Chuy, ayer y hoy...

 
Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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"18 de Julio"

Festeja su Centenario

Con distintos actos el pueblo de 18 de Julio conmemora  sus primeros cien años de existencia, reclamando mayor atención a los problemas que enfrenta la población y apostando a nuevas alternativas de desarrollo. Se trata de un acontecimiento que no se da todos los días y que permitirá revivir crónicas, reseñas y anécdotas  relacionadas con su fundación y la influencia que ha tenido en el ámbito zonal.

Se cumple hoy, el centenario de esta población que tras una fecunda actividad social y cultural ha mantenido la vigencia de sus principios y la llama de su identidad ciudadana. No es poca cosa llegar a los 100 años y haber mantenido intacto su amor al terruño, luchando siempre por su bienestar y contra el monstruo del centralismo fronterizo que le fue quitando muchas cosas importantes. En esta breve evocación queremos recordar a caracterizados vecinos  que estuvieron desde el primer momento en la línea de fuego para defender sus conquistas y luchar por otras que significaban progreso y bienestar para la población.

Por allí anduvieron muchos nombres identificados con los montes nativos, con el arroyo, con el Fuerte y sobre todo con la naturaleza petrificada que circunda la zona. Entre muchos Juan Lasa, Manuel Gallego, Elias Pons, Margarita Contreras, Darío Moreno, Juan Rodríguez, Segundo Ferreira, Miguel Gatti, y Gregorio García entre muchos. Estos son algunos de los hombres y mujeres que esperaban la salida del sol sobre las sierras,  con esperanza, con fe y hasta con rebeldía  cuándo las ambiciones humanas les quitaban algunas conquistas que habían ganado por derecho propio. Los apuntes de don Gregorio García para la publicación  ITA PURAJEI TAVA de  Aecio, Alcides y el “Pico” se transforman en documento oficial cuándo señalan: “Pueblo 18 de Julio fundado por doña María Francisca Da Costa de Techera en el año 1903 cuando demarcó ocho manzanas con sus solares y la plaza al centro donde actualmente  está el basamento para levantar el monumento al General don José Gervasio Artigas.

Los primeros pobladores de estas 8 manzanas, fueron 3 manzanas Este y Sur Oeste: don Serafín Mansilla, don Adelino Fernández, doña María y Catalina de Moreno, el moreno Perfidio Correa y frente, a calle por medio, don Faustino H. Da Costa y su esposa Doña Reinalda Techera de Da Costa; al Sur 1 manzana con Alejandro Rotela y Juan Moreno; más al Oeste  el señor Epaminondas  Rocha y el Pardo Aguirre y Ciríaco Acevedo; al Noroeste Antonio Cardozo y la parda María; al Norte Bélica Dos santos y Juan B. Fernández.” Señala luego don Gregorio que 2 el 9 de julio de 1909 fue nombrado pueblo por la gran intervención de don José Gatti (padre) el cual junto a don Segundo Bustamente, o sea la firma Bustamante–Gatti, hicieron sus locales de importancia comercial, pero el primer comercio fue el de la casa de don Adelino Fernández.”   

EL HISTÓRICO FUERTE DE SAN MIGUEL

Una vez más el aporte de nuestros lectores nos permite, rescatar algunos datos importantes sobre  la construcción del histórico Fuerte de San Miguel, ubicado a 10 kilómetros de la frontera y dominando el este de nuestro país.

 

Y junto a muchas reliquias que preserva el Fuerte se encuentra la capilla con sus recuerdos coloniales entre paredes de piedra.

 Muebles y utensilios de la época con vitrinas que nos ofrecen  diversas colecciones de nuestro pasado indígena, mapas, documentos, armas y estandartes expuestos cuidadosamente.

 A su alrededor se puede observar un parque arbolado con una extraordinaria variedad de plantas que conjuntamente  con una abundante fauna de aves y mamíferos autóctonos representan uno de los mayores atractivos turísticos del departamento. Se trata de otra reliquia de la secular disputa  hispano-portuguesa y su construcción fue a la inversa a la Fortaleza de Santa Teresa, pues los primeros aquí fueron los españoles pues en 1734 el alférez Esteban del Castillo, con una partida de dragones y luego de haber hecho retroceder una incursión portugués, construyo un Fuerte en este lugar, utilizando panes de tierra cubiertos de césped y abandonándolo cuatro años más tarde al firmarse la paz entre las dos cortes peninsulares.

