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ROSAS
BLANCAS
Por estos días, en el imaginario de millones de hombres, se
encenderá el gran árbol que simboliza sentimientos de paz y
concordia. Y habrá en cada uno de nosotros un momento de
regocijo, para pensarnos mejores, sintiendo el poder de una
igualdad y fraternidad esenciales.
A través de los tiempos parece cobrar vida la sentencia del
notable escritor de Mantua, Publio Virgilio Marón (nacido en el
año 70 antes de la era actual), quien sentenció:
“Todo lo vence el amor; cedamos nosotros a el”.
No hace muchos meses y muy cerca nuestro, Gabriel García Márquez,
en palabras casi testamentarias, aconsejó con humilde sabiduría:
“…Hoy
puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso, no
esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega,
seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una
sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para
concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti,
diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos
bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por
favor”, y todas las palabras de amor que conoces. Nadie te
recordará por tus pensamientos secretos”.
Asimismo, Paul Eluard, destellando en la Francia del siglo XX,
podría sostener, una vez más:
“Hay otro mundo y está en éste”.
José Martí, el independentista americano que ofrendó su vida a la
caribeña Cuba, reveló la excelsitud de su idealidad última, para
que seamos capaces de beber en el cáliz de su propuesta:
“Cultivo la rosa blanca,
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo la rosa blanca.”
¡Es tiempo de hacer florecer en nosotros las rosas blancas! |