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EL DERECHO A LA
IDENTIDAD EN CARLOS GARDEL
No entraré a la cuestión de derecho que asoma tras el título sino
que compartiré con los lectores una información -de verdadera
trascendencia- que, vinculada con la materia, me suministra la
Defensoría Internacional de Derechos Humanos para América Latina.
Hasta que las investigaciones iniciadas por el periodista Erasmo
Silva Cabrera no culminaron, lo que ocurrió con los aportes de
otros talentosos buscadores de la verdad histórica, pudo argüirse
que la nacionalidad de Carlos Gardel era francesa. Para esta
versión, el mítico cantante rioplatense y voz emblemática del
tango universal, no era otro que Charles Romuald Gardés, hijo de
Berthe Gardés, nacido en Toulouse.
Como suele ocurrir con “las historias oficiales”, Carlos Gardel no
era galo, sino uruguayo. Sus padres fueron el Coronel Carlos
Escayola y María Lelia Oliva. Tacuaremboense por más señas. Hasta
aquí la claridad es total.
¿Pero quién era Charles Romuald Gardés?
Las indagaciones del Arq. Nelson Bayardo, del Dr. Eduardo Payssé
González y otros pesquisadores estaban orientadas a identificar el
perfil de la persona cuya filiación se utilizó para ocultar la
real del chiquillo, que después sería conocido con el apodo de “El
Mago”.
La noticia de la que quiero dar cuenta tiene que ver con las
acciones que en los planos judicial y administrativo han de tener
lugar en fecha próxima. La misma me ha sido comunicada por la
organización citada, que también despachó su informe para algunos
medios televisivos de Montevideo.
El Sr. Israel Álvarez de Armas, historiador venezolano,
documentará que Charles Romuald Gardés falleció en Europa antes de
1920. Con la presentación del acta de defunción y otras piezas
certificadas se derrumbará el “argumento”de la nacionalidad
francesa del ídolo tanguero latinoamericano y quedará probada la
falsedad del testamento ológrafo -supuestamente firmado por
Gardel-, por el que accedieron a sus bienes la Sra. Gardés y el
Sr. Defino.
Los trámites generarán revuelo en Toulouse y Buenos Aires.
Estremecerán Uruguay y repercutirán en nuestra América y buena
parte del mundo.
Al quedar agregada al acta de nacimiento del francés la anotación
de su defunción, se requerirá a la Alcaldía que remueva las placas
emplazadas en la fachada de la casa de la Rue du Canon d’Arcole 4
y en una estatua, ya que el Charles Romuald homenajeado nada tuvo
que ver con nuestro gran Carlitos.
En Buenos Aires, en tanto, las autoridades del gobierno de la
ciudad recibirían la petición de retiro de los restos de Berthe
Gardés del panteón gardeliano de La Chacarita, por no ser madre
del astro. Se hará, asimismo, la solicitud de agregación de la
nueva documentación en el expediente testamentario de Carlos
Gardel, quedando consignada la suplantación fraudulenta de
identidad.
Finalmente, ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de
Uruguay, se pedirá la incorporación en el expediente Nro. 790, de
1935, del acta de defunción de Charles Romuald Gardés. Es de
recordar que, tras el luctuoso hecho de Medellín en el que Gardel,
Le Pera y otros compañeros perdieran la vida, Uruguay se mostró
interesado en repatriar al fallecido.
El derecho a la identidad es un derecho fundamental del hombre y,
en toda circunstancia, procede allanar el camino de la verdad.
Razones egoístas, ligadas a prejuicios, convencionalismos,
intereses de diversa naturaleza, incluidas ciertas filosofías no
humanistas, históricamente han apelado a su desconocimiento.
En disertaciones radiales y en escritos periodísticos he abordado
el drama del Gardel-niño y la elevación lograda por el
Gardel-hombre, interpretando el dolor de quienes que han padecido
la sustracción de su identidad y los retaceos en su afectividad.
Es grato saber que otros compatriotas de América Latina, atraídos
por el magnetismo de la música, reunidos por el imán del
gardelismo, sienten como cualquier rioplatense la necesidad de
adoptar la verdad como su compromiso.
En el momento oportuno volveremos a este interesante capítulo. |