco de las plantaciones.
Y levantaste más de un millón de árboles. Nadie podrá medir con
exactitud tu esfuerzo en los diseños preliminares de este
inmenso parque en formación. Nadie logrará abarcar la síntesis
de tus grandes entusiasmos y también de tus grandes dolores en
el ajuste de ésta obra exclusivamente tuya, cuya imponente
belleza definitiva no alcanzarán a ver tus pupilas, porque la
vida humana corre mas a prisa que este lento crecer vegetal,
sobre arenas ya fertilizadas y fijas. He aquí los pinos, que
levantan sus copitas como candelabros sobre las arenas; he aquí
los eucaliptos que de un verde más claro y las acacias con sus
pequeñas borlas de oro, trepándose sobre las cuchillas; y he
aquí los tiernos robles y los cedros plateados al abrigo de las
ráfagas marinas.”
Como podemos apreciar el escritor
Martínez va describiendo cronológicamente el trabajo realizado
por Don Horacio Arredondo para recuperar la histórica
fortaleza.
Chuy, noviembre 30 de 2003 |