Chuynet

 

COLUMNA DE INFORMACIONES Y COMENTARIOS

IMPRIMIR

 
Envía tu comentario
Si desea enviar un comentario referente a esta nota o a otra, favor clic en Enviar
 
 

Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

GOBIERNO DEL PUEBLO

   Los procesos políticos y electorales dan vigor a la democracia. Permiten que las colectividades partidarias puedan mirarse a sí mismas y ser observadas por los demás. Que se evalúen los programas de gobierno y la gestión de los candidatos que han transitado por cargos de responsabilidad en las distintas esferas de la administración. Que se conozca el perfil de las nuevas figuras, lidiando para abrir nuevos rumbos unas veces o, en otras ocasiones, plegándose a las ya conocidas.

   Toda esta dinámica gana en fuerza y potencial en la medida en que los ciudadanos se expresan, en todas las formas que la democracia posibilita. Desde los centros políticos y las entidades representativas de sectores de opinión, en los debates abiertos, desde las tribunas periodísticas y los medios y, en ese coloquio -vivo y fermental- que surge entre los vecinos en los pueblos y ciudades, en las más diversas instancias.

   Al fin de cuentas, el poder reposa -o debería sostenerse- en un centro gravitacional que no es otro que el ciudadano, ejerciendo sus derechos de modo activo.

   No se trata sólo de hablar de las potestades legisladas para los naturales del país en un Estado de Derecho. Antes bien, lo que cabe considerar son las facultades y las formas en que los titulares de la ciudadanía hacen valer sus opiniones, en  los lugares en que estas pueden ser vertidas.

   Hoy va abriéndose curso la práctica que los gobernantes escuchen, analicen y discutan en las comunidades con las voces de sus habitantes. Se trata de un capítulo importante del valor que se atribuye al diálogo. Se forman comisiones por barrios, se realizan asambleas, se estructuran petitorios, se bosquejan soluciones. Los ciudadanos van hacia los centros de poder para ser recibidos y, son muchas las autoridades    que      transitan -con humildad republicana- hacia los núcleos vecinales para asesorarse, cambiar opiniones, informar sobre proyectos y resoluciones, etc.

   Es una fórmula enriquecedora que importa. No supone que por actos mágicos o, de un plumazo, desaparecerán los problemas. Tampoco que algunos no se vean tocados por la tentación demagógica. Pero, ni lo uno ni lo otro, provocará una frustración insuperable.  

   Vale muchísimo que los hombres se expresen y defiendan las ideas por las que consideran que encaminan al pueblo hacia un mejor destino.

   La democracia ha de dar sus frutos en tanto sea “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Y que el diálogo y la cooperación, entre gobernantes y ciudadanos -prescindiendo de cintillos partidarios-, potencie los mejores resultados para el fin esencial del bienestar público.

   Esos que esperamos a diario y de los que debemos sentirnos gestores.

Walter Celina - 21 de noviembre de 2003  waltercelina@hotmail.com


www.chuynet.com© 2000 - 2003