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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

Coordinación Policíaca  Fronteriza

   El tema de la seguridad pública en el área fronteriza preocupa hondamente a nuestras comunidades, golpeadas, una y otra vez,  por la delincuencia común.

   Mecanismos como los de implementación de Guardias Rurales aparecen como una de las formas para reducir el robo de ganados en los campos. La faena de reses sustraídas promueve la colocación clandestina de la carne, lo que siendo una cuestión de policía es un aspecto del contralor comercial y sanitario, con  acento principal en otras dependencias.

   La coordinación entre los servicios públicos debe atender las áreas tangenciales, que hacen que la responsabilidad de uno sea también de la incumbencia del otro. Si esto no se logra, estaremos empantanados, no podremos progresar y las mejores palabras las arrastrará el viento.

   ¿Qué pasa con la seguridad ciudadana?

   Los servicios tienen insuficiencias, pero las unidades están operativas y procuran dar respuestas.

   Son alentadores los contactos fronterizos. Debemos, empero, saber que  ellos de por sí no pueden resolver  ciertas cuestiones de base.

   Si a la Seccional 5ta., de la Policía del Chuy (Uruguay), le falta combustible para movilizar a unidades de su fuerza, ahí tenemos un inconveniente.

   Si la Brigada Militar de Barra do Chuí (Brasil) deja de funcionar como tal porque no tiene personal suficiente, esto no puede arreglarse más que de una forma: reponiendo al personal necesario para establecer la operatividad perdida en el puesto del lugar.

   Para subsanar estas deficiencias los gobiernos y las autoridades locales deben actuar. De ellos es la responsabilidad.

   No vale decir  que la competencia es de otro porque no tengan atribuida una facultad expresa sobre el servicio que tiene carencias.    

   La política, la buena política, la política que la gente desea, es la del hombre de gobierno y, si se quiere de partido, que mira hacia su comunidad y la defiende, promoviendo sus intereses generales, accionando los resortes del poder, sea el asunto que plantee de su municipio, del estado, de una región o de esa porción -pequeña y viva- como es una comunidad.

   La otra parte corresponde que la realicen los propios interesados, del modo que esté a su alcance.

   La sociedad civil no puede esperar a que sea convocada. Debe manifestar sus inquietudes ¡qué vaya si las tiene! en esto de la seguridad pública.

   En democracia no existen puertas cerradas (no deberían existir) y caben los encuentros, entrevistas, el diálogo, el establecimiento de puentes de comunicación, la cooperación. También el disenso, para sostener otras opiniones sobre las prevalentes. A nadie le está impedido, si quiere, ejercer una crítica respetuosa.

   Si se forma opinión sobre dificultades puntuales, trabajando entre todos, puede obtenerse una solución más rápida.

   Lo importante es que los servicios funcionen y protejan personas y bienes contra la acción perturbadora de los delincuentes.

   Cuando hablamos de la imprescindible coordinación de nuestras policías fronterizas es para poner un escudo que brinde garantías ciertas a los derechos fundamentales de los vecindarios.

   Naturalmente, nuestras policías, para trabajar con armonía, deben estar preparadas. ¿Cómo se podrían vigilar los movimientos diurnos y nocturnos de los malvivientes si unos no pueden poner en marcha sus vehículos y otros llegan a un mínimo insustentable de individuos para atender un puesto y recorrer las calles?

   Teóricamente se ha  compartido la necesidad de poner filtros en puntos sensibles de esta frontera. El débito aún está en la práctica. Y, mal que nos pesa, seguimos careciendo de un enlace binacional efectivo. Ese que permita decir, por ejemplo, “fue aprehendida la gavilla que operaba en tal lado, decretando la justicia actuante la remisión a la cárcel de fulano, zutano y perengano”.

Walter Celina - 15 de julio de 2003  waltercelina@hotmail.com


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