Chuy, ayer y hoy...

 
Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Desde Info2k"

Hasta la vieja Olivetti

Debemos confesar  que nos resistimos heroicamente  a dejar la vieja y querida Olivetti, que pese a tener alguna tecla  en falsa escuadra, acompañó nuestro pasaje por el periodismo capitalino durante 35 años.

 En la actualidad, obsoleta y olvidada la vieja máquina de escribir descansa para siempre como una reliquia en La Barra, tras haber pasado por su teclado los principales acontecimientos registrados en esta frontera en la últimas décadas.

Era lógico que en estos tiempos donde la velocidad domina todas las situaciones, la vieja Olivetti debiera detener para siempre su teclado.

 

Falta tiempo para reflexionar sobre los acontecimientos, cuando somos atropellados  por otra información.  Nuestro ingreso a la computación es demasiado reciente. Todo comenzó cuándo Carlos Castillos nos invitó a participar en esta aventura periodística. Durante varias décadas nuestra compañera inseparable había sido la Olivetti, que salvo alguna limpieza general al teclado que realizaba el “Paraguayo”, nunca nos había fallado, sumando en su haber más 8000 publicaciones  de la corresponsalía fronteriza.  Bastaron algunos meses de clase en INFO2K y mucha paciencia de Chocho y Boronat,  para irnos familiarizando con este nuevo “invento” que en principio nos apabullaba con una terminología nueva, que superaba las dificultades que nos presentaba el teclado. Lentamente nos fuimos integrando a la computación y familiarizándonos con los programas, windows, configuración, scanners, Microsoft, ventanas, enter y antivirus. Finalmente nos rendimos a la computadora y quedamos perplejos cuándo alguien nos dice en la actualidad  que continúan utilizando la máquina para escribir. 

Hemos comprendido finalmente cuanta razón tenían los que señalaban que en los próximos años el que no sepa manejar una computadora puede ser considerado analfabeto. Incorporados a la millonaria cifra de usuarios, podemos confirmar que se trata realmente de máquinas maravillosas, capaces de escribir mamotretos (como este), llevar la contabilidad, anotar las enfermedades y las recetas de cocina, escribir libros virtuales y comunicarnos con el mundo, que por su culpa ya no es tan “ancho y ajeno”. Con mucha paciencia, algo de capricho y tres meses de clase  para un curso intensivo, nos incorporamos lentamente al dominio elemental que nos permite hoy ir redactando estas notas.

Chuy, 18 de agosto de 2001

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