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EL TANGO ES
COSA DE MINAS
CONFERENCIA DE
LA POETISA ARGENTINA
MARTINA IÑIGUEZ
NOTICIA PRELIMINAR
El evento fue presentado por la “Fundación Tango” de Montevideo,
que preside el Dr. Nelson Sica y tuvo lugar en octubre de 2004.
La distinguida disertante accedió a la publicación de su
exposición,
utilizándose un texto que no corrigió personalmente.
Los subtítulos corresponden a la redacción de “Tango-Cultura”.
Poemas lunfardos de la autora están centrados en letra cursiva
negrita.
Los extractos de letras de tangos se han colocado en cursiva
simple.
* * *
UNA
EVA URUGUAYA EN EL ORIGEN DEL TANGO
Vamos a
comenzar la historia por el principio.
¿Quién
fue el que mordió la manzana?: Adán
¿Quién
fue la inspiradora de la idea?: Eva
Desde el
comienzo de la historia las minas somos las inspiradoras tanto de
las buenas como de las malas ideas.
¿Quién
fue el autor de la primera letra a la que puede atribuírsele la
redención social del tango?
Angel
Villoldo: músico, armonista, cantor, actor, compositor, nacido en
Buenos Aires y llamado “El Papá del tango criollo” cuando corría
el año 1905.
¿Quién
tuvo la brillante idea de desafiarlo a escribir una letra que
pudiera ser cantada ante una platea decente?
Lola
Candales, vedette uruguaya, bellísima, quién sugirió a Saborido:
-Nada de
malevos, nada de noche, nada de arrabalerías ¿comprende? Una
letra, viejo, que se pueda cantar en un confesionario.
Pero,
nadie la llama “La mamá de la idea”.
Hasta ese
momento, los varones no habían hecho más que valerse del tango
para franelear o para mejorar sus ingresos exhibiendo a sus
pupilas, floreando títulos como: “Sacudime la persiana”, “¡Qué
polvo con tanto viento”, “Dejala morir adentro”, etc, etc. y
muchos más terribles etcéteras, en los que es mejor no
profundizar.
Gracias a
una mina, el tango dejó de ser una chabonada, es decir, cosa de
chabones, para convertirse en un estilo merecedor de dar la vuelta
al mundo en las más afamadas gargantas.
¡Qué tal!
Las
primeras letrillas de tango nacieron en los lupanares, pasando
luego al varieté, a través de un tamiz que las fue refinando, por
mediación de escritores no muy letrados.
“Soy el
mozo canfinflero
que
camina con finura
y baila
con quebradura
cuando
tiene que bailar.
Al que
miran los otarios
con una
envidia canina
cuando
me ven con la mina
que la
saco a pasear...”
Los
temas eran siempre los mismos. Los animaba un mismo espíritu
descriptivo.
“El
Taita”, de Silverio Manco dice:
Soy el
taita más ladino, fachinero y compadrito.
¡Vaya
sobreestimación!
Y
agregaba:
Se
llama Elvira la paica mía, y día a día da lindo espor,
y yo me
paso calaveriando y desechando mi sinsabor.
“El
porteñito” se daba corte diciendo:
No hay
ninguno que me iguale para enamorar mujeres,
puro
hablar de pareceres, puro filo y nada más.
Y al
hacerle la encarada la fileo de cuerpo entero,
asegurando el puchero con el vento que dará.
PERCANTAS
JUGADAS AL DEMONIO
Con “La
Morocha” se le daba permiso al tango para entrar en las casas de
familia de la clase media acomodada, donde las señoras y las niñas
tenían un piano en la sala, en el que solían tocar con más o menos
habilidad.
Era la
época en que les hacían creer a las mujeres que saber tocar el
piano era un argumento más para conseguir novio. Sin embargo,
ellas morían por reemplazar los valses de Strauss por la sensual
cadencia de un tango, soñando abrazarse al destino de un varón.
“Los
hombres son el demonio” dicen las mujeres. Y están esperando que
el demonio se las lleve…
Años
después -en 1917- con otro tango, “Mi noche triste”, nace un modo
diferente de sentir, concebir y plasmar una canción radicalmente
nuestra, entrelazada a la jerga lunfardesca, esta vez, usada para
desarrollar poéticamente un fato amoroso.
¿Quién
fue el autor de la letra? Pascual Contursi.
¿Quién
fue su inspiradora? La percanta.
