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Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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"La Fábrica de Tabacos"

de Don Silvio Fosatti

En las proximidades  de la escuela  28, últimos metros de la avenida Internacional y bastante lejos del mundanal ruido, se encontraba el corazón ciudadano de la frontera: “La Fabrica de Tabacos”.

Desde la llegada de los primeros adelantados, la familia  Fossati, ha  significado siempre  un aporte importante  para el desarrollo socio-económico de esta población.

Todavía podemos observar el edificio que ocupó la fabrica en los últimos años  y es posible  que en algún rincón, entre penumbras  se conserven todavía algunos vestigios del abolengo industrial que supo ostentar durante muchos años.

Don Silvio había nacido en 1890 cuando solamente se divisaban las casas de José Rodríguez, León Ventura, Juan Francisco Méndez y algún rancho de adobe y paja brava como el que ocupaba el guarda aduanero Isidoro Machado y los modestos edificios  que correspondían a la aduana y la comisaría. Años mas tarde el espíritu emprendedor del joven Silvio lo lleva a instalar su “ pequeña industria”  para la fabricación de tabacos con solamente dos empleados.

La fabrica recogió el nombre de “DON ANTONIO” en homenaje al padre de su fundador que fuera el primer Juez  de Paz que tuvo la frontera. El edificio inicial contaba con las siguientes dependencias; un depósito donde se preparaba la materia prima, una sala de máquinas para el picado del tabaco y  otra para el horno, limpieza y envasado.

Esta industria fue considerada como un verdadero milagro al poder subsistir frente a los intereses económicos de poderosas organizaciones y acrecentar la venta de sus tabacos marca “PURITANO”, “DON ANTONIO” y “SAN LUIS”.   La frontera estaba muy lejos de alcanzar su desarrollo comercial cuando don Silvio comenzó a impulsar su pequeño negocio y que sería finalmente la base del primer emprendimiento industrial de la zona. A partir de esos años  la frontera comenzó  a presentar sus particularidades comerciales  que también fueron aprovechadas por otros visionarios.

Don Silvio L. Fossati

 Le correspondió a don Silvio incentivar la iniciativa privada desarrollando nuevas tecnologías mediante un gran esfuerzo personal.

Por las puertas de este edificio pasaron  durante 50 años, miles de obreros  que de generación en generación fueron cimentado sus hogares con el trabajo diario y no exageramos al decir que el pueblo giraba en torno a la fábrica. No pretendemos exaltar ni magnificar hechos comunes , sino reconocer la trayectoria de algunas familias que han contribuido al desarrollo zonal. Por este motivo entre datos biográficos y fechas discutibles que nos acercan los lectores van surgiendo algunos nombres que merecen ser recordados por la obra realizada durante medio siglo.

Una verdadera multitud se repartía los turnos en distintos horarios, con una permanente movilización que al margen del trabajo “fabricaba” amores y casamientos en feliz convivencia. Para que esto fuera posible, se contó siempre con la voluntad, el esfuerzo y la dedicación de don Silvio, apuntalando siempre toda iniciativa que pudiera generar fuentes de trabajo entre las que podemos mencionar también las plantaciones de girasol y una fábrica de café. Entre muchos obreros  podemos recordar a  Rosa Santurio, el “Negro” Bartolo, el “Mulato” Mello, el “Jubilado” Noguera, Ulpiano Da Costa, el “ NegroAmaral, el “ Comadreja”, “Pelopincho”, el “Guano”, el “Indio” Castillos, Alipio Puñales, “Pan de Bico” y Golobich. Varias generaciones de calificados obreros pasaron por la fabrica aportando su trabajo y en forma simultanea formando sus  núcleos familiares al amparo de la seguridad laboral que ofrecía la empresa.

Pero un día se detuvieron las máquinas, el personal se fue lentamente como queriendo quedarse y las puertas se cerraron para siempre marcando el final de una época.

Para algunos fue el progreso con sus transformaciones y sus urgencias que suele derribar ladrillos y recuerdos.

Para otros fue el comienzo de una melancólica agonía de la propia vida fronteriza.

 La “fábrica de tabacos” como se le conocía, fue uno de los primeros mojones de una generación que nació con el pueblo y que llegó a tener más de 100 funcionarios trabajando en varios turnos. Muchos planes quedaron sin cristalizar cuando se produjo el cierre.

Entre ellos la creación de una cooperativa interna de consumo para beneficio del personal, donde se establecía  que las utilidades se destinarían a un fondo de ayuda para los obreros en caso de enfermedad. Llegaron a utilizarse sin embargo algunas becas para que los hijos de sus funcionarios  pudieran continuar sus estudios. Una característica muy especial de la firma “Silvio Fossati y Cía”  fue la confianza depositada en sus distribuidores y agentes vendedores con los cuales nunca celebró ningún contrato.  

En la nota gráfica un aspecto de la fábrica en el año 1934, recién terminada su construcción. Al frente don Gregorio García que había tenido a su cargo algunos trabajos realizados.

Muchas manos habilidosas fueron las responsables del éxito de esta industria durante la primera mitad del siglo pasado, convirtiéndola en la principal fuente de trabajo con que contó el norte rochense. Un auténtico show de habilidades y técnicas difíciles de explicar, pero que transformaban las hojas de la planta en el mejor tabaco del Uruguay. El cigarro de antes tenía como las bebidas  algunas reglas de consumo que permitían “degustarlo”  con los primeros mates de la mañana o acompañarlo con algún trago de caña Para Ti.         

Chuy, 14 de octubre de 2002

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