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DE
AGUA SOMOS
EL COMPROMISO CON LA
VIDA
La igualdad esencial entre un individuo y otro parece estar
reflejada en el aserto que “de polvo somos y al polvo volveremos”,
lo que pone a cero las pompas y boatos con que algunos hombres
pretenden distinguirse del resto de los mortales.
Hay en la frase un valor ético primordial que, como es obvio, no
apunta a borrar el valor individual de las personas, aquel que
permite reflejar los talentos y las virtudes.
Muy a pesar de lo que dicta el Génesis bíblico, en cuanto a
que Adán fue hecho de “polvo”, es el agua el elemento principal de
la materia viva. La masa de los organismos vivientes se compone de
agua entre un 50 al 90 por ciento, siendo la sustancia
protoplasmática una mezcla de agua con grasa, carbohidratos,
proteínas, sales, etc. El agua participa como el disolvente que
transporta, combina y descompone químicamente dichos factores,
además de actuar en la transformación metabólica de las moléculas
proteicas y los carbohidratos. Este proceso de hidrólisis es
constante en las células vivas.
Tanto en animales como plantas, la sangre y la savia, contienen
una alta proporción de agua, fundamental en los ciclos de
alimentación y excreción.
En el Océano Pacífico, a miles de metros de profundidad, existen
fuentes hidrotermales en que el agua brota a una temperatura de
350 grados centígrados, estando cargada de sustancias diversas.
Sulfuro de hidrógeno y derivados del azufre, entre otros.
Cabe indicar que, alrededor de estas fuentes abunda la vida,
siendo de destacar la presencia de unas bacterias quimiosintéticas
que extraen su energía de compuestos azufrados del agua.
Reemplazan -de este modo- a los organismos fotosintéticos (que
toman energía de la luz solar).
Los científicos han colegido que las condiciones de vida aquí
reinantes se parecerían bastante a las existentes hace unos 3.500
millones de años, por lo que algunos deducen que la vida pudo
aparecer en el fondo oceánico y no sobre la faz de la tierra, bajo
exposición a la luz solar.
En la antigüedad el agua fue considerada por los filósofos una
sustancia fundamental y básica, sustentadora de buena parte de la
existencia.
En su unidad más íntima es un compuesto de hidrógeno y oxígeno,
que se signa en química H2O. Antoine Laurent Lavoisier
estableció esta noción -en laboratorio ensayada por Henry
Cavendish-, más adelante ampliada por los estudios de Guy Lussac y
Humboldt.
Somos de agua y esta preside las necesidades de la vida en el
planeta. Mil 300 millones cúbicos de agua son los existentes,
depositándose el 97% en los océanos, un 2% en los glaciares y
polos. Del 1% restante el 50% es subterránea y 4/5 partes no son
accesibles o no están aptas para el consumo humano.
Si bien el acceso al agua se admite -cada vez más- como un derecho
humano, 1.200 millones de personas en el mundo no acceden a un
líquido de consumo confiable y 2.400 millones carecen de
saneamiento.
La disminución de las desigualdades sociales pasa por la
democratización del derecho al uso del agua potable, del mismo
modo que existe la necesidad de la protección de las fuentes, allí
donde estén.
Se trata de una cuestión de naturaleza política y ética, que
demandará de mecanismos de negociación y concertación entre
gobiernos, organismos internacionales y la sociedad civil. Esta
tiene una obligación para consigo misma: defender el acceso al
agua y proteger uno de los mayores bienes de la vida. |