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Es
posible que la evocación del pueblo que fue creciendo al impulso de los
primeros habitantes, pueda traicionar los hechos cronológicos alterando las
fechas en algunas oportunidades. Sin embargo el sentido que pretendemos
darle a las notas no va más allá del deseo de ir rescatando algunas imágenes
del pasado que muchos lectores recordaran como viejas postales de un tiempo
feliz. No dudamos que para muchos habitantes de esta frontera que hoy
peinan canas, los recuerdos se apilan en forma dramática al tocar elementos
personales, con algunas referencias cargadas de emoción.
En algunas
oportunidades el progreso con sus cambios ha borrado para siempre algunas
imágenes que constituyeron en su tiempo un orgullo familiar y si se quiere
hasta ciudadano. Hoy todo ha cambiado, estamos encerrados en nuestros
domicilios. Nadie podrá olvidar por ejemplo la fábrica de tabacos, los
comercios de Samuel, de doña Elvira, de Coello, de Arím , casa Brasilia,
Estrella, estación ESSO del Pocho Fernández, bar OPEL con don Octavio
Pereyra, Parrillada PAMPAS con el “canario” Lasso ni el PALENQUE de Fernando
Correa. Sin embargo la arrogancia del progreso dolarizado fue destruyendo
las casitas bajas de la aldea y levantando sofisticados y cómodos
edificios, para ir transformando la economía fronteriza.
No podemos negar
que surgió en esa oportunidad una euforia colectiva donde todos aplaudimos
los cambios que se aproximaban. Sin embargo y en la medida que pasan los
años comenzamos a dudar del beneficio real de estas inversiones y del
resultado final de las mismas. Parece que en los últimos años se ha detenido
la voracidad inmobiliaria ante la duda del rumbo que tomaran las
inversiones, aunque los barrios continúen creciendo porque muchas familias
se fueron alejando del centro y porque otras fueron llegando a Chuy en años
anteriores, atraídas por las posibilidades de un futuro mejor. Sin embargo
muchas cosas le han ido cambiando la cara a la ciudad sin que nos diéramos
cuenta. Las calles de tierra se endurecieron con el asfalto y como somos
imitadores, también algunas personas se fueron endureciendo en la
convivencia diaria.
Cuantos cambios en pocos año, el viejo parral donde se
mateaba entre amigos por el fondo con piscina, parrillero y el muro de tres
metros para aislarnos un poco más de la realidad ajena. El “boom” de la
construcción nos fue acorralando cada vez más y perdimos el eco bullanguero
de la calle y el ajetreo de los barrios, desde el SAMUEL PRILIAC hasta el
LEON VENTURA. La piqueta fatal fue destruyendo en nombre de la construcción,
sin tener en cuenta que nunca podrá borrar definitivamente las huellas de
quienes fueron trabajando diariamente por el desarrollo zonal.
De todas maneras
quedan en la memoria algunos reductos que serán indestructibles y que van más
allá de los edificios. Es el espíritu emprendedor de los primeros comerciantes,
de los primeros maestros y de las primeras autoridades aduaneras y
policiales que vigilaban con celo, pero sin desprenderse nunca del trato
sencillo, amistoso y campechano. No dudamos que el espíritu que alentó a los
primeros vecinos está latente y pese a quien pese estará presente en cada
hogar fronterizo.
Chuy,
27 de octubre de 2001 |