Pascual Contursi fue, al decir de Agustín Remón, quién llevó el
tango “de los pies a los labios”. ¡Claro! Eso ocurrió después que
la mina le espabiló los sentimientos al chabón.
Él
descubre que ella era su alegría y su sueño abrasador. Para
olvidar sus penas se encurdela, llora y... hasta podría decirse
que mucho que hacer no tiene, porque se la pasa campaneando su
retrato. Tampoco puede saberse si, en realidad, el espejo está
empañado o simplemente roñoso como consecuencia del paso del
tiempo, ni si la lámpara del cuarto ya no alumbra porque se quedó
sin querosén o se quemó la bombita, o porque la mina al irse no
pagó más la luz.
Todo eso
no tiene demasiada importancia.
Lo
realmente interesa es que el tipo se apiola, si bien de manera muy
elemental, de nuestra valía.
En el
trance, no se le ocurre nada mejor que empezar a tirar culpas a
diestra y siniestra. Eso sí, siempre apuntando a los blancos
femeninos.
LAS MINAS DE
ORO Y EL MACHISMO
Durante
décadas la cosmogonía tanguera mostró mujeres maltratadas por
fiolos, tahures y malandras y formó parte de la historia sórdida
de la prostitución. La vida de las pupilas era mala y solían
acabar en la miseria, enfermas y marchitas en plena juventud.
Algunas
fueron rescatadas por el amor, confirmando la excepción que hace a
la regla.
En los
primeros años del siglo el tango desfiló por los más famosos
locales bailables de la época (la Casa de Laura, Mamita, María la
Vasca, Hansen...), abandonando hacia 1914 sus orígenes
aparentemente prostibularios, gracias a los compositores de
talento que aprovecharon el proceso de cambio que vivió el país
con el cosmopolitismo inmigratorio.
Atenuadas
las dificultades económicas y sociales, se hacía necesario afirmar
una identidad, incorporando el lunfardo allí donde se entrecruzaba
la orilla, la milonga, los patios de los conventillos, las salas
de las casas de familia, las canchas de fútbol, las escuelas, las
calles...
El tango
seguía siendo machista. Si bien se habían atenuado los alardes
varoniles, el malevaje belicoso no se avenía a abandonar la
postura de perdonavidas.
Esto
ocurría porque, como consecuencia de la inmigración, abundaban los
varones y la mina tenía una demanda bárbara. Ese requerimiento
transformó a la mujer en un filón de oro para el fiolo, quien
floreaba a su pupila y la alentaba a bailar agresivamente,
estimulando más los instintos sexuales que los sentimientos.
Con dicha
técnica motivaba al gil, o formayín, a pedir sus servicios.
Así las
cosas, el amure se convirtió en algo bastante frecuente. La
pérdida del amor da motivo para llorar, sobre todo, si el otro
lograba ser feliz en brazos de la percanta.
El tema
se repite en innumerables tangos. Lo que fue ocultado por
pornográfico o atrevido, reaparece bajo la forma de acusación o
reproche dirigido a la que se prostituyó.
De este modo
nacen “Flor de fango”, donde el tipo le recrimina a la pobre naifa
que tuvo la mala pata de nacer “en un conventillo alumbrao a
querosén”, que se haya entregado a la farra, cosa que le permitió
pasarla bien unos cuantos años y pelechar bastante. Sin embargo
nos cuenta, como al pasar, que “los amigos” la engrupieron y
terminaron por perderla noche a noche en el festín.
Si la
mina hacía rato que estaba perdida ¿no habrá querido decir que
además la afanaron?
En fin,
que si lo analizamos un poco, aquí Contursi no deja títere con
cabeza.
Se da un
caso parecido con Margot, la “pelandruna abacanada”, a la que se
embroca desde lejos. Sólo que aquí el tipo, siendo evidentemente
“uno de esos amigos”, no pudo chacarle nada, cosa que lo pone muy
cabrero.
Tal vez
Margot haya oído hablar de “la flor de fango” y, en consecuencia,
se haya dicho:
-A mi, ni
mi vieja va a sacarme guita.
Y la deja
nomás a la anciana lavando ropa “en el triste conventillo alumbrao
a querosén”, al que no piensa volver, mientras se mata de risa
pensando en el punto que le dice:
Vos
rodaste por tu culpa y no fue inocentemente,
berretines de bacana que tenías en la mente...