Años más tarde (1737) el brigadier Da Silva Páez  obedeciendo ordenes que violaban lo pactado en el tratado vigente, tomo posesión de la zona y edifico un fuerte de piedra, protegiéndolo con seis piezas de artillería  y una guarnición de Infantes y Dragones. El lugar elegido para su construcción está ubicado en la cumbre del último  cerro en un territorio rodeado de bañados. La misma está dotada de cuatro baluartes con un camino de ronda al pie de la muralla y fue levantada empleando piedra de la zona, asentada en tierra arcillosa equilibrando con lascas y barro a los efectos de darle mayor estabilidad. También existen pequeños sectores asentados en cal y arena, otros con revoques y algunos simplemente con tierra. En las aristas de los baluartes y en los parapetos, el trabajo de piedra era más cuidadoso. Las troneras son de piedra de sillería, de granito de Santa Teresa, hechas en este lugar así como lo dinteles y jambas de las aberturas de las construcciones interiores. La Plaza de armas, de forma trapezoidal, está  flanqueada por las construcciones correspondientes a la comandancia, cuerpo de guardia y alojamiento de oficiales, cuadra y capilla.

En 1763 cuándo Ceballos conquisto la  fortaleza, ordenó que su vanguardia, al mando del capitán Alonso Serrato  tomara posesión en San Miguel. La guarnición del Fuerte con su Jefe Álvez Ferreira no tuvo más alternativa que  capitular, cayendo en poder de Serrato 15 cañones, ochenta quintales de pólvora, tres mil setecientas cincuenta y seis balas, ochenta y nueve bombas  y dos morteros.  Habiendo caído en el abandono durante el siglo siguiente y en estado ruinoso fue reconstruida  bajo la dirección de Horacio Arredondo y trasformada en  Museo Militar. 

AUGUSTE DE SAINT HILAIRE ESTUVO ACÁ 

Si tuviéramos que detenernos en algún personaje famoso que hubiera visitado la zona en su estado natural  en el siglo XIX, tendríamos que detenernos en la   figura del científico  francés Auguste de Saint Hilaire quien al margen de sus trabajos, dejó para la posteridad algunos comentarios sobre el norte rochense. Cabe señalar que durante la  estadía fue registrando en su diario distintos aspectos del arroyo San Miguel y  el Fuerte del mismo nombre. En octubre de 1820 señalaba que “Desde la casa del Comandante me dirigí hacia San Miguel. Guiado por un soldado atravesé praderas sin caminos. Vi  en este recorrido -solo de 13 leguas- una gran cantidad de cabritos. Un poco antes de llegar a la sierra se encuentra el río que le da su nombre. Ahí un soldado del destacamento de guerrillas establecido en San Miguel, vino a cumplimentarme de parte del capitán que comanda ese destacamento. El río tiene poca extensión  pero es bastante profundo. Nuestros caballos  lo atravesaron a nado y nosotros en una canoa, arribamos a la extremidad de la sierra que extiende más o menos de N.O.  a S.E.  y puede tener, me han dicho, 5 leguas de largo. Acá el río serpentea en medio de una pradera cubierta de hierba verde. Del lado derecho hay algunas chozas y del lado izquierdo se extiende una vasta gramilla, a través de la cual  se ve la sierra, que no tiene más elevación que la de una colina.”

Relacionado con el Fuerte el célebre botánico señalaba en su diario que “su cima presenta un aspecto desigual y redondeado cubierto de grandes piedras alrededor de las cuales  hay una  pequeña  fortaleza arruinada, rodeada de arbustos y de grupos pintoresco de tunas. El capitán de guerrillas se juntó conmigo del otro lado del río. Subimos a la sierra y después de haber dado algunos pasos, llegamos a la casa del capitán que es una pobre choza compuesta de sala y de dos pequeñas piezas. Las puertas estaban reemplazadas por esteras que se retiran durante el día y se ponen al entrar la noche. El capitán me hizo tomar mate y enseguida me llevó a la Fortaleza, que está situada a algunos pasos de su casa  y por consiguiente, en la extremidad septentrional de la sierra. Está construido con piedras de cantera del mismo lugar, sus muros tienen poca elevación y espesor; presenta un cuadro cuyos ángulos están franqueados por una garita. No tiene más puerta, la hierba crece sobre sus muros y alrededor se alzan grupos cerrados de tunas espinosas. Desde los muros  de la Fortaleza se descubre la vista de una inmensa extensión  y por todos lados vastas llanuras cubiertas de praderas. Después de haber salido de la Fortaleza pasamos delante de las barracas que sirven de habitación a los soldados. Son casas extremadamente bajas, hechas de tierra y cubiertas de paja todas situadas en línea. Enfrente de ellas está el cuerpo de guardia, choza cuyo medio aparece enteramente cubierto. Lo soldados de aquí  están actualmente todos en uso de licencia.”   

