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En las
grandes ciudades o pequeños pueblos del interior es fácil encontrar personajes
populares con alguna característica llamativa. Están en primer término los
chismosos que suelen “sacarle el cuero” a todos los vecinos, inventando
historias para desprestigiarlos ante la población. Estos pintorescos personajes
son conocidos por toda la ciudadanía y logran quedarse definitivamente en la
memoria de la gente que va trasmitiendo de generación en generación sus
anécdotas.
También
los carnavales de antes dejaron figuras inolvidables que se ganaron el aplauso
popular en bailes y desfiles que se realizaban en la principal avenida. Es
posible que las costumbres, el idioma y esa mezcla tan especial de español,
portugués, árabe, japonés e italiano le haya otorgado a esta frontera una manera
muy particular para distinguirla del resto del departamento y quizás del país.
También
la manera de vivir, incluyendo la enseñanza y el trabajo con un “yeitiño” muy
arraigado entre los habitantes haya creado siempre abundante material para
quienes han dedicado muchos años a estudiar el “folklore” fronterizo. Debemos
señalar además que en algunas oportunidades el hombre de esta región ha dejado
de lado la razón para abrazarse a otras creencias, y mezclar elevadas cuotas
de fantasía y superstición. Estas historias con sus relatos más o menos
creíbles se fueron trasmitiendo a través de varias generaciones y con el paso
de los años se fueron incorporando a la vida lugareña. Todo comenzó allá por
1900 cuándo se fueron afincando los primeros vecinos de la comarca (CHUY- CHUI )
que por ser muy pocos estaban vinculados por costumbres y parentescos formando
de esa manera el núcleo poblado con sus primeros rancheríos.
Viejos pobladores recuerdan todavía historias y leyendas que les fueron
trasmitidas por padres y abuelos sobre todo las que estaban relacionadas por las
libras esterlinas que tanto fascinaban a las generaciones pasadas.
Nada llamativo porque esta moneda (libra) circulaba en forma corriente por
estos pagos.
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Casa centenaria junto al
arroyo, donde en el siglo
pasado se abrían
enterrado libras esterlinas y
valiosas
joyas.
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Como no existían bancos es fácil
imaginar que los hacendados, comerciantes y vendedores ambulantes que
recorrían la campaña con sus carros llenos de chucherias, fueran acumulando
algunas libras que luego debían poner a buen recaudo bajo los colchones o
simplemente enterrarlos en las ollas de hierro. Se
comenta que fueron muchas las fortunas enterradas por estos pagos en
lugares tan secretos que ni siquiera los familiares del “titular” tenían
conocimiento de estos “depósitos” |
La
realidad de esta situación se ha demostrado en varias oportunidades al
realizarse excavaciones que terminaron con hallazgos importantes. Los lugares
preferidos para estos depósitos a “plazo fijo” variaban de acuerdo al sentido
común del depositante y podían enterrase bajo el ombú, junto a un tacurú, en el
jardín o simplemente bajo el colchón.
En otro
orden, también se comentaba que el famoso Negrito del Pastoreo, realmente
existió y por aquellos años, cuando se perdía algo bastaba que se arrojara al
campo un pedazo de “tabaco en cuerda” y todo aparecía de inmediato. En aquellos
años se tejían leyendas que todavía perduran y que por lo general tenían su
origen en las ruedas de fogón tras largas madrugadas en los galpones de las
estancias. De esta manera entre mate y churrasco los gauchos iban tejiendo todo
tipo de fantasía que luego mas o menos arreglada de acuerdo a la situación y al
destinatario, circulaba por el pago con visos de realidad. Es posible que en
estas reuniones fueran surgiendo las historias de los “lobisones de los viernes”
por la noche. Lo que tampoco falta en aquellos años eran las casas y taperas
asombradas o el ombú iluminado porque bajo su sombra se habrían enterrado
algunas ollas con libras esterlinas. venían luego los ruidos de cadenas que se
arrastraban por los galpones, las luces “malas” y los cánticos lejanos cuya
procedencia nunca se pudo establecer.
Nuestros
antepasados nunca pudieron penetrar en el misterio de las apariciones que en
forma reiterada acompañaban al gaucho solitario durante la noche. Existen
testimonios y publicaciones que han recogido estas leyendas atestiguando haber
conocido algunos protagonistas de estas apariciones. En territorio brasileño se
multiplican estas historias y existen cavernas donde se pueden escuchar gritos
y lamentos donde los creyentes suelen concurrir a prender velas y solicitar
curas de algunas enfermedades y deseos de bienestar. Cuenta la historia que
durante la guerra de los Farrapos allá por 1840 un caudillo de primera línea ,
el General Bentos Manuel Riveiro, era asiduo concurrente a una “salamanca” para
que la suerte le favoreciera en los combates y salvara su vida. Cierto a no es
evidente que estas leyendas quedaron vivas en la memoria de nuestros abuelo, que
recogidas por las nuevas generaciones continúan alimentando la imaginación
popular.
Chuy,
08 de julio de 2002 |