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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LOS FINANCIAMIENTOS PARTIDARIOS

EL CASO DINIZ

   No tengo la menor duda que la renuencia de las colectividades políticas a sancionar una ley sobre fondos partidarios y forma de financiamiento de las campañas electorales repercute de manera negativa sobre la democracia.

   En Uruguay se creó un sistema que permite que el Estado subvencione a las fuerzas participantes de una elección, acreditando a favor de los partidos determinada suma  de dinero por cada voto obtenido.

   El contribuyente carga con parte del peso de las campañas proselitistas que, si bien limitadas en el tiempo, tienen un costo muy elevado en dólares.

   Nada se ha querido decir respecto del acceso a la televisión -el medio más costoso por minuto-, ni de cómo se acreditan las contribuciones nacionales y del exterior, que benefician a candidatos y partidos.

   Esos donativos “extrapartidarios” no son nuevos. Existen y dejan rastros. Cuando no se ven no es porque no existan, sino porque, simplemente, se ocultan. Y no hay quien arroje una piedrita…

   El compromiso con empresas nacionales o extranjeras crea bases de supeditación posterior, debilita las políticas transformadoras de nuevos signos. Alimenta la corrupción y la supervivencia del “statu quo”, con las inveteradas “políticas de ajuste”. Esas que pagan los más, que por una ineluctable regla de tres, son los que menos tienen.

   El flamante gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, desde siempre crítico de la concusión y de la connivencia de los agentes públicos con los privados, se vio sacudido en su núcleo con el “affaire Diniz”.

   Hace pocas semanas la Asamblea Legislativa del Estado de Rio de Janeiro creó una Comisión Investigadora Parlamentaria. Allí quedó develado que Waldomiro Diniz, asesor renunciante en el equipo de José Dirceu -mano derecha de Lula en Palacio de Planalto-, había recibido coimas del agente de apuestas (“bicheiro”, de “jogo do bicho”)  Carlos A. Ramos -alias Carlitos Cachoeira-, destinadas a las campañas del candidato Geraldo Magela, del PT por el Distrito Federal, de la también petista Benedicta da Silva y de Roseana Garotinho, del Partido Movimiento Democrático Brasileño, esposa de Garotinho, quien fuera candidato presidencial por el PSB (socialista).

   La pieza del escándalo fue el video presentado por el corredor de apuestas, cinta que muestra a Diniz pidiendo una comisión del 1%  en ciertas ganancias y contribuciones a la campaña electoral del 2002.

   Los juegos de apuestas en Brasil tienen conexión, en determinados porcentajes, con sectores mafiosos.

   La reacción del Presidente Lula fue rápida y saludable, aunque inefectiva a la postre. Decretó la medida de suspensión de las casas autorizadas para juegos de azar y tragamonedas. La Cámara de Diputados lo acompañó pero, el Senado le puso el freno, votándola en contra. Todo volvió a punto cero. De momento, tampoco habrá legislación sobre la especulación con los sistemas de apostadores.

   Tal vez,  el Senado haya querido tapar la boca de otros Carlitos Cachoeira, financiadores de candidatos y partidos.

   La moraleja es clara. No sólo para los hermanos brasileños, sino para los uruguayos: es imprescindible profundizar y asegurar la cristalinidad de los procesos democráticos.  

Walter Celina - 04 de junio de 2004  waltercelina@hotmail.com


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