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“Mariposa marrón
de madera,
niño violín que se
desespera...
cuándo Becho lo
toca y se calma
queda el violín
sonando en su alma....”
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La canción de Zitarrosa es
algo más que un homenaje o una recordación afectiva que le quiso brindar a
Carlos Julio Eismendi, por su aporte a la cultura musical de
nuestro país.
Fue una demostración de que
la muerte no es sinónimo de olvido y que con el paso de los años la
figura de “BECHO” se agiganta, cada vez que el tema es escuchado en
algún rincón de nuestro país.
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Fue sin ninguna duda el
mejor representante de la música clásica de nuestro país, habiendo
obteniendo en Alemania su mayor consagración al conquistar el primer lugar
en un concurso de violín donde participaron más de 200 músicos de distintos
países.
Lamentablemente no
pertenecimos al circulo de sus amistades, pero el periodismo acorto
distancias cuando al regreso de Europa la dirección del diario nos
encomienda un reportaje. Lo encontramos como siempre en su rancho de La
Barra con sus libros, discos, violines y sus amigos de la infancia. Se daba
el lujo de vivir como quería y hacer siempre lo que le daba la gana, sin
consultar ni pedir opiniones. Ese día vestía de una forma muy extraña,
chinelas, medias de lana, pañuelo al cuello, sombrero de paja y un vaso de
whisky.
Nos habló de su infancia
transcurrida en Lascano, de su entorno familiar, de su primer profesor, de
halagos y sinsabores, de situaciones insólitas y excéntricas que debió
soportar en Europa mientras transitaba entre la vida y el arte. Su
popularidad ganada con la música lo había convertido en el artista
indiscutido, sin que por ello perdiera su sensibilidad ante las cosas
pequeñas, cotidianas y la rueda de amigos que allá por el 50 acompañaban sus
serenatas en el balneario. Hablaba poco de sus problemas personales, porque
no se permitía el lujo de estarse exponiendo ante sus amistades.
Definido por algunos como
un milagro cultural de nuestro país, adoptó posiciones muy propias frente a
la vida y la sociedad de aquellos años. Su vida estuvo signada por una
bohemia permanente que ya en Montevideo lo hacía recorrer distintas
pensiones de la ciudad vieja y algunas alcobas de la alta sociedad. En
aquellas piezas y pensiones de Reconquista, Ituzaingó, Piedras y Buenos
Aires se daban cita junto a Becho y Zitarrosa los duendes de la música y la
poesía que preferían el “Bajo” para dar forma a las creaciones naturales,
aunque la gran mayoría tocaba de oído a “pura oreja” como él lo decía. Fue
sin proponérselo uno de los hijos preferidos de la bohemia estudiantil de
aquellos años. Sobre Becho se podría escribir un libro matizando realidades
y leyendas, sin embargo las personas más autorizadas para ello son sus
propios padres, a quienes entrevistamos al poco tiempo de su fallecimiento.
SUS
PADRES
Herlinda
Lovizetto: "Cuándo abrió los ojos ya tenía
el destino marcado por la música y tan es así que a los tres años cuando
comenzó a oir música clásica en nuestra ortofónica y escuchaba a
Schúber o Mózart permanecía durante varias horas en completo silencio.
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Por la noche cuando se acostaba cruzaba las piernas y tarareaba todos
los temas que había escuchado, demostrando un oído muy especial para su
corta edad. Nació en Lascano, pero fue Montevideo que lo vinculo
definitivamente a la música.
El primer violín
se lo compramos a un comisario Pintos de Cebollatí. Posteriormente
cuándo vino un circo a Lascano, los artistas pararon en el hotel de
O´Donel y cuando lo escucharon tocar le regalaron un violín de mejor
calidad." |
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Angel Eismendi: "Pudimos observar desde
ese momento su inclinación hacia la música clásica y también lo
tuvimos muy claro que nuestros hijos deberían hacer lo que su vocación
les señalara.
Sus comienzos musicales ya con un instrumento lo
ubicamos tocando de oído La Comparsita y algunos tangos de Gardel. Su
ingreso a la música clásica comienza con Camilo Boronat un maestro
valenciano que dirigía la banda municipal y con el cuál comenzó sus
estudios de solfeo y armonía.
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Continua
luego en Treinta y Tres con el
Prof. José Roselli que había sido integrante de la Filarmónica de
Barcelona. Quizás la época más feliz de Becho transcurrió en La Barra
con sus amigos. Nuestra casa se había convertido en casa de músicos,
pues la mayoría de los integrantes de la orquesta del Sodre se
alojaban en una cabaña que teníamos al fondo y disfrutaban durante el
verano de una bohemia total."
