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Se cumplieron recientemente los primeros 60 años del vuelo
inaugural realizado por un aparato de Varig entre las ciudades de Porto Alegre y
Montevideo, en lo que sería posteriormente una línea regular de la empresa
entre ambos países. Se trataba de un aparato inglés Havillans Dragon, con el
nombre de Chuí y cuya ruta de viaje incluía las ciudades brasileñas de Pelotas
y Yaguarón en sus primeros años. Considerando que se estaba en plena guerra
mundial, se debieron sortear innumerables obstáculos para lograr la autorización
correspondiente, participando en las deliberaciones los Ministerios de
Aeronáutica y Relaciones Exteriores de ambos países. En aquella oportunidad la
empresa realizaba dos viajes semanales, saliendo de Porto Alegre los miércoles
y sábados para regresar desde Montevideo los jueves y lunes. El “CHUI” cubría
la distancia en cuatro horas, lo que para la época representaba una velocidad
extraordinaria. Aquellos pequeños aparatos han quedado en la memoria de los
primeros pasajeros como una experiencia inolvidable de los vuelos
“internacionales” entre ambos países.”
Los primeros vuelos en Cebollatí
Si bien en la actualidad los viajes en avión representan
un hecho cotidiano y hasta rutinario para algunos, en la década del 50 se
trataba de un fenómeno de raras características y reservado a pocas personas.
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Sin embargo por esos años un pequeño aparato piloteado por Alejo
Rodríguez sobrevolaba el departamento y por la módica suma de $ 5 (cinco
pesos) daba la oportunidad de compartir durante 10 minutos una aventura
aérea a quienes nunca habían visto un avión y menos tripularlo. La pista
improvisada estaba en las proximidades del secador de Jaime Serralta y
salvo algunos tacuruses no presentaba mayores inconvenientes. |
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Alejo Rodríguez (Piloto) y Gustavo Weiss |
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El día del espectáculo que era anunciado de boca en boca
(único medio de comunicación) estaban hasta los enfermos que no querían
perderse detalle de los “vuelos” anunciados.
El piloto Alejo Rodríguez y Gustavo Weiss que había sido el
“contratista” para que el aparato llegara a Cebollatí, se habían convertido por
algunas horas en los ídolos de la aviación civil. Apenas la hélice se ponía en
movimiento generando un ruido infernal volaban los sombreros más próximos y la
hierba del campo parecía arrancarse de raíz. El pueblo asistía con asombro a las
maniobras previas y algunos desistieron del vuelo y sus deseos de desafiar las
leyes de la gravedad. Sin embargo allí estaba Alejo con su tranquilidad habitual
y sin tensiones cumpliendo con el despegue rutinario y maravillando a los
pasajeros con los distintos panoramas que se contemplaban desde el aire. Fueron
días memorables para los vecinos de Cebollatí que tuvieron la oportunidad de
mantenerse durante algunos minutos entre la tierra y el espacio.
Para Alejo un día más en su vida de piloto, aunque nadie le
pregunto si tenía brevet, horas de vuelo ni autorización para realizar las
pruebas. Era la primea vez que “volábamos” y resultaba maravilloso contemplar el
pueblo desde el cielo y superar con gran sacrificio un record de pulsaciones y
un frío tremendo en el estómago cuando se producían los aterrizajes. Un panorama
irrepetible al observar desde el aire el río Cebollatí los montes nativos y La
Laguna Merín. La realidad actual despierta la nostalgia y va forzando la memoria
para revivir aquellos momentos, cuando se podía volar durante 20 minutos por la
módica suma de $ 5.
Chuy, 17 de agosto de 2002 |