Chuynet

 

COLUMNA DE INFORMACIONES Y COMENTARIOS

IMPRIMIR

 
Envía tu comentario
Si desea enviar un comentario referente a esta nota o a otra, favor clic en Enviar
 
 

Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

CARNAVAL, RITO DE LA ALEGRÍA POPULAR

   Es posible que las raíces más hondas del carnaval -una festividad popular por excelencia- deban buscarse en las antiguas religiones paganas.

   En los cultos idolátricos los dioses asumían formas humanas; morían y resucitaban cada año, en el reverdecer de la naturaleza y en la alegría colectiva de la cosecha de frutos.

   Rituales egipcios, anteriores a la cultura de la que somos tributarios, exhiben las celebraciones de Apis e Isis, en el 1.200 antes de la era actual.

   En el Asia Menor, Cibeles -madre de los dioses que se alojaban en el Olimpo- se veneraba como representante de la naturaleza y la fertilidad. En su rito, sacerdotes eunucos conducían a los fieles en medio de un frenesí de sonidos de flautas, tambores y címbalos, de gritos, contorsiones y contacto de los cuerpos.      

   Dioniso y Baco constituyen en la cultura grecolatina dos expresiones de una misma cosa: es la alegría que llega y, que por efecto de la vid, desborda transformada en vino.

   En las distintas latitudes los pueblos fueron construyendo sus formas recreativas, siendo el carnaval la gran válvula que precede al rito cristiano denominado “cuaresma”.

   Las carnestolendas -o días de carnaval- anteceden al denominado “miércoles de ceniza”, que marca el inicio de los 40 días de  ayuno y penitencia, preparatorio de la pascua.

   Es en la Edad Media que la fiesta del carnaval cobra impulso, casi contraponiéndose a la idea del ayuno y la abstinencia. Aunque no necesariamente, ya que el “castigo del cuerpo” podía llegar después de los disfrutes con reminiscencias paganas.

   Así fue que las calles conocieron los desfiles de carrozas y las comparsas, la recreación de las máscaras, los bailes de disfraces y los grandes banquetes de celebración. Luego habrán de escalonarse los esplendores artísticos del carnaval veneciano, los bailes de máscaras en la Ópera de París, los sonoros desfiles de Nueva Orleáns y eventos similares en otras partes del globo.

   Pero el carnaval moderno tiene por centro neurálgico a Brasil, con la multifacética paleta de colores de su cultura. Río de Janeiro y Bahía, por estos días, son inigualables. Ha culminado una trabajosa preparación. Es tiempo de estremecimiento y de algarabía. De cantos, músicas, danzas y vestuarios propios de una literatura fantástica.

   No en vano Jorge Amado ha escrito el bellísimo poema en prosa que tituló “Bahía de todos los santos” (sobre el que nos detendremos oportunamente).

   Con distintas notas, con un muy notable entusiasmo y, si se quiere, con similar devoción, hay repiques de tambores y batucadas en la frontera brasileño-uruguaya, desde Santa Vitória do Palmar al Chuí-Chuy. No falta el derroche de imaginación en las murgas y en las agrupaciones de tamboriles que estallan en el Uruguay.

   El litoral uruguayo-argentino se viste de gala con los brillos del carnaval de Gualeguaychú, porque hay un canto que mece la tierra.

   En los míticos Barrios Sur y Palermo, en Montevideo, los negros de los cuadros de Pedro Figari están asomados a sus callecitas para la fiesta tradicional del candombe.

   Continuaremos en esta ventana del tiempo, sin olvidar que todas las generaciones están convocadas para el disfrute compartido, codo a codo, en la algazara popular.   

Walter Celina - 09 de febrero de 2004  waltercelina@hotmail.com


www.chuynet.com© 2000 - 2004