Me
revienta tu presencia, pagaría por no verte…
Y
prosigue imputándole estar dedicada a la tarea de:
marcar
los compases
tentadores de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfan su silueta y sus trajes de colores
entre
risas y piropos de muchachos seguidores
entre
el humo del tabaco y el champán de Armenonvil.
Hoy, la
mina en cuestión, luciría su silueta conduciendo algún programa de
televisión o levantándose algún candidato a presidente.
La mina
de “Zorro gris” tampoco larga los pesos, ni el tapado. Su autor
dice que añora un pasado feliz pero, yo me pregunto, si los
dolores que la acosan, más que añoranza de la humildad perdida, no
serán consecuencia de la vejentud ganada.
En “El
motivo” Contursi reitera la historia de “Flor de fango” y vuelve a
insistir con los amigos, ya que “enferma y sin vento no la van a
querer”.
¡Flor de
amigos!
QUE EL
OTARIO PAGUE CUALQUIER DEUDA CHICA
Lo
curioso es que en “Flor de fango”, “Margot”, “Zorro Gris” nos
muestran que si bien la prostitución era un mal negocio para la
mina, los que siempre terminaban reventándola eran “los amigos”,
quienes se hacían humo en cuanto la veían vieja y sin chance.
Una de
las letras más populares de la época fue “Ivette”, de Pascual
Contursi y Costa y Roca:
En la
puerta de un boliche
un
bacán encurdelado
recordaba su pasado,
que una
mina lo amuró.
La
conducta de la china lo llevaba de vuelta al alcohol pa buscar
consuelo sin dejar de reprocharle el costo de la inversión:
¿No te
acordás que conmigo
usaste
el primer sombrero,
y aquel
cinturón de cuero
que a
otra mina le saqué?
Afortunadamente, en 1920, Celedonio Flores llega con “Mano a mano”
para rehabilitar al “amigo”, quién “rechiflao en su tristeza”,
evocando a la mina, reconoce que “en su pobre vida paria” fue
“sólo una buena mujer”.
Fuiste
buena, consecuente,
y yo sé
que me has querido...
como no
quisiste a nadie,
como no
podrás querer.
Pero le
tira culpas: “hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones”; le
reprocha que se le hayan “entrado muy adentro en el pobre corazón
las locas tentaciones” proporcionadas por los magnates.
Mientras
tanto, le augura que sus triunfos, “pobres triunfos” serán
pasajeros…, a pesar de que él desearía que formen “una larga fila
de riquezas y placer”.
Agrega:
Nada
debo agradecerte,
mano a
mano hemos quedado;
no me
importa lo que has hecho,
lo que
hacés, ni lo que harás.
Los
favores recibidos creo habértelos pagado
y si
alguna deuda chica…
Eso sí,
si alguna “deuda chica” se le olvidó, espera que ya se la haya
cobrado al viejo otario, no sea que le venga después con algún
reclamo.
Tal vez
espere, también, que ella guarde algo de platita para mañana,
cuando “sea un descolado mueble viejo”, así él podrá darle una
ayuda. Aclara, eso sí, que el apoyo consistirá en un consejo, o de
jugarse con su ya descolado pellejo.
Puede
verse que el tiempo no sólo pasó para ella.
En fin,
con amigos así ¿quién necesita enemigos?
Más tarde
aparece la añoranza por la mujer que en algún momento se abandonó.
“Patotero
sentimental”, de 1922:
En mi
vida tuve muchas, muchas minas
pero
nunca una mujer.
Cuando
tengo dos copas de más,
en mi
pecho comienza a surgir,
el
recuerdo de aquella fiel mujer
que me
quiso de verdad
y yo
ingrato abandoné.
El tema
se repite en “Nubes de humo” de 1923, una composición de Manuel
Romero y Jovés:
Fume
compadre, fume y charlemos
y
mientras fuma recordemos
que
como el humo del cigarrillo
ya se
nos va la juventud.
Con el
alma la quería y un negro día la abandoné
Ella
juró que era buena y no la quise escuchar
Pobrecita mi querida, toda la vida la he de llorar.
Evidentemente, ella no era tan buena como para agarrarlo de nuevo.
El la
recuerda bien. A ella no le quedaron ganas de agarrar a ningún
otro.
Lo que nos
muestra que el hombre de la época era capaz de dialogar con los
amigos, con la viola y con el bandoneón pero, nunca, con la mina.
La mina
hablaba al cuete. A la mina no se la escuchaba.
Cuando la
mina se cansa de hablarle a la pared y se las toma, se convierte
en la ingrata.
