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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

Documento fronterizo y seguridad jurídica

Hace menos de un año el Presidente de Brasil visitaba Uruguay suscribiendo con su par un conjunto de instrumentos, de indudable importancia para la progresión  de las relaciones binacionales.

   En el cuadro de una activación de los contactos -que juzgamos de verdadero interés para la región-, esa práctica vuelve a cobrar acento con los recientes viajes a Brasilia y Porto Alegre del mandatario oriental.

   Uno de los puntos en tratamiento ha sido el apoyo dado por los poderes ejecutivos de ambas naciones a un acuerdo denominado  “permiso de residencia, estudio y trabajo para los nacionales fronterizos, brasileños y uruguayos”.

   En la elaboración de dicho proyecto Itamaraty cumplió un papel trascendente, encontrando disposición plena en la Cancillería de Uruguay.

   La concordancia compatibilizó los intereses de un sector de pobladores de una “frontera amiga y pacífica”, con las necesidades derivadas de los flujos migratorios y su imprescindible contralor.

   El carácter “inédito y renovador” del proyecto, al que aludieran los presidentes al concluir sus deliberaciones, se vincula, asimismo, a la Agenda de Cooperación y Desarrollo Fronterizo.

   Se trata de continuar escalando en asuntos calificados “prioritarios” en áreas limítrofes brasileño-uruguayas. Ello pasa por la cooperación en salud, educación, convergencia policial-judicial, medio ambiente e impulsión conjunta de la economía.

   Sobre estas materias existe una labor plausible en esta parte de la frontera.

   Importa decir ahora que el último contacto de los presidentes Lula Da Silva-Batlle Ibáñez ratificó lo antes actuado, quedando la aprobación del “permiso de fronterizo” supeditada  al Congreso de Brasil y la Asamblea General de Uruguay, donde se están adoptando las medidas pertinentes.

   Para la gente laboriosa que, de un país busca en el otro sustento por el trabajo, o facilidades para el estudio de hijos, nietos, sobrinos o, simplemente una vejez más segura en suelo hermano, con proximidad de parientes o amigos, la seguridad jurídica brindada por un carné  identificatorio local, es muy importante.

   La conformación del registro que el mismo supone contribuirá a conocer quién es quién en la frontera, regulando la circulación de personas y, en cierta forma, de bienes.

   Cabe inferir, por consecuencia lógica, que lo que resulte beneficioso para  individuos de costumbres saneadas,  avecindados en una pequeña extensión limítrofe, irá en apoyo de las autoridades de contralor, particularmente de aquellas que operan contra las viejas y nuevas formas del delito. 

    La seguridad jurídica dada por la documentación proyectada, desde otro ángulo, puede verse -como lo vienen apreciando legisladores municipales y departamentales de ambos países, gobernantes locales y personalidades entendidas- como una respuesta sensata e inaplazable. 

Walter Celina - 14 de junio de 2003  waltercelina@hotmail.com


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