Herlinda:
"Becho tuvo la virtud de aprovechar las enseñanzas
de cada uno de sus maestros. Vinieron luego sus estudios de abogacía que
abandonó a los pocos años para seguir su vocación por la música. Busco
siempre el silencio y la tranquilidad de La Barra para “reguntar” sus amigos
de la juventud y regalarles algún tema de aquellos años.
Cuando Becho regresa de Europa alquila una casona
antigua en la ciudad vieja, en la calle Paraná, entre Juncal y Ciudadela,
donde se daban cita todos los músicos de aquél momento, algunos de los
cuáles se quedaron a vivir por algún tiempo. Uno de esos artistas era
Alfredo Zitarroza que de tanto escuchar a Becho con una melodía muy
reiterada, resuelve hacerle una letra que denominó EL
VIOLÍN DE BECHO".
Ángel: “ En 1960 cuando la
sociedad comenzaba a quebrantarse , llegó al Uruguay una orquesta venezolana que
terminó contratando una cantidad importante de músicos y si bien Becho no viajó
nos dijo que estuviéramos preparados porque en la próxima tanda él también se
iría del país. No demoró mucho cuándo le llegó el primer contrato para
trabajar en Cuba. En esos momentos Fidel Castro iniciaba la transformación de
ese país llevando a los mejores médicos, maestros y músicos formando una
orquesta sinfónica que Becho la definiría como el Real de Madrid en el fútbol
español al haber contratado lo mejor del mundo.” |
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Herlinda: "Vencido
su contrato en el 61 se dirigió en barco hasta la ciudad de Hamburgo en
Alemania. Fue allí donde culmino sus estudios tras muchas dificultades
económicas. Un día se enteró en el Conservatorio que se realizaría un
concurso de violín para ocupar una sola plaza y estimulado por sus
profesores resuelve presentarse, obteniendo finalmente el primer lugar
entre 200 participantes de distintos países."
Ángel: “Sin embargo meses antes
del concurso debió trabajar duro para sobrevivir puesto que todavía el Gobierno
Alemán no le había concedido la beca. Su primer trabajo remunerado consistía en
limpiar los rieles de los trenes que permanecían cubiertos de nieve.” |
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Prof. Camilo Boronat |
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LOS AMIGOS
Reinaldo “Cubano” Vógler :
“Becho se definía jocosamente y con un gran sentido del humor como el primer
violín de la orquesta estable de Don Nicomedes Gómez, el propietario de uno de
los primeros salones bailables del balneario. Cuando algún farol a queroseno
amenazaba apagarse en pleno baile, Becho llamaba a don Nicomedes mediante notas
que sacaba de su violín y que eran muy festejadas por la concurrencia. En
algunas oportunidades lo acompañaba un músico ciego de San Miguel que tocaba la
guitarra y simultáneamente una armónica que tenía atada en el brazo de la
guitarra.
Todas las noches amanecíamos dando serenatas a los amigos. En algunas
oportunidades su madre no lo dejaba salir con el violín por la humedad del
balneario y él llenada botellas con agua y lograba sacar nítidamente las notas
que necesitábamos para las serenatas. Pasan los años y escuchamos en una radio
capitalina que el músico uruguayo Carlos Julio Eismendi había logrado el primer
puesto en un certamen internacional de violín realizado en Alemania y donde
habían participado más de 200 músicos. Cuándo regreso a La Barra con su natural
modestia nos manifestó que habían participado muy pocos músicos ( no más de 14)
y que eso había facilitado su triunfo.” |
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Lucio Ferreira: "Lo conocí
desde niño en oportunidad de los viajes que realizaba junto a sus padres al
balneario La Barra en una “volanta” o carruaje, haciendo escala en 18 de Julio y
alojándose en el Hotel “HIPAVAM” que pertenecía a mi padre. Becho tenía 7 u 8
años y quedaba asombrado cuando yo ejecutaba el tango “Garúa” en el violín.
Luego continuaban hacia La Barra y con el paso de los años se convirtió en
asiduo veraneante en el rancho que sus padres tenían en el balneario.
Gustaba
mucho de la orquesta de De Angelis y ensayábamos varios temas que luego
tocábamos juntos en los bailes de don Pedro Veró. Fue un virtuoso del violín,
ingresando por concurso en la Ossodre, máxima expresión musical de nuestro aís.
Pero como sus sueños iban más allá, acepto un contrato del gobierno cubano para
integrar la Sinfónica de la Habana. Vencido el mismo hizo realidad un viejo
sueño: tocar en Europa. La muerte lo sorprendió muy joven el 21 de mayo de
1985. Finalmente la vida de Becho quedó reflejada en el tema de Zitarrosa." |
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“Porque a Becho le duelen violines
que
son como su amor chiquilines
Becho quiere un violín que sea hombre...
que
al dolor y al amor no los nombre..."
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Chuy, 26 de mayo de 2002
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