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MÁS SOBRE LA IDENTIDAD DE GARDEL
UNA PERSONALIDAD RELUCIENTE
TRASPASA
LA “CULTURA BÁRBARA”
Las sociedades platenses, tras de acceder primero al estatus
formal de países independientes, debieron después ir plasmando los
contenidos de su sensibilidad, en un tránsito que Barrán ha
denominado como de un abandono progresivo de la “cultura bárbara”.
Seguramente que la peripecia infantil de nuestro Carlos Gardel
entronca con un mundo asediado por los rasgos de un primitivismo
que hoy nos parece absurdo. En el camino de las ineluctables
transformaciones, ese universo daba pasos hacia su caída pero,
aún, no desaparecía.
El Código Civil uruguayo fue precedido por un informe de una
Comisión Revisora, que se expediera en 1867, quedando sancionado
como la Ley N° 917, durante el denominado Gobierno Provisorio
Dictatorial de Venancio Flores.
Dicha legislación reguló la propiedad, la forma de heredar,
los contratos -que dan regularidad a los negocios- y un serie de
capítulos más, relativos a las personas, para citar lo más
significativo.
En cuanto a las personas dicha normativa va a establecer qué es
estado civil y cómo se prueba; cómo se constituye el matrimonio y
cuáles son las responsabilidades emergentes; la paternidad y la
filiación, incluyendo el derecho del hijo a contestarla o
reclamarla; los hijos naturales y maneras de proceder a su
reconocimiento y otras especificaciones.
El Código de Tristán Narvaja aparecía como un instrumento para un
estado social que todavía continuaría prevaleciéndose de
anacrónicas modalidades.
Comenzando el siglo XX, con el acento de las presidencias de
Batlle y Ordóñez y la potenciación de las ideas de justicia
-enarboladas por el movimiento de obreros, trabajadores,
científicos y políticos-, las prácticas bárbaras se trocarían,
merced a corrientes humanísticas pujantes, que pulsearon y
abatieron a las fundadas en la conmiseración y la moral
pacata. La nuevas corrientes iban al encuentro de los derechos
del hombre y del niño.
Los que Carlos Gardel no conoció. Él, como tantos, soportó su
vulneración. Él como pocos, pasó frente a los infortunios de su
niñez estoicamente, como si no los hubiera padecido.
Todo ello arroja luz sobre una faceta que habla de su altura
moral, de su enorme inteligencia natural y capacidad para forjar
las cualidades de su indiscutida grandeza.
La legislación constitucional uruguaya, la que arranca en 1918,
como la inmediata siguiente, del 34, y las de los Códigos Penal y
del Niño de ese año, reforzarían -con más “agiornadas” nociones-
la protección de los derechos básicos de las personas. No
mencionamos ya otros aportes de la legislación nacional, ni los
Convenios Internacionales del 48 y del 89, suscritos por el
Uruguay.
Es pues, por estas consideraciones, que podemos entender como una
cuestión atinente a los derechos humanos el item relacionado con
la ocultación y sustitución de la verdadera identidad del máximo
exponente del tango y del canto rioplatense.
EL MÁS RECIENTE ESTUDIO ANTROPOLÓGICO
En el encuentro gardeliano de Tacuarembó tomé conocimiento del
último estudio antropológico sobre Carlos Gardel. Está fechado el
26/VIII/2003 y rubricada su copia por el Dr. Horacio E. Solla, a
quien me he referido en nota anterior.
Su dictamen es concurrente en cuanto a conclusiones con otro del
año 2001.
Indica ahora el forense que en el análisis facial “se compararon
y estudiaron fotografías” para saber “si existen correspondencias
fisonómicas significativas” a nivel “de ojos, nariz, boca y,
especialmente, del pabellón auricular”.
Conviene indicar que, en lo principal, se trata de dos fotos,
ampliamente difundidas, respecto de las cuales se sostuvo que
correspondían a Carlos Gardel. Una, es de un niño, en período
escolar; la otra, de un adulto con barba y bigotes, que viste
uniforme.
Los estudios fisonómicos primarios advierten, para la primera
foto, conformación de cara oval, barbilla fina, labios más bien
gruesos, nariz fina y algo pronunciada, atendiendo a los
prototipos de Comas y Saller.
Para la segunda foto la coincidencia es plena con la anterior.
Se comparó la cara del niño con la del uniformado, mediante cortes
sagitales y mezclas digitalizadas de computadora. Hubo
confrontación de los pabellones auriculares izquierdos (únicos
visibles).
Los resultados obtenidos establecen “coincidencias muy
significativas en puntos clave de la cara”, mostrándose “una gran
similitud entre los contornos de la cara en general, nariz,
labios, forma de mentón”. Igualmente las coincidencias vuelven a
repetirse en “los dibujos y formas de los pabellones auriculares”.
Con esta precisa anotación del especialista: los mismos “adquieren
su morfología definitiva e inalterable luego de los 4 meses de
vida”, con el agregado que “son diferentes en todos los
individuos, al igual que las huellas dactilares”. Las
coincidencias fisonómicas a juicio del perito son importantes
“desde el punto de vista antropológico”, situándose en el 70%.
CONCLUSIÓN DE CONCLUSIONES
El “Carlos Gardel” presentado por Berthe Gardés, otras personas y
algunas publicaciones, no es nuestro ídolo. Se trató de una
falsificación, en virtud de la cual la susodicha mujer se valió de
la estratagema de superponer al hijo que tuviera en Francia
-Charles Romuald Gardés-, sobre la identidad del Carlos Gardel
rioplatense. Sobre fotos no claras, que acusaban el andar de los
años, pudo perpetrarse una suplantación temporaria, de corto vuelo
histórico.
Un cotejo prolijo, con nuevo instrumental y modernas técnicas,
determinan que las dos personas analizadas por sus rasgos se
corresponden entre sí. Charles Romuald Gardés sirvió en el
ejército de su país, no así Carlos Gardel, que nunca vistió
uniforme militar. En consecuencia, el niño de la primer foto -que
se quiso hacer pasar como la del cantor de cantores- no fue otro
que el hijo de Berthe Gardés, un infante aplicado, que obtenía
buenas calificaciones. Los rasgos de este y del uniformado
resultan coincidentes en una proporción altísima.
El Gardel único e inmortal es el niño de Tacuarembó, el
“guachito”del Coronel Escayola, el que vagó por estancias al norte
del Río Negro y habitó en el Montevideo Sur; el que vivió y creció
respirando el cosmopolitismo de la gran Buenos Aires. El que allí
cantó y gozó de las mieles de la fama. El que no renunció a su
patria de origen, ni negó su “pago chico”.
Deshilado el velo que cubría un aspecto trascendente de su
intimidad, sentimos que la verdad va saldando una deuda de
justicia, sobre la que ni la adulteración ni el olvido pudieron
triunfar.
Por eso el Zorzal Criollo, liberado de las ataduras que le
impusieran, se lanza a nuevos vuelos, con sus canciones
magistrales, para decir que el tango vive.
Dueño de sí y de su historia más plena, transita por las calles
que silban sus canciones y es anfitrión en los pequeños y grandes
escenarios en que la vida se representa.
No es extraño pues, que a diario se asome para buscarnos, con
amistosa sonrisa y voz imperecedera. |