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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EL CARNAVAL

DIVERSIÓN Y ESPECTÁCULO

AQUEL BAILE PORTUGUÉS

   Con el paso del tiempo el carnaval se fue transformando en un espectáculo, sin dejar de constituir una diversión a la que se dan cita gentes de todas las generaciones. Sin duda, jóvenes y adultos medios son quienes le dan esa fuerza extraña, que lo fortalece y renueva.

   Desde luego, difiere sustancialmente de sus formas originarias y de las primitivas. Ha pasado a ser un espectáculo de masas y, también, una fiesta de multitudes.

   El brillante carnaval de Río, o el peculiarísimo de Salvador, en Bahía, así como los de otras regiones de Brasil, desatan un verdadero delirio popular.

   Por su parte, el carnaval en Uruguay despierta entusiasmos importantes. Su transformación incesante lo hace un espectáculo esperado y disfrutable por el pueblo.

   Recordemos algunas cosas de uno y otro.

   El antiguo estrudo portugués dio inicio en Brasil a los festejos. Se trataba de celebraciones familiares que alineaban a gentes de los mismos oficios en bailes callejeros. En dichos eventos se cruzaba la serpentina -mensajera privilegiada de miradas y deseos-, sin que faltaran los confetis, es decir, el papel picado o papelitos. Pero era mucho más lo que la colonia reservaba, porque entonces no faltaba el agua, ni la harina, dos ingredientes fenomenales para una guerrilla carnavalera…

TAMBIÉN PINTURA

   En Uruguay los excesos por el uso del agua y otros líquidos determinó, en 1873, la aparición de un edicto policial cargado de prohibiciones.

   Por fin, en 1888, un suspiro de alivio exhalaba la “Tribuna Popular”, de Montevideo, cuando consideró que del carnaval bárbaro se evolucionaba  hacia lo que denominó un “carnaval plástico”. Pareció al comentarista que quedarían atrás “el bestial huevazo”, “la bomba”, “el tarro de pintura” y “hasta el pomo de a litro” importado de Inglaterra.

   Cabe recordar que, mucho antes de que sobreviniera el “disciplinamiento” de esta fiesta, las letras de las comparsas estaban lejos de ser asépticas. Supieron satirizar, por ejemplo, los regímenes despóticos de Latorre y Santos, lo que no era cosa sencilla.

MÚSICA Y BAILES NEGROS, COMPARTIDOS

   La fiesta de las “Llamadas” constituye un hermoso espectáculo, propio de la cultura negra oriental -o uruguaya-, compartido por vastos sectores populares, sin distinción racial, ni de estratos sociales.

   Veamos algunos de sus elementos claves.

   La “llamada” es una convocatoria de los tamboriles para una celebración.

   El “candombe” es un ritmo y danza de origen africano. Sólo cristalizó en Uruguay. Se hace con tres tambores.

   La “comparsa” son los ejecutantes.

   Los tambores son: “chico”, el menor. Registro agudo. Lonja fina de 22 cms. de diámetro; “repique”, para improvisar los ritmos. Lonja de 30 cms. de diámetro y, “piano”, el mayor de estos instrumentos, con lonja de  40 cms. en su diámetro.     

   Su simbología es significativa. El “portabandera” lleva el pabellón de la nación que representa la agrupación. Las “medias lunas y estrellas” son tomadas por bailarines que iluminan el camino con sus enseñas cenitales. La “mama vieja” rescata la vida y la felicidad. Aleja la acechanza de la muerte. Se caracteriza por el uso de sombrilla y abanico. Realiza un baile lento y sensual, que desafía al gran personaje del “gramillero”. Este es un brujo, con galera, que en su maletín tiene hierbas para todos los males. Danza eléctricamente en torno a la “mama vieja”. Al ceremonial se suma el “escobillero” o “escobero”, quien con su bastón de malabarismos ahuyenta las enfermedades y la misma muerte.

   Los atuendos participan del código afro, al que la modernidad dio la presencia de esculturales “vedettes”. Unas, bailarinas que desde su piel se integran al toque tumultuoso de los tamboriles. Otras, profesionales, que sobre el adoquín, el asfalto y los escenarios, dan a la danza negra su intransferible poder estético.

   Las llamadas, en Uruguay, forman parte del pentagrama cultural sudamericano,  cuyo fuego se aviva por estos días en nuestros países.

   La diversión corresponde a las raíces más íntimas, a nosotros mismos. El espectáculo, a la calidad externa de cada forma.

Walter Celina - 09 de febrero de 2004  waltercelina@hotmail.com


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