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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LA EDUCACIÓN, EL TRABAJO, LOS MEDIOS

   Hace unos años Jeremy Rifkin, sociólogo estadounidense, formuló una tesis que revolucionó los ámbitos académicos y políticos al anunciar, nada menos, que ¡el fin del trabajo!

   Su labor de investigación fue compendiada en una obra homónima, de alrededor de 400 páginas. Sostiene que el desarrollo tecnológico y las pistas de la comunicación -que universalizan la información- le aportan un nuevo concepto al trabajo.

   Analizando los procesos ocurridos en la historia del desarrollo de los Estados Unidos y países europeos, llega a la conclusión que la labor humana se simplifica y tiende a desaparecer, sustituida por los noveles mecanismos aportados por las nuevas generaciones de máquinas -que reducen y suplen la “mano de obra”-, tanto como por tecnologías que permiten la comunicación instantánea hacia cualquier punto del planeta, eliminando las vías hasta ahora utilizadas.

   En una de las visitas que Rifkin realizara a Montevideo ofreció disertaciones en círculos aledaños al gobierno. Tuve oportunidad de conocer más en detalle los alcances de su pensamiento.

   Su análisis acerca de la posibilidad que, en muy pocos años, el trabajo se encoja, aumentando la pérdida de los empleos tradicionales, no deriva -de manera necesaria- en una catástrofe global, pero las naciones no podrán quedarse de brazos cruzados.

   Con meridiana claridad puede deducirse que, si el conocimiento es poder y este sólo es  administrado  por unos pocos -que lo utilizan para acumular montañas de beneficios para sí-, estamos ante un primer gran problema a resolver. Para que ello acontezca será necesario establecer nuevos acuerdos internacionales.

   Se trata de uno de los mayores desafíos de la política mundial. Y la opinión de los pueblos no deberá soslayarse.

   Puede advertirse que este es un asunto de portada. Para percibirlo  no se precisa tener el talento de Rifkin, ni mucho menos. Es un problema crucial de nuestro tiempo.

   El investigador ha indicado que en el umbral de la civilización, hacia la que enderezamos nuestros pasos, se fortalecerá un tercer sector, que no será ni el del campo, ni el de la industria. Será el vinculado a servicios de los que cada comunidad no puede prescindir. Ellos no podrán ejecutarse sin la presencia y sin el “contacto” humano. El cuidado de un anciano, la atención de un enfermo, la preparación de un niño, la consideración de una problemática de familia, etc. precisan del desarrollo de actividades pensadas y ejecutadas por el hombre. Rifkin confía que una masa muy grande del “trabajo futuro” será empleada en áreas como éstas, comandadas por actores de la sociedad civil. Pero tales ocupaciones ¿alcanzarán para todos?

   Las nuevas tareas llegarán de una distribución más justa de los beneficios del trabajo, de la superación de las desigualdades impuestas a los países, como de formas no exclusivistas para la participación en el acceso y uso de las últimas tecnologías.

   La Organización Internacional del Trabajo, OIT, advierte que la acelerada implantación de los nuevos conocimientos en el campo laboral genera cambios de tareas y que los contratos de empleo se distancian  de los tradicionales, dejando de ser continuos y estables.

   Las industrias de la información y las comunicaciones precisan mejoras en la productividad para ser competitivas. Ergo, requieren a los más capacitados para sus empleos. Las inversiones extranjeras directas se asocian, por lo regular, a la exigencia de empleados calificados, poseedores de conocimientos sólidos. Individuos bien formados en niveles terciarios.

   La contracción del empleo es una durísima realidad de nuestras sociedades. En la perspectiva del futuro más inmediato se hace necesario capacitar a los jóvenes todo cuanto más se pueda. Ninguna estrategia cierta de desarrollo puede prescindir del aporte fundamental de la educación.

   Su promoción no puede ser una tarea privativa de los gobiernos, ni tampoco una actividad de círculo, generada para quienes puedan pagarla. Debe ser, antes bien, una preocupación colectiva, asumida responsablemente por los partidos de gobierno y los de oposición, por profesores, educandos, padres y ciudadanos amantes de la transformación del país.

   Habrá que debatir y concertar con urgencia.

   Nuestros medios -unos escritos para circular del modo tradicional, lo mismo que los “on line”-, tienen una tarea muy honrosa: presentar con sus periodistas, lectores, pedagogos, personalidades calificadas por su saber, las ideas e informaciones que sustenten un debate creativo. Aquel que nos prepare para una estrategia de país por el trabajo y el bienestar colectivo. 

Walter Celina - 28 de julio de 2003  waltercelina@hotmail.com


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