LA REBELIÓN
DE LAS MUJERES
EN UN POEMA
DE LA DISERTANTE
Veamos
“Silbando”, de 1923. Sus autores son José Gonzalez Castillo, Cátulo
Castillo y Sebastián Piana:
Una
calle en Barracas al Sud...
Una
calle, un farol, ella y él
y
llegando sigilosa,
la
sombra del hombre aquél
a quien
lo traicionó una ingrata moza.
Porque si
a algo no tenía derecho una mujer era a cansarse de un plomazo.
En
“Organito de la tarde”, de 1923, no solamente el novio, sino
también el padre de la mina “van buscando por el arrabal a la
ingrata muchacha al compás de aquel tango fatal”.
Pero, aún
así, el tango seguía siendo machista.
Y hay que
tener cuidado con el machismo porque puede incitar a las minas a
la “Venganza”.
¿No
sabés que el machista es un boludo
que
provoca en las minas resistencia
y es
difícil medir la consecuencia
de
hacer cumplir las leyes del embudo?
Tu
chamuyo despótico y sesudo
no
contempla que crea una carencia
al
negarle a una naifa inteligencia
si
piensa, bajo el cuero cabelludo.
Terminala con esa intransigencia
porque tus argumentos son al ñudo
y ya
pudre vivir en la obsecuencia.
Te
bato con un tono más que crudo
ya
que estamos en tren de confidencia
que
además de machista, sos cornudo.
Hoy, cada
vez más mujeres saben que las asisten determinados derechos.
Son las
que asumen la voz y mandan a más de uno a cantarle a Gardel.
En pos de
la conquista de la real independencia femenina y en contraposición
con aquellas muchachas, no emancipadas, que salían a cantar las
letras que les escribían los varones para hacer valer su condición
de dueños, como en “Mi papito”, de Martón y Fontaina:
Mirá
José, no seas otario
no
andés con vueltas y fajala
que a
la mujer que sale mala
pa’
hacerla andar derecha
la
biaba es lo mejor.
UN POCO DE
SOCIOLOGÍA TRAS LA DAMA DEL “FORD”
En
“Muñeca brava”, como el punto no puede tolerar el triunfo de la
mina -aunque este vaya a ser pasajero-, la desvaloriza desde el
vamos, con ese “Che madam”, además de tildar de giles a todos los
que la festejan. A todos, menos él, por supuesto.
Aún no
repuestas advertimos que la cosa se viene agravando con una
milonga como para “armar milonga”, precisamente:
Que
hacés, tres veces qué hacés,
señora
Ramos Lavalle,
que
cuando lucís tu talle,
con ese
coso del brazo,
no te
rompo de un tortazo
por no
pegarte en la calle
Desde la
orquesta de Juan D’arienzo, alguien a quien la bondad no le
impedía despacharse en improperios, involucrando a toda la familia
se quejaba:
Por ser
bueno
me
dejaste a la miseria
me
dejaste en la palmera
me
afanaste hasta el color
¡Chorra!
Vos, tu
vieja y tu papá.
Y
añade:
Lo que
más bronca me da
es
haber sido tan gil...
Y por
supuesto, haber perdido la platita, fato que sólo a nosotras nos
afecta.
En esa
época, en que los dictámenes eran escuchar a los hombres, asentir,
no polemizar nunca con ellos y ser más discretas que
mucamo japonés
-como
garantía para ser aceptada y eventualmente amada-, las mujeres
debían agradecer a la suerte la posibilidad de empilchar, viajar o
simplemente morfar! Pero como siempre, pagando caro, muchas
supieron hacerse un lugarcito aunque tuvieran que parapetarse tras
un seudónimo masculino como María Luisa Carnelli que firmaba Luis
Mario o Mario Castro, cuando sabiamente aconsejaba:
Se va
la vida, se va y no vuelve
escuchá
este consejo
Si un
bacán te promete acomodar
entrá
derecho viejo.
Siempre
el valor de la platita
En 1924, en
“La Mina del Ford”, de Pascual Contursi y Enrique Maroni (versión
de Antonio Scatasso y Fidel del Negro), presenta un recitado
inicial, muy significativo, que dice:
Por
eso, la mina aburrida
de
aguantar la vida que le di,
cachó
el baúl una noche
y se
fue cantando así:
Yo
quiero un cotorro que tenga balcones,
cortinas muy largas de seda crepé.
Parece
enfatizar que las minas siempre somos más proclives a amar la
platita que los gaviones.
