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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

GOBIERNOS Y PUEBLOS  

UN TRIUNFO COMPARTIDO

   Seguramente el 2004 ha de encontrar a las comunidades fronterizas de Brasil y Uruguay mejor posicionadas para llevar adelante el proceso de su más activa integración.

   La afirmación no es antojadiza. Tiene sentido. Tiene su origen en la sanción del estatuto especial de los residentes que, procedentes de uno cualquiera de ambos países, viven en el otro, en un área delimitada, con una antigüedad cierta, trabajando, estudiando, o que revistan como beneficiarios del sistema de seguridad social, en el lugar del cual proceden.

   El instrumento jurídico alcanzado por las autoridades tuvo como telón de fondo la inteligente movilización de toda la comunidad fronteriza atlántica y de personalidades representativas de los Municipios de Santa Vitória do Palmar, Chuí, Consulados, Cámaras Legislativas, etc., más los aportes de otras zonas. 

   En las acciones emprendidas hubo unidad de acción y convergencia para establecer que ninguno de los países aplicara criterios de expulsión de  aquellos brasileños y uruguayos que, habiendo cruzado la línea de demarcación, se establecieron de hecho en el territorio del hermano vecino, sin guardar las formalidades legales.

   Estos movimientos demográficos han sido recurrentes a través de los tiempos. Obedecen a imperativos sociales y económicos. Desde luego, no podían tratarse con acento policíaco, sin perjuicio del imperativo de un contralor mínimo.

   Las respectivas Cancillerías evaluaron que las restricciones -originadas tras los atentados acaecidos en EE.UU.- no debían operar para ciudadanos naturales de la región, personas laboriosas y de buenos hábitos de vida. Sobre la base de la racionalidad, elaboraron un proyecto actualizado que, sin vulnerar las normas básicas de migración -de cualquiera  de las dos naciones- permitiera  atender las peculiaridades históricas locales, con fuertes acentos en las relaciones sociales y familiares.

   Tras la aprobación del convenio entre los Estados, la nueva normativa pasa a ser ley común, por lo cual los gobiernos la pondrán en práctica, suponemos que en términos muy breves.

   La seguridad jurídica fortalecerá las radicaciones existentes, potenciando los vínculos entre nuestros pueblos.

   Y puede abrir un amplio espacio para que las amistosas relaciones que nos unen sean incentivadas por gobernantes, empresarios inquietos y todos quienes sienten el imperativo de lanzar la frontera uruguayo-brasileña a su futuro.

   No a cualquier proyecto, sino a aquel que, con los equilibrios necesarios, garantice el disfrute de los bienes del trabajo, con justicia y bienestar para todos.

   Saludamos el logro alcanzado por las comunidades fronterizas, autoridades  -nacionales y locales-, colegas de prensa y representantes de entidades civiles y políticas que dieron un magnífico ejemplo.

   Se trata de un triunfo compartido, de un logro aleccionante.  

   Es tiempo de continuar explorando los caminos que esperan de nuestra acción mancomunada.

   Vayamos seguros, entonces, por las nuevas metas.  

Walter Celina - 24 de junio de 2003  waltercelina@hotmail.com


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