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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LAS FALTAS DEL MINISTRO BORDABERRY

   Las discriminaciones son odiosas. A veces pretenden ser sutiles pero, muchas veces, son groseras.

   Hay gobernantes que no pueden pensar al país en términos globales. No porque carezcan de sagacidad sino porque las limitaciones que les imponen los intereses que defienden resultan, muy a menudo, en esas otras limitaciones,  que van exhibiendo mientras actúan.

   ¿Cómo se podría evaluar la gestión del Ministro de Turismo, Sr. Pedro Bordaberry, que nunca llegó a la frontera uruguayo-brasileña para examinar los asuntos que hacen a la competencia de su cartera?

   Los operadores comerciales y turísticos de esta zona no hubieran deseado tanto conocerle la cara sino, más bien, haber sido enterados  en qué podían consistir sus planes y, especial, si poseía algún programa concreto, para estimular el flujo de visitantes para estas áreas.

   La gestión de un secretario de estado no surge de la cantidad de veces en que sea puesto bajo los reflectores de la televisión, como tampoco era signo de adhesión a la última dictadura que soportó el país tener que oir, todos los días y al unísono, desde receptores y pantallas, aquellas tétricas marchas.

   Sí, es muy cierto. Bordaberry no le ofreció nada a esta frontera. En su cabeza no existen nuestros operadores, ni serían necesarios.

   Cualquier sujeto puede ser llamado a un desempeño como el del Sr. Bordaberry, aunque no tenga especialidad. No es menos exacto que cualquier ministro, así llegado, podría paliar su ignorancia preguntando, asesorándose, entrevistando a las fuerzas vivas, ilustrándose, cambiando ideas y poniendo algunos proyectos en marcha.

   Sólo quedará registrado que un día se aproximó a La Coronilla para regalarle un puesto de información turística… ¡El que le sustrajo al Chuy, que es el verdadero punto de frontera, de conexión con Brasil y el último conglomerado urbano que los hermanos argentinos deben cruzar por territorio nacional para ingresar en el Estado de Río Grande del Sur!

   Pero, el Sr. Bordaberry no sabía este dato geográfico y, de un plumazo, dispuso su gran medida.

   El Ministro falta a los deberes de su cargo y, a esta altura, es de temer que nada cambie en su concepción.

  ¿Sólo la suya? ¿O también compartida con quienes aspiran desarrollar La Coronilla en función de inversiones en tierras y un hotel suntuoso, que no terminan por concretar?

   La Coronilla, como el Chuy, tienen derecho a desarrollarse de forma autónoma, que no obstaría a una integración armónica, si hubiera políticas turísticas y productivas, que hoy brillan por su ausencia.

   Excluyo la posibilidad de delito en la postura del Sr. Bordaberry, pero no la de omisión flagrante o ineptitud, con la que son calificados los funcionarios para ser quitados de la administración.

   El Ministro, no obstante, está predispuesto a hacer “buena letra” con el Presidente de la República, como copiando a aquellos malos escolares que, después de errar bastante en clase corrían con un ramito de flores a casa de la maestra, con la esperanza de mejorar la calificación.

   Véase en que reflexión está ensimismado Don Pedro Bordaberry cuando piensa en el Dr. Jorge Batlle:

   -“…una inteligencia superior. Es un tipo tan inteligente que a mí, a veces, me da bronca”.

   Ahora está más claro. Si no es por otra razón, deberá ser por esta que el Ministro no ha podido pensar más en la frontera atlántica.

   Y esta “bronca” -como Ud. dice, Sr. Ministro- ya no es la suya. Es la nuestra.

Walter Celina - 24 de noviembre de 2003  waltercelina@hotmail.com


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