Sin
embargo, el recitado evidencia un reconocimiento de que la mina,
cuando se pianta, es porque en realidad ya no tiene nada que
perder. Eso sí, sólo podía guiarla la ambición.
No hay un
solo autor que haya dicho de una mujer se fue porque había perdido
completamente su autoestima y necesitaba volver a creer que era un
ser humano útil y valioso.
En el
primer tercio del siglo pasado hay infinidad de letras llenas de
añoranza por la felicidad gozada al lado de una mujer, pero casi
no hay letras que inciten al hombre a valorarla cuando la tiene.
Se diría que la única forma de apuntalar al hombre era
desvalorizar a la mujer.
MÁS DE LO
MISMO
Curiosamente, las letras de tango, más que una pobre imagen
femenina, daban una pobre imagen masculina. Esa fue mi gran
sorpresa, porque al comenzar esta investigación, estaba convencida
de que el tango siempre nos había tratado muy mal a las mujeres.
Era un prejuicio, una equivocación.
En 1928
el dramatismo se torna sarcasmo en la agudeza de Enrique Santos
Discépolo cuando este nos dice, en 1928, en “Esta noche me
emborracho”:
Sola,
fané y descangayada,
la vi
esta madrugada
salir
del cabaret.
Que me
tuvo de rodillas,
sin
moral,
hecho
un mendigo
cuando
se fue.
¡Mire,
si no es pa’ suicidarse,
que por
ese cachivache,
sea lo
que soy!
Aparece
la compasión por la mina que se lanzó a la perdición. Como el
hombre se autocuestiona, hasta se haría difícil dejar de reconocer
cuántas culpas hubo en ella, si no fuera por la dureza con que el
fulano le dice que parece un gallo desplumao el susodicho
cachivache.
Si la
juzgaba con la misma dureza cuando la tenía con él, no es difícil
imaginar por qué lo plantó.
Nacen
algunos tangos que incorporan a otros personajes femeninos y que
despiertan también la compasión de los gaviones, pero por
diferentes y contradictorias razones.
De ahí
resulta un personaje digno de lástima la que “Nunca tuvo novio”,
aquella “pobre solterona” que “sola te has quedado, sin ilusión,
sin fe…
¿Por
qué el amor no fue
a su
rincón de humilde muchachita
a
reanimar las flores de sus años?
Nunca
tuvo novio, pobrecita...
Otra
desdichada fue “a pobre mazorquera de Monserrat”, muerta al cuete
por su celoso enamorado:
Cuida
la vida del que te quiera
porque
cien dagas lo buscarán
por tus
amores de Mazorquera
en la
parroquia de Monserrat.
Otro caso
es la novia en “Padrino Pelao”, de quien comentan:
¿Ha visto,
señora, qué poca vergüenza, vestirse de blanco después que ha
pecao?
Existe
una amasijada heroína:
Dicen
que dicen”, vecino,
que era
toda ternura la que murió,
que fue
el orgullo de un mozo taura,
de
fondo bueno, como era yo…
Pero como
era bueno, demasiado en el fondo, no tuvo más remedio que
retorcerle el cogote a la mina, después de buscarla por cielo y
tierra.
OTRAS
DESVENTURAS… MASCULINAS
Tema
interesante es el que desarrolla Armando Taggini en “Mano cruel”:
Eras la piba mimada de la calle Pepirí,
la calle
nunca olvidada donde yo te conocí.
Es la
historia del amor ideal, intocado, del que los mozos a menudo se
alejaban porque antes de asumir algún compromiso tenían que vivir.
El asunto
se repite en “Misa de once”:
Entonces tú
tenías dieciocho primaveras,
yo veinte y
el tesoro preciado de cantar.
Y como él
tenía que salir a rodar por el mundo, en su afán de glorias y
besos, al menos tuvo la generosidad de no pedirle que lo esperara.
Así, en
“Musica de calesita”, José Gonzalez Castillo escribe:
Ayer he
pasado por la calle aquella
donde
un día hicimos un nido de amor.
Antes
que en tu noche brillara otra estrella
y
brotaran alas en tu corazón...
Bellísima
manera de reconocer y aceptar que ella conoció el amor
después....
El gavión
empieza a darse cuenta que “el que fue a Sevilla perdió su silla”.
En
determinado momento, ellas empiezan a hacer oír su voz
Surge la
crítica directa de la mina hacia el punto, poco amigo del laburo.
