De lo que se trata es que la semilla caiga en terreno fértil
y no malgastemos dos capitales: el tiempo (para superar nuestros
retrasos) y los dineros públicos (los que aportamos por
impuestos).
La sociedad en su conjunto, los actores públicos y los
privados y, los ciudadanos -Ud. y yo, estimado/a lector/a-
tenemos, en el día a día, una cita para indagar sobre estas
cuestiones y ver qué se hace, con qué fundamento y cómo. Con un
correlato imprescindible: coadyuvar -siempre hay formas- a
enriquecer el proceso.
Todo esto subraya la importancia de la educación y de la
política misma (con mayúscula), pareciendo cosa buena y oportuna
incorporar el punto, como el gran asunto colectivo que es, en la
agenda de las preocupaciones cotidianas.
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Trayendo a un plano más concreto la temática, hay dos hechos
que no será ocioso destacar.
Hemos subrayado la importancia que para la frontera
atlántica brasileño-uruguaya tendría implementar una Escuela
Industrial.
Un breve paso acaba de darse con el acuerdo de nuestras
autoridades para dictar dos cursos iniciales, que beneficiarán a
alumnos de ambas naciones.
Se trata de un módulo afín a la tarea agropecuaria y de otro
vinculado a la hotelería.
Comienzo deben tener las cosas y este acuerdo debe entenderse
como muy positivo. Se trata de dos pivotes de la economía
regional. Debemos celebrarlo e ¡ir a más!
La escuela “Bernardino de Souza Castro” acaba de instalar dos
cursos: uno para analfabetos mayores (jóvenes y adultos) y otro
de recuperación para quienes truncaron su formación sin siquiera
culminar el tercer año.
Es una excelente iniciativa, que vale tanto por lo que
individualmente aportará, como por la concepción que encierra.
Y vuelvo a los conceptos iniciales, permitiéndome recordar
ahora que son nuestros jóvenes sin escolaridad, o con
interrupciones importantes en los ciclos educativos, los que
captan los empleos más pesados y peor remunerados, estando
sujetos siempre al carácter temporario del “trabajo”. Es decir,
son los relegados absolutos en las oportunidades laborales,
signadas por una escasez, tan aguda como dramática.
La educación, en fin, hace a las mejores posibilidades para
una vida digna y al más auténtico crecimiento social y personal.