|
POLÍTICA INTERNACIONAL
A PROPÓSITO DE
AFIRMACIONES DEL
DIPUTADO WALTER VENER
Desde la recuperación democrática (iniciada con las elecciones de
1984 y la subsiguiente reapertura del Parlamento Uruguayo) no
había oído -por ningún lado-, ni había leído en medio periodístico
alguno, afirmaciones tan poco pertinentes como las que emitiera en
un reportaje para ACCIÓN, de Mercedes, el Diputado Sr. Walter
Vener (Representante ante la Cámara de Diputados por el Partido
Colorado, sector Foro Batllista).
El legislador de referencia sostuvo que, ante un eventual gobierno
del Frente Amplio “postrándose ante los pies de Lula”,
Uruguay corre el riesgo de “ser absorbido” por el “apetito
imperialista de Brasil”.
La primera parte de la afirmación alude al comportamiento que el
político sorianense atribuye al desempeño que podría tener el
partido que viene relegando al suyo a un tercer lugar, en el marco
de las encuestas de opinión, si la elección fuera hoy. Sin duda
corta grueso, menoscabando la probidad e inteligencia de sus
oponentes.
De algún modo, también, alude al Presidente del país hermano, al
que no cabe reprochar el más mínimo acto inamistoso hacia Uruguay.
Ni que pueda precisar de un coro, de abyectos aplaudidores
orientales, salidos de la izquierda o del mismísimo Partido
Colorado.
Pero mi refutación al Sr. Walter Vener no estriba en estos
aspectos políticos, sobre los que lejos estoy de asumir
personería.
Las relaciones entre nuestros estados nacionales son de respeto
recíproco y de cooperación en variadísimos planos. Está afirmada
en culturas compartidas, relaciones comerciales y vínculos
trenzados por amistades y lazos de familias, que el tiempo ha ido
forjando de modo indisoluble. Es una sensación que se experimenta
en cualquiera de los puntos fronterizos en que lo uruguayo toca lo
brasileño y viceversa.
El anexionismo de la vieja Provincia Cisplatina ha quedado atrás y
no cabe extrapolar los tiempos históricos -y circunstancias
especiales irrepetibles-, como quien agita fantasmas, para
terminar convenciéndose a sí mismo de su delirio.
Muy al contrario de lo que sostiene el Diputado Vener, fue en el
marco del proceso iniciado por Jorge Pacheco Areco y continuado
por Juan María Bordaberry, que la dictadura brasileña -al
sonsonete de la política imperial norteamericana- se aprestó para
invadir Uruguay, en la hipótesis de que el Frente Amplio
(encabezado por el Gral. Líber Seregni) triunfara en las
elecciones de 1971.
Testigo mudo de este intento de coordinación cívico-militar para
la vulneración de la independencia patria parece ser, en la Ruta 9
-por frente a la Fortaleza de Santa Teresa-, la gran pista de
aterrizaje, destinada al traslado de fuerzas aerotransportadas
desde Brasil.
Las lecciones de la historia siempre importan y para un país
pequeño una política de estado en materia de relaciones exteriores
es vital.
Mal que le debería pesar al señor diputado, ha sido el Presidente
Jorge Batlle -de su partido- quien ha desequilibrado las
relaciones con países hermanos, privilegiándolas con EE.UU.
Al contrario de lo que piensa, Brasil conduce sus vínculos con 10
países limítrofes sin rispideces de ninguna clase, exhibiendo la
madurez de su diplomacia.
Es la relación de Uruguay con Brasil y el MERCOSUR la que mejor lo
resguarda de los Estados Unidos. Lo que no quiere decir que nos
las cultive con éste, aunque no como acólito o satélite de sus
aventuras y estropicios de potencia anexionista y guerrera.
Uruguay debe ser cuidadoso de sus relaciones externas. Es una
responsabilidad de todos los partidos políticos y de los
gobernantes, comprendido el señor Walter Vener. Y de nosotros, los
ciudadanos.
Las expresiones del Sr. Diputado por Soriano sorprenden por su
ligereza. Van a contrapelo de la realidad, de los cuidados y
esfuerzos de la Cancillería uruguaya por cimentar campos de
trabajo con el país norteño y, aún, de los espacios convergentes
que para el desarrollo se hacen desde nuestras comunas fronterizas
y la sociedad civil, vigorizando el potencial de las relaciones
uruguayo-brasileñas. Asimismo, de la forma en que Itamaraty
atiende sus responsabilidades diplomáticas.
Tranquiliza saber que un camello no pasa por el ojo de una aguja.
Pero, igualmente, habrá que tener cuidado. No es bueno que un
elefante entre a un bazar. Punto final. |