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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EL EJE TURÍSTICO COMERCIAL
CHUY-CHUÍ

   El tema no es nuevo, pero preocupa. Tiene los visos de una campaña sistemática. El Chuy-Chuí es objeto, cada dos por tres, de acciones conmocionantes o desestabilizadoras.

   Tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, en EE.UU., hubo acosamiento a los uruguayos afincados fuera de la línea demarcatoria de límites, lo que llevó a que toda la gente de la región cerrara filas, en demanda de  seguridad jurídica. El asunto fue tratado con madurez encomiable y los nubarrones se disiparon. Ello no evitó que personas honorables atravesaran, con sus familias, horas angustiantes.

   En otro momento, se desató una campaña de prensa que situó al Chuí (BR) a la altura de un foco conspirativo internacional, a partir del núcleo de comerciantes oriundos del Cercano Oriente que, desde hace décadas -en muchos casos- están asentados en el lugar.

   Luego, vinieron “medidas contra el contrabando” y la aplicación del “0 kilo”. Se atacó, de modo generalizado, a los funcionarios aduaneros y, con este pretexto, la hostilidad recayó sobre los turistas extranjeros y pobladores de menores recursos que, desde comarcas vecinas, llegaban a las ciudades chuienses en busca de un mayor rendimiento para sus menguados ingresos.

   De fuentes genuinas de trabajo nunca se habló. Menos fue lo que se hizo.

   El turno un día le llegó a los comerciantes del sistema de “free-shops”, a quienes se les aplicaron restricciones.

   La caída del turismo se hizo palpable con la pérdida de  ocupaciones formales e informales, sin aportarse medidas para paliar los efectos de los impactos.

   El viejo tema de los vendedores, con puestos instalados en el cantero de la Avenida Internacional, tuvo su hora de desalojo. Y, ni el Municipio de Rocha, ni el gobierno central articularon una solución al desplazamiento.

   Esta sucesión de desaciertos tiene un telón de fondo, que gravita en esta colección de elementos nada positivos: la municipalidad rochana no le paga a su personal  y anuncia la reducción de la plantilla local. Las recaudaciones caen. No existen obras. 

   Se ha llegado  al punto en que el trabajo se ha volatilizado. De la tensión se ha pasado al sufrimiento. El oxígeno parece agotarse.

   Una mano perversa castiga al Chuy (Uy) sin piedad. Ante tantos embates acumulativos, la solidaridad ha pasado a ser palabra clave. La que procura abrir caminos y restañar heridas.

   Hay más. Días atrás, el centralismo del Ministerio de Turismo, por sí y ante sí, dispuso que el puesto turístico del Chuy -instalado frente a las oficinas aduaneras- pasara a  ubicarse en La Coronilla, a unos 26 kmts. de la frontera…!

   ¿Por qué este ensañamiento aberrante, que se traduce en una medida que no resiste el más mínimo análisis?

   No se discute que La Coronilla, como las otras localidades costeras, tengan derecho a tener puestos de referencia turística.

   Lo que nadie debería ignorar -conociendo un poquito la geografía zonal- es que el Chuy es el punto de entrada al país.

   Que es en esta latitud, y no en otra, donde debe funcionar la oficina de bienvenida a los visitantes y de información.

   Ex profeso no hemos ingresado a considerar lo que las comunas brasileñas podrían aportar a la región.

   Tenemos bastante con los débitos nacionales y los derivados de la gestión administrativa local.

   Estamos persuadidos, con mucha gente, que en la sumatoria de cuestiones con las que se ha estado flagelando al Chuy -muy graves unas y menos pesadas otras, pero que acumuladas desgarran al cuerpo social-, existe un propósito que supera la contumacia. Habrá ocasión en que nos refiramos a  sus posibles orígenes y finalidades.

   De algo no tenemos dudas. Chuy-Chuí comportan el eje turístico-comercial de la región, con un sistema de localidades, costeras y no costeras, uruguayas y brasileñas en expansión.

   La base de un gran polo de integración binacional fronterizo reside aquí. Hacia este espacio deberían mirar con más atención los gobiernos de los dos países para alentar el trabajo y bienestar de sus hijos. De aquellos que lo tienen y de quienes lo están esperando.

   Una actividad continuada y armónica de las autoridades gubernamentales y administrativas, de los partidos y de los actores de la sociedad civil debería converger a la defensa común de esta perspectiva, en las dos bandas.

   Desde luego: para ir adelante precisamos obrar por encima de diferencias, pasiones y enfrentamientos, actuando con tolerancia. Buscando aquel programa común que nos identifique, sin perjuicio de nuestras identidades individuales o grupales, de cualquier género.

   Debemos estructurar un acuerdo programático para el desarrollo regional, es cierto. Pero, de buena vez, tienen que cesar las presiones y ataques contra el promisorio eje turístico-comercial Chuy-Chuí.

   ¿Será posible?

Walter Celina -   waltercelina@hotmail.com


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