DON “COCO” GARCÍA Y SUS PICAPEDREROS 

18 de Julio no soporta todavía la voracidad inmobiliaria que  en nombre del progreso va eliminando antiguas viviendas, árboles y también la vieja costumbre de sentarse en la vereda para tomar mate y conversar con los amigos. Se trata de un pueblo pequeño y tranquilo que ama profundamente sus raíces, identificando permanentemente a sus hombres, mujeres y niños con la naturaleza circundante. No podemos olvidar en se centenario a los profesionales de la piedra que contribuyeron con su esfuerzo a cimentar una tradición de gran arraigo popular. Por ello un recuerdo para los picapedreros. Una profesión tradicional en la Sierras y reconocida en todo el territorio nacional por el trabajo artesanal que realizaban estos “profesionales” de la piedra.

La extracción del material y su posterior labrado significó durante muchos años un importante aporte para el desarrollo económico de la población. Se trataba de trabajadores autóctonos que eran contratados por su especialidad, no teniendo mayor competencia con los obreros comunes que no siempre dominaban esta profesión.  Las canteras existentes en la zona y la gran cantidad de piedras  acumuladas en el área circundante han permitido el arreglo de calles y la construcción de varios edificios en diversos centros poblados del departamento.  Sin embargo los picapedreros han ido desapareciendo lentamente al convertirse en un oficio especializado pero  mal remunerado y muy sacrificado.

El Parador y el Fuerte que están considerados entre los mayores monumentos históricos del patrimonio uruguayo, acercándonos diariamente  a la generación pasada, representan además  el sacrificio, el trabajo y 14  años de dedicación de muchos obreros que con Gregorio García en la dirección gestaron finalmente la iniciativa del Dr. Baltasar Brun. Hace algunos años vencimos la resistencia de don “Coco” para que nos contara algunos detalles de la histórica reconstrucción del Fuerte. Ordenó sus pensamientos y comenzó señalando que “todo comenzó allá por 1915 cuando abandoné mi tarea de carrero para hacer los primeros postes de piedra. La llegada del presidente de la República que era en aquella oportunidad Baltasar Brun determinó que comenzaran los estudios para poder reconstruir las fortalezas de Santa Teresa y San Miguel. En esa oportunidad el fuerte se encontraba en ruinas y serían necesarios muchos años de trabajo sin pausa para lograr  la restauración que exigía con mucho cariño don Horacio Arredondo. Una vez reconstruido el Fuerte -dijo don Coco- comenzamos mediante administración oficial la construcción del Parador, que sería un edificio de arquitectura antigua, pero adecuado totalmente  a las comodidades de la vida moderna. Se nos había dicho que debíamos reproducir los aspectos más típicos de las antiguas pulperías y que fuera a la vez un centro turístico de cómodo alojamiento. Esta obra no puede tener paternidad, es el resultado de un grupo humano muy especial que seleccioné  entre obreros de la zona  que en esa oportunidad  se encontraban “apuntalando boliches”  y también algunos contrabandistas y peones de estancia.”   

Cuando ingresamos al histórico Fuerte de San Miguel, es fácil advertir que experimentamos una extraña sensación si tenemos en cuenta que esos murallones fueron construidos en el siglo XVIII. Se trata de uno de los bastiones más importantes de nuestro país, recordándonos un pasado de luchas y sacrificios que fue modelando nuestra nacionalidad. Sus orígenes han dejado atrás más de 300 años que fueron el fruto del afán expansionista de los españoles y portugueses por  el dominio de estas regiones.

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Chuy, Julio 13 de 2003

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