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NUESTRO EJE
TURÍSTICO-COMERCIAL
POR
UNA ESTRATEGIA DE DEFENSA
Y ACUERDOS FRONTERIZOS
¿Puede
considerarse que nuestra frontera es un eje turístico-comercial?
Respondo a esta interrogante de modo afirmativo.
¿Por qué?
En el decurso de varias décadas el Chuy-Chuí se constituyó en un
polo comercial y las comunidades uruguayas y brasileñas asumieron
una identidad compartida, asociándose para actividades del más
diverso género.
Este verdadero foco integrador acentuó sus vínculos con la ciudad
de Santa Vitória do Palmar y Rocha, capitales municipales;
estableció relaciones con Pelotas y Montevideo y, simultáneamente,
generó lazos estrechos con las localidades próximas, de menor
porte, costeras y no costeras, que hoy alcanzan perfiles urbanos
definidos.
El régimen de free-shops estimuló la corriente comercial, lo que
indujo a la renovación de la otra banda, jerarquizándose su
infraestructura de ventas.
Los precios de frontera, tanto por las diferencias cambiarias,
como por determinadas políticas, alentaron las condiciones de vida
de los centros poblados del entorno -lo que no carece de
significado social- y consolidaron los flujos turísticos sobre el
marco Chuy-Chuí.
El aislacionismo a que nuestros habitantes pudieron estar
condenados no prosperó, siendo el comercio fronterizo el
dinamizador económico y el que hizo viable el sustento de las
personas más modestas.
El Chuy-Chuí ejerció, igualmente, su gran influjo al potenciar a
las comunidades atlánticas -uruguayas y brasileñas-, las que
comenzaron a crecer, poblando espacios naturales que hoy sustentan
esfuerzos positivos para el recreo y el descanso familiar, en la
temporada veraniega y en otros momentos del año.
Santa Vitória do Palmar quedó vinculada -de modo múltiple- a este
centro de desarrollo. Las dos Barras -la brasileña y la uruguaya-
percibieron el fruto de esta corporización de nuestros espacios,
para citar sólo dos puntos pegados al mar y apenas separados
físicamente.
Hoy es posible percibir que la dinámica de todo el sistema de
núcleos poblados y ciudades fronterizas se funda -al menos- sobre
dos pilares: a) la fuerte integración uruguayo-brasileña (y
viceversa) y de otros segmentos migratorios, que poseen una
cohesión social magnífica y potente y, b) la existencia, que
podría definirse como un eje asociador, del Chuy-Chuí.
Sostengo que los frecuentes intentos de los últimos años para
desestabilizar este nucleamiento no han sido vanos.
Todo ha llevado a la contracción de las actividades comerciales,
como a las que le son conexas en los medios rural y urbano. Se
registra el crecimiento de la desocupación, la subocupación y la
no obtención del trabajo por primera vez, extremo este que golpea
a los jóvenes. El cuadro social es preocupante.
Es hora de recrear nuestro espacio fronterizo. Desde el doble
ángulo de cada una de sus partes y, como un todo.
Debemos, primero, tener una clara contabilidad de aquellas medidas
nada felices que hemos experimentado, para que nadie vuelva a
ensayarlas. En segundo término, deberíamos pasar de la inacción y
de las acciones no coordinadas, a una estrategia de defensa y a un
plan mínimo de desarrollo. En tercer lugar, sería bueno
“confederar” esfuerzos, a fin de catapultar iniciativas
regionales comunes.
Ha llegado el momento en que nuestros municipios, partidos
políticos, fuerzas sociales y culturales, personalidades
independientes, etc., inicien contactos y comiencen a crear -sin
sectarismos de ningún orden- un ámbito para el tratamiento de una
agenda fronteriza.
Por otra parte ¿alguien piensa que no se pueden generar acuerdos,
desde cada línea divisoria para adentro, en las diversas
jurisdicciones, con una ancha base?
Si estamos dispuestos a bregar por un crecimiento vivificador,
abramos un debate amigable y posesionémonos de la idea que sólo
una frontera unida nos hará cada vez más fuertes. Lo demás -que
puede no ser poco- vendrá por añadidura. |