En 1928
aparece “Haragán”, de Manuel Romero con José Bayón Herrera y
música de Enrique Delfino:
La
pucha que sos reo y enemigo de yugarla,
la
esquena se te frunce si tenés que laburarla
al
campo a cachar giles, que el amor no da pa’ tanto.
En “El
que atrasó el Reloj”, de Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri,
surge esta exhortación:
Che
Pepino... levantate e’ la catrera
que se
ha roto la tijera
de
cortar el bacalao.
¿Quién
te has creido?
Que
dormís pa’que yo cinche…
andá a
buscar otro guinche
si
tenés sueño pesao.
¡Guarda! que te cacha el porvenir
¡Ojo!
Que hoy anda el vento a la rastra...
y el
que tiene guita, lastra
y el
que no, se hace fakir...
¿Querés
que te deschave
y diga
quién sos vos?
¡Vos
sos, che vagoneta,
“el que
atrasó el reló!
En
“Hambre”, de Cádicamo y Cobián, la cosa no es menos seria:
Andá a
hacerle el cuento a otra, que conmigo has terminado.
Que te
crees? Que porque aguanto, estoy en liquidación?
Voy a
darte vacaciones por tiempo indeterminado,
pa que
otra vez no confundas gordura con hinchazón.
Ya me
tenes requete harta con tanto grupo en almibar.
Nos
gusta el grupo en almíbar pero después nos empalaga
Me has
hecho bajar seis kilos de un solo saque ¡traidor!
Vos me
hacés ver la comida con catalejo'e marina,
y
después andas diciendo que estoy flaca por amor.
LIBERACIÓN
DEL HOMBRE, AUNQUE NO TANTA…
Claro,
las minas de “Haragán” o “Hambre” no son las mismas que deschava
Discépolo, cuando en 1929 dice en “Victoria”:
¡Victoria!
¡Saraca,
victoria!
Pianté
de la noria, se fue mi mujer
Si me
parace mentira, después de seis años volver a vivir.
Volver
a ver mis amigos, vivir con mama otra vez.
¡Victora,
cantemos victoria,
estoy
en la gloria, se fue mi mujer!
Me da
tristeza el panete, chicato inocente que se la llevó.
¡Cuando
desate el paquete y manye que se ensartó!
En la letra de Marvil (Elizardo Martinez Vila), con música de
Vidal, del 42, Cipriano se ensarta solito:
Asi con
esta cara... yo soy Cipriano,
el rey
de la elegancia y del buen humor.
A mi no
me engañaron.
Creeme
hermano,
yo fui
al civil solito... y por amor.
Y ella
me lo decia: "Mira querido,
que
tengo mi carácter, que soy asi...
No
importa. Sólo quiero ser tu marido.
¿Por
qué no me hice humo cuando la vi?
También
es otra la realidad que nos muestra Celedonio Flores cuando entre
los años 1940-42, escribe “Cuando me entrés a fallar”, con música
de José María Aguilar:
He
rodao como bolita de purrete arrabalero
y estoy
fulero y cachuzo por los golpes ¿qué querés?
Te
conocí cuando entraba a fallarme la carpeta,
me
ganaste con bondades poco a poco el corazón.
El
hombre es como el caballo: cuando ha llegado a la meta
afloja
el tren de carrera y se hace manso y sobón.
Vos sos
buena, no me cabe ni un reproche
y sos
para mí una amiga, desinteresada y leal;
una
estrella en lo triste de mis noches,
una
máscara de risa, en mi pobre carnaval.
Y entré
a quererte, por una ley del destino,
sin
darme cuenta que estaba ya viejo para querer...
Viejo... porque tengo miedo que me sobres en malicia;
Viejo... porque desconfío que me querés amurar.
Porque
me estoy dando cuenta que fue mi vida ficticia
y
porque tengo otro modo de ver y filosofar.
Sin
embargo, todavía si se me cuadra y apuran,
puedo
mostrarle a cualquiera que se hacerme respetar.
Menos mal
que se había hecho manso y sobón…
Pero
amenaza:
Te
quiero como a mi madre,
pero
me sobra bravura
pa'
hacerte saltar pa' arriba
cuando
me entres a fallar.
Por lo
visto en jovato no estaba muy dispuesto al diálogo, que se diga!
En la
cultura argentina, el prestigio e influencia ejercido por Francia
fue notorio desde la época de la independencia.
