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LA ESCUELA TÉCNICA DE
LA FRONTERA
UNA NECESIDAD
IMPOSTERGABLE
Un año lectivo más que transcurre, cargado con las expectativas de
padres y alumnos que se preguntan cuál será la inserción laboral
posible, al término del ciclo secundario.
El destino incierto de nuestros jóvenes amerita la promoción
responsable del tema.
En la dilucidación del punto confluyen, por un lado, un sistema
educativo que no responde a las necesidades productivas del país
(con dificultades para insertarse en el mercado regional y
mundial) y, por otro, un sistema de creación de la riqueza, sin
enfoques precisos de hacia dónde apuntar, con qué rubros y con qué
metodología.
En este esbozo puede verse otra urgencia: la de contar con
políticas nacionales de consenso, delineadas para períodos
amplios, trabajadas recurriendo a los mejores talentos y
sostenidas con el aval de la opinión pública.
Debe convenirse que, de tantos golpes, la hora llegará en que los
acuerdos tendrán que lograrse.
Del mismo modo, que los uruguayos no deberán quedarse estáticos a
la espera de ese momento, de donde se deduce, que hay que echar a
andar.
De este modo, si tenemos por demás sabido que la frontera precisa
una escuela técnica, no hay que esperar de un año para el otro y
de un gobierno para el que viene, para resolver este asunto.
La sociedad civil tiene fuerzas suficientes para aunar voluntades
y convocar a las autoridades de la materia para que se expidan,
sin más tardanza.
Si la escuela debe ser compartida con jóvenes de ambos lados de la
línea demarcatoria, bienvenida sea esa forma de integrar. Si este
proceso está enredado en formalidades que la demoran, instalemos
nuestro centro técnico.
Con datos recientes está confirmado que el mercado laboral compite
directamente con la actividad curricular en los sectores sociales
de menor ingreso. Son de estos hogares modestos que, a los 14-15
años, salen nuestros muchachos para trabajos de escasa o nula
calificación.
Estamos hablando de una competencia perniciosa. ¿De quiénes se
prescindirá a la primera contracción de los empleos? Obviamente,
de quenes carezcan de algún conocimiento especial, de los que no
completaron su ciclo, técnico, si hablamos de la UTU, para no
citar a los que abandonaron los cursos liceales.
Como ha razonado el sociólogo Juan Bogliaccini, de la Universidad
Católica de Montevideo, apelando a una semántica muy dura: “estos
nuevos ganapanes sustituyen la educación formal por trabajo” en
los términos ya descritos, lo que “conduce a la peor de las
situaciones porque terminan no estudiando, ni trabajando”.Y
remata: “Por esta vía se llega a la exclusión social, a la
marginación”.
Para que la vida de nuestros jóvenes no termine en este doble
fracaso educativo-ocupacional” y para que sus vidas no sean
llevadas al desastre, es preciso reivindicar, con fuerza, la
instalación de la escuela técnica del Chuy o, si fuera posible,
una fronteriza integrada con Brasil.
Es muy doloroso ya observar el cuadro que exhiben nuestras calles,
con adolescentes y jóvenes que orillan la marginación.
Es posible, entre las personas de buena voluntad, ganarle a ese
futuro de “ganapanes”, brindando a nuestros muchachos la
oportunidad a la que tienen derecho.
Si llegan a ser útiles para sí, seguramente lo serán para su
comunidad. |