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La mayoría de los niños han soñado siempre con ser
jugadores de fútbol y brillar en algún equipo importante o
en alguna selección.
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Nadie duda de los sacrificios que realizan los padres para que el
futuro crack se vaya transformando en un profesional que logre una sólida
posición y que algún día pueda salvar a la familia.
Sin embargo en la gran mayoría
estos sueños se ven frustrados y solamente un bajo
porcentaje logra alcanzar la meta y la fortuna que un día soñó toda la
familia. Como todo deporte asociado el fútbol de los niños tiene la
virtud de contribuir a la formación de su personalidad y mejorar su
desarrollo físico. Sin embargo este deporte debe ser practicado dentro de
las posibilidades de cada niño y teniendo en cuenta siempre el espíritu de
la competencia y el compañerismo que debe reinar entre los participantes.
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De esta manera se estaría
otorgando fundamental importancia a la formación deportiva, sin tener en
cuenta la formación del atleta profesional que llegará con los años.
La práctica
del baby fútbol con orientación de profesores especializados contribuye a
la formación de la personalidad de los niños y jóvenes promoviendo valores
a través del juego. También en el baby los niños van aprendiendo a
respetar a sus compañeros, a sus profesores y al público en general,
mientras van adquiriendo los conocimientos deportivos.
Lamentablemente no
todo es así. Algunos padres piensan que el niño tiene que dejar de estudiar
a los 10 años para convertirse en el crack que salve a la familia. Hemos
comprobado que muchos adolescentes están abandonando la frontera para
continuar o comenzar sus actividades futbolísticas en otras divisiones de
Rocha o Montevideo. Esto nos parece muy bien. Pero nos parece muy mal que se
pretenda por parte de los dirigentes o los propios padres colocarlos en
determinadas instituciones para solucionar problemas económicos.
Chuy,
18 de agosto de 2001 |