CAMBIOS DE
SENSIBILIDAD
El tango
triunfa en lugares frecuentados por la aristocracia parisina,
amante de todo lo sofisticado y rebuscado, razón por la cual queda
fuera de la órbita popular y, cuando es reflotado al Río de la
Plata, llega afrancesado, supuestamente con alguna influencia del
baile de los apaches, todo lo cual justificaría aquella letra que
nos dice:
Te cambiaron
la pinta allá en Europa
y en París
te llamaron “le tangó”.
De todos
modos, salta como conclusión que gracias a la danza indecente y
maldita, bailada al amparo de la protección prostibularia, Europa
va a tomar conciencia de la existencia de los países del Plata.
El tiempo
depara una evolución al cabaret y, junto con el cabaret, llegan de
París nombres franceses que proliferarán en los tangos.
Aparecen
las Manón. Lulú, Ivette y muchos más.
En “Claudinette”,
de Julián Centeya y Enrique Pedro Delfino, se recrea este clima:
Medianoche parisina en aquel café concert,
como
envuelta en la neblina
de una
lluvia gris y fina
te vi
desaparecer...
“Griseta”
de José Gonzalez Castillo y Enrique Delfino, brinda esta escena:
Mezcla
rara de Mussetta y de Mimí,
era la
flor de París
y al
arrullo funeral de un bandoneón
pobrecita se durmió, lo mismo que Mimí,
lo
mismo que Manón.
En “La que
murió en París”, de Héctor Pedro Blomberg y Enrique Maciel, se
recuerda:
Siempre
te están esperando allá en el barrio feliz,
pero
siempre está nevando sobre tu sueño en París.
Muchacha, como tosías aquel invierno al llegar
como un
tango te morías en el frío bulevar.
VERSIÓN DE
MARTINA INIGUEZ SOBRE “MADAME IVONNE”
En 1933 aparece “Madame Ivonne”. A propósito oigan este fruto
lunfardo:
En
principio está muy claro
que
la mina era francesa
y
yiraba su belleza,
cotizándola muy caro.
Enganchó un bacán preclaro
rondando el Barrio Latino.
El
punto era un argentino
que
a Buenos Aires la trajo,
después, esgunfio del Bajo
se
rajó de su destino.
Lo
que sigue es un balurdo
aún
sin desentrañar
que
por rima, por azar,
tiene un desenlace burdo.
No
sé si burdo o absurdo
y de
ribetes extraños.
Se
piantan sin más diez años,
la
minusa ya es Madam,
bebe
triste su champán
y
todo se fue a los caños.
Yo
me pregunto: ¿por qué?
Si
diez años no son nada,
no
puede estar acabada
y
escabiar champán frapé.
Luce
un empilche chipé
porque ya no es más mistonga.
Y la
sigue con la conga
que
abrazara de pebeta,
cuando tiró la chancleta
y se
dio a vivir de ronga.
De
ahí a que no queda nada
hay
como de aquí a París.
¿Por
qué no darle un mentís
a
una historia tan trillada?
Pienso que fue una chingada
y no
me digan que miento.
Porque la naifa del cuento
fifa,
escabia y tiene guita.
¿Esa
tristeza contrita,
no
será sólo un invento?
Después
de tanta francesa en 1945 llega “María”, de Cátulo Castillo y
Aníbal Troilo.
Troilo le
pide una letra a Cátulo Castillo nada más que para que hubiera un
tango llamado “María”. Le sorprendía que existiendo uno llamado “Claudinette”,
no hubiera uno con el más común de los nombres de mujer, el que a
él más le agradaba.
Llegamos
a José María Contursi. Su “lei motiv” argumental fue esencialmente
el gran tema rioplatense del amor no consumado.
Un hombre
que se autocuestiona y llora su “remordimiento de saber que por mi
culpa nunca, nunca te veré.”
LA EVOLUCIÓN
TEMÁTICA
En 1942
aparece “Gricel”:
Qué
ganas de llorar en esta tarde gris...
En su
repiquetear la lluvia habla de ti.
No supe
comprender tu desesperación
y
alegre me alejé en alas de otro amor.
Qué
solo y triste me encontré
cuando
me vi tan lejos
y mi
engaño comprobé.
Sin
embargo, hizo falta que corriera mucha agua bajo el puente para
que este gavión se decidiera a pertenecer por siempre a su amada
Gricel.
Muchos
otros autores dieron romanticismo a sus letras con la ayuda de la
lluvia, que en el tango, está íntimamente ligada a la añoranza y a
la tristeza, tal vez porque las lágrimas se le parecen.
En
“María” se dice:
Eras
como la calle de la melancolía,
que
llovía, llovía sobre mi corazón.
En “Rubí”:
Ven, no
te vayas ¿Qué apuro de ir saliendo?
Aquí el
ambiente es tibio
y
afuera está lloviendo.
En “Por
la vuelta”:
El
mismo amor, la misma lluvia
el
mismo loco, loco afán
Afuera
es noche y llueve tanto
Ven a
mi lado me dijiste…
En “El
último café”:
Y
entonces comprendí mi soledad sin para qué
Llovía
y te ofrecí el último café
En
“Garúa”:
Garúa,
tristeza,
Hasta
el cielo se ha puesto a llorar.
Bien.
Podríamos decir ahora que:
Es
cuestión de ponerle al mal tiempo buena cara.
Fue
la lluvia, parado en la ventana
el
punto alucinaba un abordaje,
soñando que mordiera la manzana
una
exponente papa del minaje.
Fichando desde enfrente, triste y sola,
ansiaba ser la flor de su solapa,
pero
él, ni por error me daba bola,
-yo
no era ya pebeta ni era papa-.
Estaba la ocasión allí, cercana,
pensaba en los consejos de mi vieja...
El
cuore le arrimó tanta macana
al
tubo receptivo de mi oreja
que
salí a caminar...El aguacero
deschavaba mis carnes paso a paso
pegándome el empilche contra el cuero
mojado, mientras yo...pitaba un faso.
“¡Oiga moza, convide, se lo bate
quien por fumarse un pucho está que arde!”
-“¡Cómo no, siempre y cuando con un mate
usté
me enllene de calor la tarde!”
Los
últimos prejuicios: ¡A la lona!
...Faso va, mate viene, trueno afuera,
chamuyo...tras cartón me vio pintona
y me
hizo un lugarcito en su catrera.
¡Una
semana más duró el mal tiempo
pero
él ni se acordó de la ventana!
Y
embalado alternó su pasatiempo
con
yugo, choripán y damajuana...
Tuvimos una nena y dos varones,
de
travesuras el bulín rebosa.
¡Tenía razón mi vieja, los varones
cuando llueve se morfan cualquier cosa!
LA
TRANSFORMACIÓN DE LAS PAREJAS Y EL TANGO
Y habría
que agregar ahora que, si bien la violencia contra la mujer sigue
siendo ejercida en todos los estratos de la sociedad, ello ya no
ocurre en el tango.
El
tanguero se convirtió en un hombre sensible y comprensivo, se
diría que el tanguero evolucionó más que el hombre.
Ya vieron
Uds. que, corriendo la mitad del siglo, las cosas empezaron a
cambiar, los autores comenzaron a utilizar un lenguaje
absolutamente poético al referirse al amor perdido. No hay
reproches, simplemente una aceptación de los hechos, de las
diferentes situaciones.
Como
contrapartida de los melancólicos, aparecen los que celebran al
amor. Es el caso de “El milagro”, de Homero Expósito, conocido en
1946:
Nos
habían suicidado los errores del pasado, corazón
Y
anduvimos sin auroras, suicidados, pero ahora
por
milagro regresó
¡Presentir y dudar...para qué!
Si es amor,
corazón, y regresa, hay que darse al amor como ayer.
El siglo
transcurría, el porteño seguía rindiendo culto a la amistad y
mantenía su devoción por el tango y su preocupación por el levante
de las minas, a pesar de que casi todos tenían claro que había dos
clases de mujeres: las que no se casaban y las que se casaban
siempre, aunque no fueran sensacionales, ni hermosas, ni nada.
Es que en
esa época no había maridos de segunda, cualquier marido era bueno
porque la soltería significaba convertirse en una criada de la
familia o, hacerse monja...
Hay que
tener en cuenta que estas mujeres que hemos estado describiendo
vivieron hace no mucho tiempo. Sin embargo, las modalidades de su
existencia, sus tareas domésticas, las formas de sus ceremonias
amatorias, su lenguaje, su indumentaria, sus diversiones
parecieran ser remotas.
Algunas
fueron sacando su propia “Moraleja”:
Mi
madre es un ejemplo de recato,
de
honradez, de cordura. Su compleja
visión del bien y el mal sutil coteja
lo
frívolo, lo turbio y lo sensato.
Me
induce a proceder sin arrebato
-que
la frivolidad es muy diableja-
alucina con tanta candileja
y
claudica en algún placer barato. |